Actualizado: 20/10/2017 18:43
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EEUU, Elecciones, Trump

El espantajo y el espanto

Una retórica encendida, oscura, inicia una avalancha que, de no atajarse, terminará en un desastre que puede durar medio siglo, o un período presidencial

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Los buenos negocios y la política comparten una piedra angular: el oportunismo.

Oportunismo que, en el caso de la política, a veces toma otros nombres: demagogia, populismo, mesianismo, tiranía. Si se observa con cuidado, se nota que las líneas que separan un nombre de otro son tenues, frágiles. Invisibles, en los peores casos.

Lo más sencillo es agarrar un espantajo —en todas las épocas hay muchos de ellos disponibles— y agitarlo. Entonces se grita: que uno sabe cómo neutralizar ese horror, y eso será repetido una y otra vez. En ninguna de ellas se dirá cómo eliminar esos males: solo se anuncia la intención.

Y ya.

De esa manera, Lenin, Stalin, Hitler, el Kemer Rojo, los norcoreanos, Fidel Castro, todos los dictadores, todos los tiranos, y Donald Trump, han convencido a la masa crítica, la gris, la moldeable, que el espantajo es real, y que ellos, los oportunistas, saben cómo exorcizar a ese monstruo para que la vida sea mejor, para que se cumplan propósitos inaplazables, esos que siempre son superiores, puros, excelsos.

El país, la nación, el futuro, nuestros valores, la supervivencia de lo que amamos, están invariablemente amenazadas por la sombra de ese monigote —del espantajo, me refiero, que también tiene muchos nombres.

Ya sea la plusvalía, los burgueses, los judíos, la intelligentsia (¡ay!, la intelligentsia…), los comunistas, el imperialismo, el socialismo, Estados Unidos, los inmigrantes mexicanos, ¡aleluya!, no temáis: llegó nuestro salvador a combatir, exterminar, prohibir, cremar, modificar, odiar, nulificar, deportar.

Simple.

No hace falta mucho más —o sí: una retórica encendida, oscura, que entregue eficazmente el mensaje— para iniciar entonces una bola de fango, que crecerá en avalancha y que, de no atajarse, terminará invariablemente en un desastre que puede durar medio siglo, o un período presidencial.

Los oportunistas causan espanto. Todos se parecen. Todos dicen lo mismo, en primera y mesiánica persona. Y ya sea “Mein Kampf (Mi lucha)”, “La historia me absolverá”, “I am your voice!”, la masa crítica, la gris, la moldeable, siempre responderá igual:

Heil!”

“¡Venceremos!”

Build the wall, build the wall!”

Y el espanto entonces se convierte en otro espantajo.


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