Actualizado: 03/07/2020 15:57
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El postcolonialismo de izquierda

Europa, intelectualidad y antiamericanismo: ¿Quién piensa en Cuba?

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Heroicidades ajenas

La cercanía de algunos intelectuales europeos, latinoamericanos y norteamericanos con los tres o cuatro regímenes totalitarios existentes en el mundo hoy día es, cuando menos, ética y geográficamente dudosa. La tentación de solicitar heroicidades y actos épicos a los cubanos, ha ido acompañada de sinuosos factores que se mueven entre las aguas del oportunismo y la "aversión" hacia los procesos democráticos:

-La idea de que Cuba (léase el dictador y su régimen) debe resistir ante "el imperio", y dichos intelectuales o políticos están dispuestos a apoyarla (aunque en la distancia), no se extiende ni se generaliza tanto como ellos desearan, pero se mantiene flotando entre la membresía de la izquierda radical.

-La exigencia de sacrificios extremos como la resistencia ante el hambre, la destrucción total y la degradación de valores, e incluso la tesis perversa de que "tener cultura es mejor que tener libertad", constituye el discurso de la imposición de una élite minoritaria, que no consigue más del 5% de los votos en sus respectivos países; mientras se ceba contra quienes ni siquiera pueden aspirar a formar un partido político en la Isla.

-Una de las mayores contradicciones de quienes santifican toda práctica castrista radica en el uso que hacen —para defender el régimen— de los propios instrumentos que Castro anatemiza: los medios de prensa, las campañas electorales, las manifestaciones, el parlamento, las instituciones democráticas y los tribunales independientes.

-Por último, hay también cierto desdén, cierto eurocentrismo de algunos, en un continente decididamente acomplejado ante Estados Unidos. Como en un viaje al siglo XV, la idea consiste en que los indios extraigan y laven el oro para sufragar la próxima contienda. Los cubanos hacen hoy ese trabajo sucio: soportan una dictadura de casi cincuenta años, bendecida por la izquierda radical por su "carácter antiimperialista" y para "autosatisfacción" de quienes, ni soñando, podrían acceder al gobierno por la vía electoral. Cuba es el paraíso perdido de la izquierda incapaz.

Si cuando los atentados de Madrid el entonces presidente español, José María Aznar, hubiera decretado un estado de emergencia, con la consiguiente posposición indefinida de las elecciones generales "por grave peligro terrorista", esta misma élite minoritaria le habría acusado de dictador. No le habrían soportado ni treinta días más en el poder, en nombre de ningún peligro externo ni de ninguna teoría de supervivencia. ¿Tendrían derecho a protestar? Sí. ¿Sería un hecho nacido bajo el signo de la coherencia? No.

Todo lo cual conduce, como casi siempre, al sempiterno problema del antiamericanismo que sacude Europa; no la acción de oponerse a las erráticas decisiones de un gobierno o a las alucinaciones de un presidente, lo cual es absolutamente legítimo, sino el antiamericanismo primario —infantil, tenebroso y enfermizo—, capaz de buscar justificaciones en la barbarie de las Torres Gemelas o de confesarse alegre por las "lecciones" de Katrina.

Y si detrás de toda esta parafernalia ideológica subyace la posición ante Estados Unidos y una larga lista de frustraciones del comunismo internacional, ¿quién piensa realmente en Cuba y los cubanos?


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