Actualizado: 01/04/2020 15:47
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Performance, Artistas, Tania Bruguera

El aldabonazo de Tania

Frente a este muro inexpugnable entre el arte crítico y la sociedad, el performance de Tania Bruguera se convierte en un aldabonazo

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No hay espacios autónomos en Cuba, el gobierno no lo permite. El artista Lázaro Saavedra se equivoca en eso y contradice el movimiento de la plástica de los ochenta en Cuba.

Recuerdo una de tantas obras que vi en las exposiciones de los años ochenta: una naturaleza muerta —un jarrón con flores— al pié de la obra el título: El arte es un arma de la Revolución.

Los procedimientos con que los funcionarios y algunos artistas han tratado el performance de la artista Tania Bruguera, nos remite a esa obra que condensa el pensamiento de la “neutralidad” en el arte como única forma de existir para ser permitido por el poder, y en fuerte contraste con los “decires” del discurso oficial del gobierno cubano sobre el arte.

Hoy el arte no es un arma de la revolución, sino que “la cultura” toda tiene el peso de “salvar la nación”. Para entender lo que esto significa para el emisor del mensaje —el gobierno cubano—, basta comparar la obra No agradezcan el silencio de KCHO —”la celda de los cinco” y su difusión laudatoria—, con el performance de Tania, El susurro de Tatlín #6 y la represión contra la artista y la obra. Ninguno de los dos son arte despolitizado pero desde el poder uno se beatifica y el otro se suprime.

El movimiento contestatario de los ochenta en las artes plásticas tiene plena vigencia en tanto el gobierno no ha cambiado en sus intentos de “neutralizar” el arte y acotarlo, encerrarlo, enmudecerlo y convertir la crítica social y artística en un asunto de expertos y artistas semiocultos a la opinión pública nacional siempre que no representen “la celda de los cinco” por el artista Kcho, ese sí es un arte válido para el poder y que sale por la TV y la prensa nacional.

El inmovilismo en las políticas gubernamentales sobre la libertad del arte, la literatura y las ciencias sociales, no son más que correlatos de la ausencia de libertad de expresión en la Isla. Permitirse ver estos ámbitos desconectados, y relativamente “autónomos” en Cuba, es incorporar la visión del gobierno que manipula los espacios como constructos cerrados para violarlos todos a la vez, impedir la solidaridad y no hacer “mucho ruido” en el ámbito público. No sé de cuáles espacios autónomos se puede hablar en Cuba si para empezar, la seguridad del Estado se permite violar la casa de Tania Bruguera en Cuba, con golpes en su puerta desde las cinco de la madrugada y sin orden de arresto ni orden de registro de su domicilio.

Tiene razón Lázaro Saavedra[1], en decir que los artistas de esa generación a la cual el pertenece y con derecho sobresaliente y bien merecido, conocen perfectamente la obra de Michel Foucault, tiene razón también en decir que si el gobierno no ha estudiado a Foucault, al menos aplican sus dispositivos de control al detalle, en lo que se equivoca es en la estrategia que le propone a Tania: “…debió haber encontrado una vía inteligente, evadiendo la censura o estructuras formales de control social, buscando, creando (para eso es una creadora) una zona temporalmente autónoma (TAZ) donde se hiciera posible “abrir los micrófonos” para que se escucharan “todas las voces”.

Esta estrategia, yo diría de sobrevivencia en un contexto represivo, encierra la obra en el espacio definido por el poder, siempre pequeño, no un estadium como le permiten a Silvio Rodríguez, espacio al que los funcionarios se abrogan el derecho de admisión.

Así la obra queda reducida al espacio permitido y controlado, no autónomo y mucho menos neutro porque la exclusión y la admisión están controladas por el poder. De manera tal que las condiciones que propone Saavedra son inexistentes en el contexto cubano: No es autónomo, es tolerado, es acotado a una hora y media, es controlado ¿a quién permitirá el poder que entre? Y el performance se vuelve la “naturaleza muerta” del jarrón con flores, inocua al poder y no por ello deja de engrosar el curriculum de la artista.

Los “micrófonos abiertos” serían para algunos permitidos que se enteren porque tampoco el régimen hará publicidad, todo lo contrario. La seguridad del Estado, dueño privilegiado de ETECSA, enviará a todos los supuestos interesados SMS anulando la cita y no pondrá ni un cartel para promoverlo, entonces casi nadie asistirá y “todas las voces” se resumirán a cuatro enterados. Tania hubiera podido seguir los consejos de Saavedra y de igual forma engrosar su curriculum.

Si trasladamos esta estrategia a otros ámbitos intelectuales —que no sean para la puesta en escena de una obra artística— sino las maneras en que se manipula el debate informado y crítico en la Isla, vemos la coincidencia en los procedimientos gubernamentales y las maneras en que “negocian” tímidamente los intelectuales y académicos para decir algo más que una ironía.

Indudablemente que esta estrategia gubernamental y la resignación de los artistas e intelectuales a esta estrategia es lo que mantiene y alimenta los procedimientos represivos del poder contra los creadores intelectuales y artistas y contra toda la ciudadanía. La insolidaridad y la consigna de “sálvese quien pueda”, resultado de los dispositivos represivos del poder, se incorporan como “lo normal”, la rutina de la acción intelectual artística y civil en la Isla. Con la única compensación de no ser reprimidos, pero quedar casi ocultos y entonces tener la posibilidad de hacer un arte crítico sin incidencia social. La obra personal se “salva” y queda para la trascendencia en las futuras generaciones. El arte crítico travestido en “naturaleza muerta” por su invisibilidad en el ámbito nacional, queda amplificado en el exterior para todos los dividendos de status y prestigio. Frente a este muro inexpugnable entre el arte crítico y la sociedad —algo típico del régimen cubano—, es que el performance de Tania Bruguera se convierte en un aldabonazo. Se haya permitido o no el performance, el aldabonazo cívico político de Tania sigue resonando en la sociedad civil cubana y felizmente en las más de mil 400 firmas de artistas, intelectuales y académicos solidarios de todo el mundo. Tres arrestos, la violación de su domicilio, el secuestro de su pasaporte y de su computadora y teléfonos, parecen ser para el artista Saavedra, represiones inocuas para Bruguera, o “buscadas” por la artista, con esa visión típica del violador frente a su víctima.

Creo que Lázaro Saavedra conoce todos estos mecanismos, lo asombroso es que escriba una crítica contra el performance de Tania, incorporando las “razones de Estado” como razones propias. Acusa a Tania de intentar un “golpe mediático”, anotarse un “gol” en su carrera artística, y le propone un espacio cerrado, —el único permitido por las autoridades a los no privilegiados—, y sin saberlo o sabiéndolo sigue el guión de Rubén del Valle, el represor que da la cara para difamar y prohibir a Tania.

La resignación, travestida en “inteligencia” para sortear la censura, nos coloca una vez más, en el dilema ético y existencial de asumir el compromiso ciudadano o ser cómplices de la falta de libertades elementales, incorporándonos además, al muro de contención construido por el Estado. En este, como en tantos ámbitos de la sociedad cubana, la “neutralidad” no es permitida por el Estado. Sólo el silencio, o la difamación contra el rebelde.



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