Actualizado: 20/09/2019 11:30
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Cartas al próximo presidente de EE UU

Cuesta Morúa: «Otra política hacia Cuba es esencial para destrabar los pretextos»

A solicitud de CUBAENCUENTRO.com.

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Sr. Presidente de Estados Unidos de América:

Estados Unidos está en un momento histórico bien significativo para sí, y para el resto del mundo. Estas elecciones han sido ejemplares en más de un sentido, porque han puesto a debate a toda la nación norteamericana desde los más diversos segmentos: desde la juventud, pasando por los segmentos más tradicionales que inciden en la sociedad norteamericana, hasta llegar a estamentos culturales y sociales que comúnmente se mantienen alejados de la política interna.

Se han implicado en el debate también temas básicos y fundamentales que conectan con la naturaleza viva y actual de su sociedad: la raza, las minorías, la ecología, la educación, la salud, la distribución del bienestar, la guerra y, por supuesto, la economía. Definitivamente, esto ha adquirido una dimensión específica, porque se trata de una época de globalización acelerada que revela las fallas estructurales del mundo —la crisis de los mercados financieros es algo más que una alerta—, al tiempo que revela las potencialidades de sociedades abiertas y creativas.

Si a ello agregamos la irreversible lucha por el autorreconocimiento de parte de individuos, Estados, regiones y culturas, estaríamos hablando de un mundo que se complejiza en medio de una proliferación de redes de comunicación e información que ponen a la vista tanto las oportunidades como los peligros. Este cuadro exige apertura mental, liderazgo efectivo, flexibilidad y ejercicio compartido de responsabilidades en la política regional y en los organismos internacionales, en el contexto de una necesaria democratización de nuestras sociedades.

La busca de una conexión entre la geopolítica, los intereses y necesidades de sociedades pobres y desconectadas, otorgándoles una relevancia a los organismos internacionales para dirimir disputas y establecer la cooperación necesaria, es un desafío importante que su gobierno puede afrontar con una nueva aproximación a los problemas específicos y globales.

La combinación de apertura mental, liderazgo efectivo, flexibilidad y ejercicio compartido de responsabilidades, parece que es una demanda tanto dentro la sociedad norteamericana como de la mayoría de los países del mundo. La atención mundial que estas elecciones han merecido, responden a algo más que al profundo debate cultural que se desarrolla en su país en el ámbito específico de la política. Tiene que ver con la demanda global de cambios en los estilos y enfoques políticos para encarar los viejos y nuevos problemas globales y globalizados que enfrenta el mundo.

La atención es particularmente visible en Cuba. Si Estados Unidos exige un cambio, Cuba no tendrá posibilidades de continuidad histórica sin un cambio. En el Partido Arco Progresista somos conscientes de que un Nuevo País, nombre del proyecto global que estamos articulando, es necesario, si es que Cuba puede continuar como país viable: lo que sólo lograremos con democracia.

Y, desde luego, consideramos que la reorientación de la política de Estados Unidos hacia nuestro país es esencial para destrabar la tupida red de pretextos que por casi 50 años el gobierno cubano ha venido tejiendo para justificar la inviabilidad de su proyecto político: un proyecto que no responde ni nunca respondió a las aspiraciones ni a la naturaleza cultural de la sociedad cubana.

Desde luego, Estados Unidos no comparte ninguna responsabilidad por la crisis estructural e histórica de Cuba; su única responsabilidad es la de proporcionar las coartadas que han servido para que el conflicto Estado-sociedad sea constantemente reemplazado por un conflicto entre Estados. En tal sentido, las tradicionales políticas norteamericanas han constituido el mejor estabilizador del gobierno cubano.

Cuba está en un momento de transición, culturalmente hablando, que adquirió más visibilidad con el traspaso de poder entre los hermanos Castro. El gobierno anterior de Estados Unidos no supo captar el momento y perseveró en el error de hacer exactamente lo que La Habana necesita para atraparnos en su agitado inmovilismo.

Impedir la incomunicación sistemática entre las familias a ambos lados del Estrecho de la Florida, obstaculizar el envío de remesas, limitar el intercambio cultural entre nuestras sociedades, insistir en una dura retórica, elevar a rango de política de Estado la apuesta por la desestabilización como costo necesario para alcanzar la libertad de los cubanos, diseñar modelos de transición democrática hacia la Isla profundizando los términos de la Guerra Fría, además del desencuentro histórico incremental entre nuestros dos países, es exactamente el tipo de políticas que mejor se conecta con las necesidades estratégicas del gobierno cubano, en un momento en el que nuestra sociedad está demandando de mil maneras un cambio también estratégico.

Lo que su gobierno podría hacer por la democracia en Cuba es romper, precisamente, con ese esquema que no ha traído dividendos ni beneficios para Cuba y los cubanos. Es curioso que, en la medida en que el debate dentro de Estados Unidos por un cambio de política hacia Cuba se profundiza y alcanza los más altos niveles del Estado norteamericano, se apagan las ofertas de diálogo que el recién electo presidente de Cuba, Raúl Castro, venía haciendo insistentemente a George W. Bush.

¿Le conviene un cambio de política por parte de Estados Unidos al gobierno cubano?

Al Partido Arco Progresista le parece que sí, pero también que no es de su interés, porque un giro norteamericano es ciertamente desestabilizador para las autoridades de Cuba, más o menos capacitadas para administrar la crisis, pero sin la clase de liderazgo que requiere el país en estos momentos. Pero a los ciudadanos cubanos y al Partido Arco Progresista les conviene y les interesa, todo al mismo tiempo, un cambio dramático en la política norteamericana hacia Cuba.

Entre otras razones, para romper el ciclo de dependencias precarias a los intereses geoestratégicos de actores irresponsables, como el gobierno de Chávez en Venezuela; de actores que nos revisitan para satisfacer sus propias necesidades de compensación geopolítica, como Rusia, y de quienes sólo han podido reproducir con Cuba una relación conflictiva, viciada, poco respetuosa y básicamente esquizofrénica, como Estados Unidos de América.

¿Qué esperamos de su presidencia? La eliminación de todas las restricciones que obstaculizan la comunicación entre las familias cubanas, una revisión cabal de los esquemas tradicionales de la política norteamericana, lo que incluye la eliminación del embargo, una disposición clara al diálogo con todos los cubanos, un apoyo sincero, sin intromisión ni condicionamientos, a los demócratas cubanos y gestos claros de que la independencia de Cuba es un bien cultural y político adquirido que va a ser respetado por su gobierno.

Esa sería la mejor contribución a la democratización de Cuba, aunque sólo sea por el hecho de que el gobierno no podría apelar más al expediente arcaico de culpar a un solo país por la crisis global de un régimen y su modelo.

Como suelen comentar muchos ciudadanos cubanos, la mejor política de Estados Unidos hacia Cuba es aquella que deja al gobierno solo con sus propios fantasmas. Esa es la manera más apropiada de contribuir al rearme psicológico de los cubanos en su debate permanente por el establecimiento del Estado democrático de derecho.

Con el testimonio de mi más alta consideración,

Manuel Cuesta Morúa

* El autor es portavoz del Partido Arco Progresista.


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