Actualizado: 12/12/2018 10:27
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Esclavos, libertos y soldados en la guerra del 68

Sobre la participación de negros y mulatos en el bando español durante la primera guerra de independencia de Cuba

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Poco se ha hablado de esta temática porque vendría a contradecir de plano creencias arraigadas en la imaginación popular (Gelpi y Ferro, 1887).[1] Bastaría una sola observación para comprender el poco interés que despertó la contienda entre los afrocubanos: durante la guerra civil en Estados Unidos, los esclavos solían escapar hacia las zonas liberadas; este fenómeno sin embargo no se produjo en Cuba. Es más, los libres de color fueron las primeras víctimas de la insurrección, pues por ejemplo en Bayamo no se les consultó a la hora de incendiar la ciudad ni tampoco cuando se les reclutaba por la fuerza. Es un hecho que la clase de color libre no simpatizaba con los criollos. Aunque la guerra de Cuba ha sido aprovechada por los historiadores para afirmar que la gente de color se sumó en masa al bando independentista desde la primera hora, la gran verdad es que esta afirmación es inexacta. R. Guerra consideraba que en Oriente, la población de color libre, que era la gran mayoría, unióse casi en su totalidad, en una forma u otra, a la Revolución (el subrayado es mío). Lo cual creo que basta para comprender lo que significa.

En el caso de la familia Maceo se trata más bien de la excepción que confirma la regla. Tampoco lo sucedido en Bayamo con la compañía de color que la defendía puede generalizarse (Llofriú y Sagrera, 1870, 3 Vol., p. 42). La realidad es que los negros fueron obligados a formar parte de las tropas rebeldes por la fuerza.[2] Contrasta esta actitud de los revolucionarios con la de las propias autoridades españolas, las que —a pesar de que algunas compañías de color se pasaron al enemigo en la región oriental—, no dudaron en organizar nuevas unidades de voluntarios formadas por negros libres. Las mismas venían a sumarse a las ya existentes milicias disciplinadas y otros cuerpos que aceptaban a los negros entre sus filas. Otro aspecto a tomar en consideración es el destino que se les daba a esos reclutas. Si por el lado rebelde se les designaba a tareas inferiores, por ejemplo de carga, o en algunos casos como de carne de cañón, (recuérdese la treta urdida por Mármol en el Salado, o aquella otra orquestada por Marcano que sirvió para desalentar al coronel Campillo de avanzar hacia Bayamo cuando tuvo la oportunidad), las autoridades militares no dudaban en suministrarles una verdadera preparación militar y a confiarles misiones de importancia en el campo de batalla.

Con este objetivo se autoriza la creación de un Batallón de voluntarios de color el 4 de abril:

“Sabemos que el Excmo. Sr. Capitán General ha autorizado al Sr. Coronel D. Ignacio Yoller y Lersundi, que acaba de ser Jefe Superior de Policía, para que forme un Batallón de Voluntarios movilizados compuesto de gente do color y mandado por Oficiales del ejército. Este Batallón deberá salir a campaña tan luego como esté organizado y equipado. Sabemos también que no han de faltar quienes en él se alisten, pues la clase que ha de formarlo desea manifestar con hechos que reconoce espontáneamente la autoridad del Gobierno español y está dispuesta a defender la integridad del territorio”.

El alistamiento de los mismos tuvo lugar días después conforme a lo anunciado. Extraña que las peripecias de esta unidad mandada por blancos que todo hay que decirlo, no hayan sido reseñadas por la historia.

“Abierto alistamiento de voluntarios de color

El alistamiento para el cuerpo de voluntarios de color que según anunciamos el sábado, debe salir a campaña al mando del Sr. Coronel D. Ignacio Yoller y Lersundi, está abierto en los cuarteles de salvaguardias de las calles de las Figuras y Virtudes, desde las diez de la mañana basta las dos de la tarde”.

Del dicho y hecho. Días después embarcaban el vapor Barcelona los movilizados de color rumbo a la región central. El tedioso trabajo de seguirles la pista dentro de Cuba, así como el de reseñar las acciones en las participaron durante el resto de la contienda lo dejamos a investigadores futuros, lamentando una vez más el poco interés que esta unidad tan especial ha despertado entre los investigadores de historia de España. En definitiva, esta unidad operó en Camagüey y ya el día 11 de junio, reseña el Diario unas de las acciones en las que brillaron.

El destacamento de Ligeros de color combatió en Nuevitas el día 11. “No es la primera vez que los valientes morenos de La Habana se han batido contra las partidas de Camagüey”.

Pero también en provincia los voluntarios de color se destacaron por su patriotismo, como lo cuenta el Diario el 22 de junio, cuando reproduce un artículo del Imparcial de Trinidad pueblo en el que un voluntario de color detuvo sin miramientos a una persona blanca que alteraba el orden público. También se destacaron en Mayajigua, como lo afirma Llofriú y Sagrera que proporciona la lista de los voluntarios de color defensores del poblado (Llofriú y Sagrera, 1870, 3 Vol., p. 300).[3] Posteriormente una carta particular nos da detalles sobre el brillante desempeño de los mismos en el mes de julio. El otro gran contingente de milicianos de color partió en agosto. Su despedida se celebró en la capital con gran entusiasmo por la población simpatizante.

“En el vapor Barcelona, que saldrá hoy para Nuevitas, Gibara y demás puertos de su carrera, se embarcarán 400 hombres del primer tercio de Milicias Disciplinadas de color, que van a compartir con sus compañeros del ejército y voluntarios las penalidades y las glorias de la campaña. Ayer se les repartieron sus avances de marcha y pasaron el día despidiéndose de sus familias y relaciones, celebrando su próxima partida llenos del mayor entusiasmo. Según nos dicen, llevan la bandera que conservó el tercio hasta el último momento en el castillo de San Juan de Ulúa.

Las calles de Obispo y Mercaderes engalanadas para despedir a los milicianos.”

Contrasta este agradecimiento con el secreto que se envolvió la operación Carlota, la única vez que un Gobierno en Cuba decidió utilizar a la gente de color para sus propios fines imperiales.


[1] ¿No era sabido que el número de la clase de color simpatizaba más con el elemento peninsular que con los cubanos autonomistas? Si al estallar la insurrección de Vara el Capitán General hubiese dispuesto que una parte de los hombres de color hubiesen salido a campaña con las tropas, hubieran servido con tanto entusiasmo como los viejos soldados, y ninguno se hubiera pasado al enemigo.

[2] Camagüey publica un decreto el 26 de febrero aboliendo la esclavitud, pero estableciendo la obligación de servir en la guerra. “Contribuirán con sus esfuerzos a la independencia de Cuba, todos los individuos que por virtud de este decreto le deben su libertad”. Más adelante la Constituyente confirmará y generalizará el principio, no sin antes explicar que La República se hallaba en la necesidad de aprovechar en su servicio la actividad de todos sus defensores. Zaragoza lo explica así: Era como la Francia lo fue un día: un inmenso campamento; una vasta ciudad sitiada. La Constitución declaraba soldados a todos los ciudadanos, la Cámara, completando la obra, dispuso que los que no pudiesen prestar servicios militares fuesen empleados en la agricultura o de cualquier otra manera en la medida de su capacidad auxiliasen al Estado. Fue indispensable por lo tanto reglamentar el trabajo de los libertos.

[3] Voluntarios de color. Pardo: Juan López, Francisco Morroqui, Timoteo Morroqui, José Inés Acosta, Rafael Espit, Manuel Herreira, Juan Mereira, Manuel Camacho, Alejo González, Bruno Carrero, Rafael Calderón, Panfilo Figueroa.


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