Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Cuba, Castrismo, Anticastrismo

Castrofrenia de cierto anticastrismo

Ambos bandos del problema cubano exhiben ristras de tupidores y de este modo aflora otro problema: contra quienes enfilar la crítica desde el exilio

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Raúl Castro es un dictador y Guillermo Fariñas, un mitómano. El gobierno dictatorial es un desastre y la oposición pacífica, otro. Sobran buenos argumentos para sostener estas afirmaciones, pero la Asociación de Combatientes Verticales del Anticastrismo por Internet (ACOVAI) suele tacharlas de cantinfleo. No hay cacumen para discernir que la militancia política —castrista o anticastrista— no es criterio de la verdad ni de muchas otras cosas.

Anticastrismo frenético = Castrismo al revés

Ambos bandos del problema cubano exhiben ristras de tupidores y de este modo aflora otro problema: contra quienes enfilar la crítica desde el exilio. ACOVAI alega que esa crítica tiene que desfogarse solo en contra del gobierno, mientras que la oposición merece nada más que elogios. Así rinden a cada lidercillo opositor la misma pleitesía que el gobierno rinde a Fidel Castro: sustraerlo de la crítica.

No sólo por esto el anticastrismo corriente por Internet es castrismo vuelto al revés como vulgar calcetín politiquero. Ante los exiliados criticones de la oposición, ACOVAI esgrime con frenesí que no tienen moral para ejercer el criterio, desde cómodas posiciones en Estados Unidos, contra quienes derrochan heroísmo frente a los aparatos represivos en Cuba. Así mismito lo espetó Fidel Castro al exiliado Celestino Rodríguez, Tesorero del Club Patriótico del 26 de Julio en Bridgeport (Connecticut), en carta que remitió desde México el 12 de febrero de 1956 por el berrinche con la baja recaudación de aquel club para la expedición armada del Granma.

ACOVAI se empina también frenéticamente sobre la gastada maña castrista de conmigo o sin-migo. Tilda de agentes de Castro a los exiliados criticones de la oposición, aunque ni siquiera hay que ser exiliado para darse cuenta de cosas que se caen de la mata. Hasta un esquimal advertiría que intentan venderle una nevera si le dicen que Fariñas no es mentiroso, Todos Marchamos no es un fracaso, Rosa María Payá es una refugiada política (1), Oscar Elías Biscet tiene un proyecto para la libertad de Cuba…

Tampoco hay que ser agente de Castro para dar la razón al exiliado Esteban Fernández, veterano de la guerra a tiros contra Castro, en que ya agobian esos “personajes prefabricados dentro de Cuba —que van y vienen— que de lejos hasta el bobo de la yuca puede darse cuenta que no van a resolver nada”. Ni hay que ser agente castrista para darle igualmente la razón al exiliado Antonio Veciana, mastermind de cuatro atentados contra Castro, en que es un error de los cubanos creer “que los Estados Unidos les van a sacar las castañas del fuego”.

El anticastrismo corriente por Internet no hace más que, como diría Marx, lamentar de diversos modos el castrismo, aunque de lo que se trata es de superarlo. Y a esto no contribuye para nada la idolatría con opositores que recogen firmas inútiles, escriben carticas abiertas a Raúl Castro, montan huelgas de hambre para abandonarlas sin conseguir nada, redactan propuestas de leyes para presentarlas a quienes jamás harán caso, salen o intentan salir a marchar y coger golpes sin que nadie se sume, abogan por presos políticos que —en su mayoría— no lo son en ningún lugar del mundo, dan cifras y más cifras de víctimas de la represión sin ningún muerto en la calle ni heridos graves en traumatología, andan por casi todo el mundo echándole con el rayo al gobierno sin que nadie reaccione como Dios manda, llegan a dárselas de analistas de la administración Obama y hasta de salvadores de la patria sin haber soltado jamás una predicción ni una promesa que se cumpla...

También falta cacumen para discernir que criticar al castrismo desde el exilio ya es irrelevante —salvo por denuncia fundada y pertinente (2)— pues vamos para seis décadas con la misma matraca (3) sin que el gobierno haya prestado jamás oído a esas críticas y mucho menos cambiado por ellas. Desde luego que esto sucede porque el castrismo está en el poder y su mejor argumento son los cañones, pero la oposición, sin poder ni cañones, tampoco procede argumentativamente con las críticas en contra de lo que hace mal, sino que hasta se enfada, por ejemplo, con que se juzgue como locura su manía de presentar una y otra vez solicitudes fútiles de plebiscitos y leyes, a pesar de que —por definición tan certera que (erróneamente) se atribuye a Einstein— es cosa de locos repetir los mismos errores a la espera de resultados diferentes.

Marabú ideológico

El anticastrismo corriente por Internet viene ocultando algo tan sencillo como que superar el castrismo tiene que ser por las buenas o por las malas, pero…

La primera opción fracasó históricamente tanto en la línea dura —alzados e infiltrados, invasiones e incursiones, balazos y bombazos— como en la línea blanda del embargo, que al cabo de más de medio siglo arroja como único resultado tener en contra a casi todo el mundo en la ONU y a casi toda la gente en Cuba. La circunstancia misma de que el castrismo saliera vencedor a las malas determina que jamás aceptará salir perdiendo a las buenas. Solo cabe que se revire contra el gobierno muchísima gente en las calles o en las urnas. Lo demás es cuento.

