Actualizado: 29/11/2021 15:04
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| Opinión

Cambio de mando en EE UU

Derribando muros, construyendo puentes

Obama tendrá que neutralizar a quienes a ambos lados del Estrecho intentarán dinamitar cualquier acercamiento.

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La derecha cubana festeja la victoria de los congresistas republicanos cubanoamericanos con frases típicas de adolescentes enamorados. Viendo tanto candor, uno casi lamenta pronosticarles que una relajación de las sanciones, posiblemente el fin del embargo a Cuba, está a las puertas.

Las fuerzas antiembargo tienen el liderazgo demócrata en la Cámara y probablemente controlarán la presidencia de los comités congresionales relevantes para un cambio de política hacia La Habana. El presidente electo y sus principales asociados han expresado una opinión abierta a pensar la relación con Cuba en términos opuestos a la lógica del embargo.

La cuestión a decidir bajo el gobierno de Barack Obama no es si la política hacia Cuba va a abandonar la estrategia de aislamiento, sino qué la sustituirá. La respuesta a esa interrogante depende del balance entre los diferentes sectores con acceso a la Casa Blanca, pues aunque el Congreso tiene la capacidad de quitar el embargo, la rama ejecutiva decidirá cuál política reemplazará a la que ya fracasó.

Los resultados electorales

Barack Obama ganó la elección con 365 votos electorales, incluyendo los 27 asignados a la Florida, donde venció por margen de 51 a 49%. Obama habría sido electo presidente incluso si hubiera perdido este estado, con ventaja para McCain hasta la debacle económica de mediados de septiembre. En los distritos de mayor presencia cubana, Obama ganó con más votos incluso que los candidatos demócratas al congreso, pues dominó entre los latinos no cubanos, los sectores anglos, y arrancó suficiente voto cubano (35%) como para derrotar a McCain con claridad.

Dos características expresan el comportamiento de la comunidad cubanoamericana en esta elección: menos relevancia, más pluralidad. Obama, con una plataforma centrista de eliminación de las medidas contra la familia de 2004 y dispuesto a conversar con los Castro, obtuvo más votos que ningún candidato demócrata anterior. De cara a las elecciones de 2010 y 2012, es importante apuntar que Obama ganó un 55% entre los cubanos de entre 18 y 29 años, y un 49% entre los menores de 44.

¿Qué factores contribuyeron a este resultado? Además de la reducción del peso demográfico de la comunidad cubana, en relación con el grupo de otros latinos, donde Obama obtuvo el 70% de los votos, el cambio más importante fue que tres candidatos demócratas obligaron al Comité Nacional Republicano y a sus organizaciones paralelas a defender los escaños de Ileana Ros-Lehtinen y los hermanos Mario y Lincoln Díaz-Balart.

Donantes como Jorge Mas Santos y Carlos Saladrigas financiaron anuncios que retaron el otrora monopolio exclusivo del partido republicano en la televisión y la radio. La FNCA (Fundación Nacional Cubano Americana) otorgó a Barack Obama el podio desde donde éste lanzó su discurso más importante sobre política hacia América Latina.

El drenaje de esfuerzos que representó defender los otrora seguros escaños del sur de la Florida, tendrá importantes repercusiones para los defensores del embargo, en especial para su principal grupo de cabildeo, el mal llamado Comité de Acción Política "US Cuba Democracy".

Dice mucho de este sector que lo mejor que pudo escribir Mauricio Claver Carone fue que los viajes de cubanoamericanos incrementarían el racismo en Cuba y atentarían contra la reconciliación nacional. Mientras escribía esas sandeces, doce de los "incumbentes" republicanos en su bolsillo con más antigüedad en el Congreso, como Steve Chabot, de Ohio; y Robin Hayes, de Carolina del Norte, perdieron sus escaños.

Este dato es relevante porque se han achicado las relaciones de los congresistas cubanoamericanos en el legislativo. Son identificados como extremadamente partidistas y cargan el fardo de haber usado todo tipo de suciedad contra Obama. El día de las elecciones, las llamadas robot republicanas seguían identificando al futuro presidente como aliado de Fidel Castro. Es difícil imaginar a Lincoln o Mario Díaz-Balart en buenos términos con el presidente del Comité de Medios y Arbitrios, Charles Rangel; con la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, o visitando amigablemente a Rahm Enmanuel en la Casa Blanca.

Ni Obama ni el liderazgo del Congreso le deben nada a Ileana Ros, Mario o Lincoln Díaz-Balart. El hecho de que las elecciones hayan sido competitivas en la comunidad cubana, ofrece al presidente y al Comité Nacional Demócrata la posibilidad de usar tribunas en Miami para promover candidatos y agendas afines para 2010 y 2012. Es importante que la Casa Blanca piense su política hacia Cuba y escoja a sus interlocutores en el exilio socavando el predominio republicano en Miami.

La batalla del Congreso

Después del fin de la Guerra Fría, para los presidentes norteamericanos la política hacia Cuba ha sido como ir al dentista. Sólo se piensa en ello cuando es absolutamente necesario. Bajo Obama viviremos un cambio de época, pues las promesas de campaña del presidente electo, así como los cambios en la correlación de fuerzas en el Congreso, garantizan que proyectos legislativos para desmantelar el embargo lleguen rápidamente al despacho presidencial.

En el tema del embargo, la comunidad cubanoamericana ha dejado de ser el factor más poderoso en las decisiones congresionales. Es cierto que hay más representantes y senadores cubanos en el Capitolio que nunca, pero esa realidad esconde que, dado el ascenso de los agricultores y otros empresarios, como los petroleros, en el tema cubano, y la realidad de que la comunidad está dividida, el balance de fuerzas es tal que un cambio de política es muy probable.

