Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Embargo

El “bloqueo”, oxígeno para Fidel Castro

A Fidel Castro y su séquito les preocupa mucho el “bloqueo” estadounidense. Les preocupa que se lo retiren, porque entonces se les acabarían los pretextos

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Cuando, a finales de la década de 1970, se regularizaron los viajes de los cubanos residentes en Estados Unidos para visitar a sus familiares en Cuba, la dictadura cubana se vio en aprietos. Quizá no calculó bien: había sobredimensionado la “conciencia revolucionaria de un pueblo honrado y trabajador”. Volvían de visita a la tierra que los vio nacer aquellos que antes, al abandonarla, habían sido calificados de “gusanos”, y que entonces ese “pueblo honrado y trabajador” —y pícaro— bautizó como “mariposas”. No había que tener visión 20/20 para constatar la enorme movilización de las fuerzas de seguridad que se habían desplegado, aunque actuaran en “secreto” aun en los automóviles de la entonces empresa dedicada a viajes fletados (marca Ford, curiosamente). Anécdotas de aquellos encuentros, en los cuales muchos fieles “revolucionarios” se doblegaron ante la “bisutería del enemigo” (esta frase es de aquel narcisista defenestrado, Carlos Aldana, no sé si lo recuerdan) sobran. Por ejemplo, estos ojos vieron como una compañera que aun exhalaba el aliento rojo —responsable de vigilancia del Comité de Defensa de la Revolución de la cuadra— se conmovió de tal manera ante una camisa marrón, de mangas largas y de textura brillante, que traía puesta al llegar un sobrino mariposa, que por poco se la quita sin que el hombre se sacudiera el polvo del camino. Quizá un año después, el hijo de la compañera lucía la camisa en cuestión.

Afirman los especialistas que el arribo de los de la “comunidad” (que así bautizó el castrismo a los familiares exiliados visitantes) fue lo que provocó, en 1980, el desastre que comenzó en la embajada de Perú y continuó con el éxodo masivo por el puerto del Mariel.

Sólo ocurre que un pueblo encajonado, bloqueado desde adentro, sin “ver” qué pasa en el mundo más allá de sus fronteras, sin recibir información acerca del devenir de aquél, es más fácil de sojuzgar. El embargo económico del Gobierno de Estados Unidos a Cuba ha cumplido su propósito fundamental: Fidel Castro (porque, insistimos, según la “Constitución” cubana, Fidel Castro sigue siendo el máximo jefe de la finca antillana) ha logrado sobrevivir gracias “al brutal bloqueo yanqui”: el culpable —y no el caduco régimen comunista que padece el pueblo de Cuba– de todos los males que asolan al país.

A Fidel Castro y su séquito les preocupa mucho el “bloqueo” estadounidense. Les preocupa que se lo retiren, porque entonces se les acabarían los pretextos. Al pueblo cubano —y aquí, claro, dejamos fuera a la burguesía comunista, que no sufre las consecuencias del embargo— también le preocupa, pero le preocupa que se mantenga, puesto que es éste, el pueblo, el cubano de a pie, el 98% de la población quizás, el que sufre las consecuencias; es decir, el que sufre, sobre todo, debido a las argumentaciones que el embargo le facilita al régimen para que se ahonde la penuria, la desesperación, el “estado de guerra”.

No hay dudas de que el embargo estadounidense, que ya dura casi cincuenta años, es causante de cierto porcentaje del sufrimiento y las desventuras del cubano; pero este porcentaje, por mucho que lo exagere el castrismo, es una ínfima parte de la tragedia, que tiene su origen, como decíamos, en un sistema político que ya demostró su ineficiencia en dondequiera que estuvo y la demuestra en las pocas regiones donde aún se mantiene.

El Gobierno de Cuba, y sobre todo Fidel Castro, harán todo lo posible porque no les quiten el “bloqueo”, por mucho que sus representantes vociferen contra éste.

Si el Gobierno de Estados Unidos finalmente decidiera levantar la medida, si estableciese el libre comercio con la Isla, o si permitiera que los cubanos exiliados, los cubanoamericanos y los ciudadanos norteamericanos viajaran libremente a Cuba, si las remesas de los exiliados, y de los no exiliados, no tuvieran límites —lo cual haría colapsar en unos días las tiendas que venden en divisas—, para Castro y su Gobierno sería como si le hubiesen entrado en la Isla el Caballo de Troya.

El contacto cuerpo a cuerpo, voz a voz, por parte de los residentes en la Isla, con un sinfín de personas venidas de la “yuma”, crearía una situación insufrible para el régimen castrista; porque una cosa es saber que por allá existe algo que se parece a… y otra escuchar, de parte de los propios protagonistas, que sí, que ese algo existe, y es de esta manera y tiene estas características. Puesto que, como en el caso del pueblo de Cuba, el bloqueo más duro es el de “adentro”, los isleños no tienen idea de lo que es un Congreso o un yogur de amaranto. O sea, con tanta y tanta gente llegando del “imperio” y dando verbo, la información que recibirían los cubanos —la misma que hoy le niegan los medios de divulgación oficialistas, los únicos existentes— sería catastrófica para la dictadura, que en medio de una tensión nunca antes sentida tendría que multiplicar aún más sus poderosos “sistemas de prevención y seguridad” e invertir en otros rublos para detener “la propaganda enemiga” ahí, en su propio suelo.

De modo que no hay que preocuparse: Fidel Castro, Raúl Castro, el régimen, de ninguna manera van a permitir que les quiten el oxígeno que a duras penas los mantiene vivos desde hace décadas.

Mientras tanto, el pueblo cubano sigue sufriendo el bloqueo de “afuera”; pero aún más el de adentro, que se nutre, precisamente del otro.



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