La alternativa política anticastrista se reduce hoy a ganar espacio electoral o ir más o menos a las malas con revuelta popular, pero en las pasadas elecciones parciales ni siquiera tres, sino apenas dos tristes tigres opositores fueron nominados sin salir electos, mientras que ni las marchas domingueras ni ningún otro ademán opositor suman revoltosos. Nadie dice que el gobierno caerá si la oposición aprieta el paso en las elecciones, pero ya no queda otra opción que la clásica de jugársela al pegao con los votos o dar el pecho a las balas, como decía Grau, Divino Galimatías o Mesías de la Cubanidad.

Es improbable que al gobierno pudiera pasarle algo que lo borre de pronto: una luz cegadora con golpe de Estado, huelga general, revuelta popular, guerra relámpago de guerrillas o un Mariel a la inversa, como aquel previsto en Miami-Dade tras desmayarse Fidel Castro el 24 de junio de 2001.

La muerte del único experto cubiche en tumbar dictadura para luego mantenerla dejó un legado que no es solo ese gobierno afianzado en la dictadura de partido único, sino también esa oposición pacífica que no está afianzada en el pueblo. Y otra circunstancia histórica venía cuajando incluso antes de morir Castro en 2006: la desmovilización ciudadana. En intervalo de lucidez, el disidente Luis Orlando Pardo Lazo atinó a advertirla al morir otra vez Castro el año pasado: en su fuero interior, los cubanos “no están dispuestos a sumarse a ninguna otra causa social [y] están encantados de semejante desencanto. Ni en mil años ningún otro cubano nos podría volver a engatusar”.

Así mismo es. No podrán hacerlo Raúl Castro ni el sucesor designado Miguel Díaz-Canel, pero tampoco su “amigo de los Camilitos”: el inefable “Coco” Fariñas (4), ni José Daniel Ferrer con sus combatientes de la Sierra y el Llano, ni Rodiles marchando hacia un ideal, ni nadie más a la vista o fuera de ella.

Ninguna masa crítica se sumará a la causa social de la libertad y la democracia, que viene invocándose por la oposición pacífica desde que Ricardo Bofill y otros tuvieron la ocurrencia, hacia 1976, de colar denuncias al exterior por la fisura del régimen: los derechos humanos. Al cabo Bofill declararía —en entrevista publicada por La Jiribilla que los grupos pro derechos humanos en Cuba “políticamente no representan nada [y] en Miami, con más de un millón de exiliados, no somos más de veinte personas que trabajamos [por esos] derechos”.

Coda

Y mientas la rectificación del error acaso más trascendental del castrismo —despreciar la cercanía de USA como condición externa decisiva para el desarrollo de la nación cubana— se perfila cada vez más como tarea del propio gobierno del castrismo tardío que de la oposición anticastrista, ACOVAI sigue entreteniéndonos hasta con cositas del castrismo temprano como prodigar insultos a quienes no encajan en sus pautas (5).

Notas

(1) Al llegar a Miami, el 6 de junio de 2013, Rosa María Payá declaró: “Hemos llegado como refugiados políticos, pero estamos aquí con un carácter temporal”. Eso mismo decían los refugiados políticos del castrismo temprano, porque pensaban que a Castro le quedaba poco, pero la temporalidad estriba hoy en ir a Cuba cuándo venga en ganas y por ahora antes de vencer el plazo de dos años en el exterior para conservar así la(s) propiedad(es) allá. Rosa María Payá acaba de viajar a Cuba por tercera vez sin que fuera la vencida, a pesar de haber acusado al gobierno de asesinar a su padre y largar contra el Jefe de Estado y Gobierno tweets como éste: “Hoy @BarackObama saluda al actual dictador, probable asesino de mi padre y Harold [Cepero]; así respeta el representante d #EEUU al pueblo #cubano”.

(2) No tiene sentido, por ejemplo, epatar en Internet con que el gobierno falsificó el registro de electores, si esta crítica al castrismo vigente no se formula como denuncia por lo menos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos

(3) No obstante sus variaciones accidentales, la esencia de la crítica anti-castrista quedó bien fijada en el periódico exiliar El Avance Criollo, del Frente Revolucionario Democrático / Consejo Revolucionario Cubano, entre junio de 1960 y abril de 1961. Sus ediciones se atesoran en la Biblioteca Digital del Caribe (Universidad de Florida) y pueden consultarse aquí: http://dloc.com/UF00077417/00001/allvolumes

(4) En su primera visita a Miami, “El Coco” declaró a los heraldos anglo e hispano que Díaz-Canel había sido “compañero de clase en la escuela militar” (The Miami Herald, 28 de mayo de 2012), que según la autobiografía de “El Coco” no es otra que “la escuela militar Camilo Cienfuegos”. Sin embargo, Pablo Alfonso confirmó, en “Díaz-Canel no es un relevo histórico” (Martínoticias, 25 de febrero de 2013), que este último jamás estudió en ninguna escuela militar, sino en la Escuela Secundaria Básica en el Campo (ESBEC) Primero de Mayo (Yabú 1), el Instituto Preuniversitario en el Campo (IPUEC) Jesús Menéndez (Yabú 4) y la Universidad Central de Las Villas. Por cierto, “El Coco” se enfadó con Alfonso al ser entrevistado sobre su huelga de hambre rocambolesca del pasado año. Alguien de la dirección de Radio y TV Martí indicó a Alfonso que Fariñas era un invitado que merecía consideración y Alfonso repuso más o menos que, periodísticamente, Fariñas era un entrevistado como otro cualquiera.

(5) Sin haberse atrincherado aún en la Sierra Maestra, las tachas de Castro a los antibatistianos fuera de su grupo político iban ya desde “cucarachas”, en su carta del 12 de abril de 1954 a Melba Hernández, hasta “gusanera”, en su artículo “Frente a todos” (Bohemia, 8 de enero de 1956).


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