¿Y los senadores?, preguntará el respetable lector. Es cierto que Mel Martínez (R-Florida) y Robert Menéndez (D-Nueva Jersey) tienen un poder obstruccionista significativo. Los dos senadores son básicamente moderados y tienen una relación afable con sus líderes en el Senado. Sin embargo, ni a Martínez ni a Menéndez les conviene ser identificados como obsesionados con el tema cubano.

Martínez tiene una elección a las puertas, en 2010, y le costará caro equivocar prioridades. Menéndez es miembro del Comité de Relaciones Exteriores, pero su posición a favor del embargo es minoritaria allí. Fue electo en un estado liberal. Su posición es vulnerable, pues apoya las sanciones contra La Habana pero se ha opone a las sanciones de Estados Unidos contra Sudán.

Instado por la ex secretaria de Estado Madeleine Albright a explicar tanta hipocresía, Menéndez contestó que el problema es de empleos en Nueva Jersey. Dos compañías de ese estado importan goma arábiga, cuya oferta mundial depende en un 80% de Sudán. Con ese tejado de vidrio, Menéndez debe pensar dos veces cualquier protagonismo en la defensa del embargo.

Lo que queda del embargo, después que Estados Unidos es el quinto socio comercial de la Isla, es un muerto caminando. En los próximos meses, Obama recibirá en la Casa Blanca proyectos de leyes que cortarán fondos para aplicar el embargo o que lo eliminarán por partes, o en su conjunto. Los Díaz-Balart podrán oponerse, pero si los Castro no les ayudan, Obama no revivirá ese cadáver.

Un asesor para la política hacia Cuba

Dado que los sectores antiembargo se van a lanzar a liquidarlo en los próximos meses, la Casa Blanca debería pensar en la opción y secuencias óptimas para sustituirlo, de acuerdo con sus intereses domésticos y de política exterior. En medio del desastre económico y las guerras que le dejará Bush, el presidente Obama no tendrá mucho tiempo para el tema cubano.

Rahm Enmanuel, veterano de la administración Clinton y designado por Obama como su jefe de gabinete, debe recordar que la crisis de las avionetas de 1996 demostró que la Casa Blanca necesita ser proactiva, más que reaccionar a las dinámicas que los Castro o la derecha cubanoamericana preparen en terrenos y coyunturas que les son ventajosos.

La Casa Blanca necesita un asesor especial para Cuba que: 1) moldee los esfuerzos en el Congreso para sustituir la actual política de aislamiento por una de interacción coherente que avance la promoción democrática en la Isla; 2) promueva los intereses demócratas en la comunidad cubanoamericana. En ese sentido, un coordinador especial para Cuba en la Casa Blanca podría servir también para enterrar el engendro anexionista, irrespetuoso de la soberanía nacional, que fue la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre y su coordinador para la transición.

De cara a las elecciones de 2012, la Florida sigue siendo importante para Obama, pues sus tendencias demográficas la inclinan más hacia el Partido Demócrata que otros estados que ganó, como Virginia, Colorado o Carolina del Norte. Es de esperar que la Casa Blanca abra puertas a los que ayudaron al presidente, según la importancia de su contribución a la victoria. La izquierda radical merece tener parte honorable en la coalición antiembargo, pero con las manos lejos del timón. No fueron cuadros del Che en Texas los que ganaron la elección, sino votos y contribuciones de campaña. Obama ganó desde el centro y desde allí debe gobernar.

La política demócrata hacia la comunidad cubanoamericana debe socavar aquellas organizaciones que, bajo el pretexto de promover la democracia en la Isla, han sido apoyos para el Partido Republicano. Un Congreso demócrata debe investigar a grupos como el Centro para Cuba Libre, cuyo director, Frank Calzón, fue a la televisión de Miami a expresar "amor y devoción" por los republicanos. Es importante investigar si estos amorosos devotos han usado fondos para promover la democracia en Cuba en otros menesteres.

Jugando en dos tableros

La propuesta de Obama hacia Cuba es construir puentes que conecten la Isla con Estados Unidos, de modo que su liberalización y apertura sean impulsadas.

Para construir puentes, primero hay que derribar muros. La construcción de puentes con la sociedad cubana no puede ignorar ni los valores democráticos en que se basa la proyección norteamericana allende sus fronteras, ni los más de cien años de relación con Cuba en que se violaron esos principios. En Cuba, a diferencia de Europa, Estados Unidos construyó sus propios muros en complicidad perversa con los erigidos por el sistema comunista.

La historia de las administraciones Clinton y Carter está llena de incidentes armados, vuelos no autorizados, emigraciones incontroladas, espionajes y actividades militares descubiertas en momentos críticos para descarrilar los acercamientos. Jugando en dos tableros —Cuba y el sur de la Florida—, la Casa Blanca tendrá que neutralizar a los arruinadores que en ambos lados del Estrecho tratarán de dinamitar cualquier puente.

"La primera diferencia entre los vencedores y los perdedores —decía Sun Tzu— es que los primeros ganan la batalla y después van a pelear. Los segundos van a la guerra, tratando de descubrir cómo ganarla, y la pierden".

Hay consenso en derribar muros y construir puentes. Hagámoslo de forma tal que los sectores moderados predominen sobre las intransigencias de izquierda y derecha, en Cuba y en la comunidad cubanoamericana.


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Primer encuentro entre Bush y Obama en la Casa Blanca, el 10 de noviembre de 2008Foto

Primer encuentro entre Bush y Obama en la Casa Blanca, el 10 de noviembre de 2008. (AP)

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