Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Festival CLIC, Disidencia, Internet

El Festival CLIC y la inmensa minoría

Cubadebate ha lanzado una arremetida directa contra los blogueros no oficialistas cubanos, con una serie de acusaciones tremendamente peligrosas en un país donde no hay nada parecido a una opinión pública, ni una prensa autónoma, ni un sistema judicial medianamente independiente

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Conocí del Festival CLIC a través de un artículo de un colaborador de la imprescindible Havana Times. El Festival, según el articulista, adoptó una convocatoria abierta y transparente como “el mejor resguardo contra la represión gubernamental”. Tuvo lugar durante tres días (21-23 de junio) en la casa de Antonio Rodiles en Miramar, con el copatrocinio de la academia bloguer que dirige Yoani Sánchez. La reunión ha contando además con el apoyo de la Evento Blog Español (EBE), una asociación de blogueros ibéricos que se autodefine como una entidad con 3 mil miembros y 3 mil sueños.

Según los promotores, el festival ha tenido “como propósito intercambiar lo que hemos aprendido y desvelar nuestras lagunas (y) está pensado como una gestión del conocimiento sin requisitos ideológicos ni tendencias de mercado” El programa de la actividad incluyó sesiones técnicas, balances de la actividad en Cuba y presentación de documentales sobre el impacto de las redes sociales en la política mundial. Los promotores anunciaron que no habría declaración final con condenas a nadie, pero también que se discutiría la conveniencia de una segunda edición.

La reacción oficial no se hizo esperar. Los primeros en acudir al tintineo de los sables fueron los blogueros-mal-pagados que infectan el ciberespacio cubano y que siempre están dispuestos a difamar aunque escriban sobre el discurso fúnebre de Pericles. Y no creo que puedan hacer otra cosa en lo que les queda de vida profesional. No hay medio curativo, no siquiera la lobotomía, para los males empotrados de la envidia, la frustración y el resentimiento. Sobre estos ciberchancleteros no hay mucho que comentar.

Lo que en realidad sí me pareció muy inquietante fue una nota aparecida en Cubadebate.

Cubadebate (CD) es un órgano de control político/ideológico de la información. Aunque es un producto de exportación y quiere lucir más sofisticado, en realidad aspira a lo mismo que Granma, y por eso todo lo que publica sirve directamente a los peores fines del Gobierno cubano bajo la batuta del oscurantista Departamento Ideológico. Y el artículo de CD sobre Festival CLIC, es un ejemplo de lo que está pensando y de lo que podría hacer la élite política cubana. Se trata de una arremetida directa y muy poco elegante, una burda mescolanza de ideas sin acabar, alegorías mal redactadas, ataques soeces contra personas e instituciones, al mismo nivel rudimentario de cómo lo haría un carpetero nocturno de una estación de policía. Pero también contentivo de acusaciones tremendamente peligrosas en un país donde no hay nada parecido a una opinión pública, ni una prensa autónoma, ni un subsistema judicial medianamente independiente.

Según CD, el festival iba a tener lugar en un “sitio de encuentro de miembros de la contrarrevolución que brillan por su mediocridad y que no disimulan las intenciones de convertir este escenario en punta de lanza para la añorada construcción de una ‘sociedad civil’ cubana al servicio de Washington”. Pero, y aquí está el punto principal:

“La intención del Festival Clic —afirmaron— es avanzar en la estrategia de construir redes previas a una agresión, como hicieron en Libia, Siria y antes en Yugoslavia, y fortalecer la idea de la contrarrevolución aliada a Estados Unidos como promotora de la libertad en la Red.”

Una afirmación que podría servir para justificar una nueva ola represiva con el apoyo de la prensa oficial, de los blogueros-mal-pagados y de la gavilla de comentaristas bocones que llenan la web de improperios fascistoides. Y quienes, de dar ese paso represivo, deberán asumir la responsabilidad de las consecuencias de la represión. Y nosotros, de exigírsela.

Están mintiendo, y lo saben.

Ellos conocen perfectamente que Estados Unidos está haciendo en su política hacia Cuba un juego barato. No hay ninguna planificación de una operación militar agresiva, ni siquiera de una diplomacia activa que permita a los dirigentes cubanos asumir un rol destacado de luchadores antiimperialistas. Esos tiempos se acabaron. El Gobierno americano está dejando que el tiempo haga su trabajo, que se acaben de morir los octogenarios y que los herederos pacten y entreguen todo lo que deben entregar para completar sus metamorfosis burguesas. Y mientras tanto no mueven fichas en ninguna dirección importante, sencillamente porque mover fichas es más costoso que no hacer nada. Pero los dirigentes cubanos necesitan los zafarranchos épicos para justificar sus propias existencias y mantener a los apoyos funcionando, a los medio-apoyos aterrorizados y a los opositores bajo control policiaco.

Saben que Yoani Sánchez no es una agente del Gobierno norteamericano, y que si hace un juego político propio es porque tiene talento para ello y todo el derecho del mundo en su condición de ciudadana cubana. Saben que Estado de SATS es un valioso proyecto cívico/intelectual que nunca ha puesto en tela de juicio la independencia nacional, y que se ha esforzado por ser un lugar pluralista, donde todos entren y todos quepan. Saben que Havana Times no está alentada por Estados Unidos, sino confeccionada con mil trabajos por un americano apasionado que vive en Centroamérica y que constituye un espacio donde se da cita lo mejor del pensamiento joven de la Isla.

Pero también saben —y en esto no se equivocan— que la reunión en casa de Rodiles es un gran peligro para el monopolio de poder vetusto e incontestado que detentan. No porque estén conspirando para derrocar al gobierno, pues eso no está en agenda. Mucho menos para fomentar una conspiración antinacional, pues en ese campo nadie podría hacerlo mejor que los dirigentes cubanos, que han sumido a la Isla en la mendicidad internacional, viviendo de subsidios temporales, en estado de despoblamiento y con una sociedad atomizada y altamente vulnerable.

La reunión de Festival CLIC es un gran peligro porque está intentando crear redes independientes y conquistar espacios públicos de una manera inédita. No es un asunto de más o menos internet, lo cual sigue siendo una prerrogativa del estado cubano, y que mantendrá a su bajísimo nivel actual aún cuando aparezcan todos los cables del mundo. Porque el no acceso a Internet en Cuba no es una cuestión esencialmente técnica, sino absolutamente política. Y ni Yoani con sus premios, ni Rodiles con su paciente valentía, pueden cambiar esa situación. El problema es un asunto de contactos sociales no autorizados, de gente que ha decidido no pedir permiso. De medio centenar de personas que están mirando para los lados y no para arriba.

Ciertamente solo son cinco decenas según los organizadores de Festival CLIC. Una minoría. Pero, recordando a Juan Ramón Jiménez, diría que, por su fuerza moral, se trata de una inmensa minoría. Y el régimen cubano tiembla ante las oposiciones, aunque sean de minorías. Y definitivamente se resquebraja ante las inmensidades morales.

Gracias a todos y todas que concurrieron a la sede de Estado de SATS a dar este nuevo paso por el futuro de la sociedad cubana.


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