Actualizado: 26/11/2020 16:04
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El reto está echado

La federación de países del ALBA, que preparan La Habana y Caracas, pone en jaque el sistema de seguridad interamericano.

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El ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), esa iniciativa de integración lanzada por Hugo Chávez y Fidel Castro hace apenas dos años y medio, está próxima a convertirse en algo más complicado de lo que parecía en sus orígenes.

Presentada en sus inicios como una opción integradora de los países de la región, contrapuesta al Tratado de Libre Comercio impulsado por Estados Unidos —aunque también por más de una veintena de países del Hemisferio—, está en vías hoy de convertirse en instrumento de una visión de gobernabilidad y seguridad opuesta a la que exhibe el sistema interamericano. Las recientes declaraciones de Chávez acerca de la necesidad de crear una especie de federación de países del ALBA, amparados por una junta militar conjunta, así lo confirman.

No fue una simple idea que el delirante Chávez hubiera decidido comentar durante una de sus maratónicas intervenciones públicas. Fue expresada por el mandatario después de concluida en Caracas la primera reunión del Consejo de Ministros del ALBA, donde participaron los ministros de Exteriores de Cuba, Bolivia, Nicaragua y el país anfitrión.

En esta reunión, que dio seguimiento a acuerdos adoptados anteriormente en Barquisimeto, se firmó un memorando de entendimiento para la creación del Banco del ALBA, y se dieron pasos hacia la institucionalización de este "mecanismo de integración" con la creación de los Consejos Presidenciales, Ministeriales y Sociales, y la próxima inauguración de una Secretaría que radicará en la capital venezolana.

Pero si quedaran dudas sobre la unión política y militar de dichos países, fueron disipadas con lo recogido el 7 de junio en primera plana por el diario oficial Granma, posteriormente comentado por los periodistas participantes en el programa televisivo Mesa Redonda.

En la nota de Granma se aseguraba —ya sin citar textualmente al mandatario venezolano— que "es el momento de conformar estrategias de defensa, de adiestramiento y de equipamiento conjuntos, de apoyo militar, inteligencia y contrainteligencia, y preparación de los pueblos para la defensa". Los medios oficiales cubanos, bajo el control del Partido Comunista, del cual —cabe recordar— el general de Ejército y ministro de las FAR, Raúl Castro, es su segundo secretario, daban públicamente el visto bueno a la iniciativa.

Detonante estudiantil

Resulta curioso que el ALBA ha adquirido este carácter de mecanismo de seguridad conjunta cuando en Venezuela el gobierno de Chávez se ha tenido que enfrentar a protestas populares y estudiantiles por la decisión de cerrar una televisora privada. En medio de la radicalización del régimen venezolano, esta afrenta a la libertad de expresión no ha pasado incólume, y se podrían augurar otras manifestaciones en otras circunstancias en las que la represión chavista se hiciera presente, con su consecuente lesión al poder de Chávez en Venezuela.

En el país sudamericano la culpa de la inestabilidad interna ha recaído sobre "el enemigo", de lo cual da prueba la acusación a los estudiantes de ser peones del imperialismo. Para Chávez, "hay que defenderse" de un enemigo que se sitúa en el exterior y que es responsable de cualquier conflicto en esa nación, mientras él se afianza indefinidamente en el poder. Hay que formar alianzas.

En Cuba esto es práctica sistemática desde hace varias décadas, y la actuación del gobierno provisional del general de Ejército Raúl Castro no ha dado muestras de lo contrario: la relación de enfrentamiento perpetuo con Estados Unidos prosigue, y las causas de los conflictos internos se sitúan fuera del territorio nacional, mientras la continuidad del régimen avanza bajo el liderato conjunto del presidente provisional y las orientaciones del Comandante en Jefe.

Más aún, en las últimas semanas, la relativa recuperación de Fidel Castro le ha restituido a la política nacional un tinte de ancien régime, que muchos auguraban estaba a punto de ser transformado. Castro ha logrado de nuevo una presencia nacional e internacional mediante sus constantes editoriales en la prensa, posteriormente comentados en la Mesa Redonda, con una entrevista en ese mismo programa televisivo en la que dice que "no será la última", y con las sesiones de trabajo que ha sostenido con visitantes extranjeros, entre ellos los presidentes Evo Morales, Hugo Chávez y Daniel Ortega, justo después de anunciarse el nuevo desarrollo del ALBA. Pero Fidel Castro sabe que sus días están contados, y ha encontrado una manera de extender su presencia en este mundo con las entelequias políticas de Chávez.

Una idea mesiánica

El ALBA fue una idea fraguada por las mentalidades mesiánicas de Fidel Castro y Hugo Chávez, que rebasaba la mera cooperación entre Estados a partir del cúmulo de necesidades no satisfechas de las sociedades latinoamericanas y caribeñas.

La unión de estas naciones significaría, entre otras cosas, la consolidación de una caricatura de la Gran Colombia de Simón Bolívar, esta vez bajo el liderato de Chávez, e incluiría la muy repetida "heroica resistencia" frente a Estados Unidos, tan cara a sectores sociales de los países del ALBA y de la región. Para Castro, es la manera de mantener su presencia en Latinoamérica y el Caribe después de muerto.

De por sí, el texto de los documentos firmados en diciembre de 2004 en La Habana entre estos dos mandatarios, que ampliaban y modificaban sustantivamente los acuerdos primarios de cooperación de octubre de 2000, ha dado desde entonces importantes indicios de las intenciones integradoras de Castro y Chávez.

A diferencia de los acuerdos de 2000, circunscritos a la cooperación económica, "petróleo por profesionales cubanos", en los de diciembre de 2004 se pasa al ámbito de la alianza política entre las dos naciones. En el texto de los acuerdos se lee acerca de las consideraciones que se tuvieron en cuenta para dar "pasos concretos" hacia la integración bajo el ALBA.

Era un intento de trascender los actuales modelos de integración regionales para, supuestamente, lograr la transformación de las sociedades latinoamericanas mediante la "eliminación de las desigualdades sociales", el fomento de "la calidad de vida y una participación efectiva de los pueblos en la conformación de su propio destino".

En el plano bilateral, la implementación de los acuerdos de 2004 situaba ya al país sudamericano como el principal socio comercial de la Isla y, a cambio, profesionales cubanos quedaban estratégicamente situados en varios sectores del Estado y la sociedad de Venezuela, incluidos sus cuerpos de seguridad. Los intercambios de delegaciones militares, siempre recibidas por Castro, se sucedieron.

No fue sorpresivo, por tanto, que un alto dirigente cubano, el vicepresidente Carlos Lage, declarara en octubre de 2005, en Caracas, que Cuba tenía dos presidentes, Castro y Chávez. Tampoco que el mandatario venezolano respondiera enfático a las declaraciones de Lage diciendo que "Cuba y Venezuela se han unido", y que el mundo debería saber que su destino común estaba "sellado", costase lo que costase.


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