Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Espacio Laical, Iglesia Católica, Intelectuales

“Espacio Laical”, la Iglesia Católica y sus estaciones

Espacio Laical reclamó los derechos humanos de los cubanos desde el derecho internacional, nunca desde subordinación alguna a la Ley Helms-Burton

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Dice el Eclesiastés: “Todo cuanto ocurre bajo el sol tiene su estación” y Espacio Laical ha tenido una buena bajo el manejo editorial de Roberto Veiga y Lenier González. Ahora inicia otra. Veiga y González han anunciado un nuevo proyecto al que han titulado “Cuba Posible”. Lo definen como espacio de facilitación y continuidad del trabajo que ya hacían. Gustavo Andújar, el director de Espacio Laical ha anunciado una nueva etapa en la revista. Piensa balancear con temas menos políticos y más culturales. Son dos variantes no necesariamente contradictorias, con espacios propios para crecer y hasta complementarias.

Desde México, Armando Chaguaceda especuló que la “destitución” —término acuñado por el sitio radical anticastrista Café Fuerte contra la Iglesia o no se sabe quién— podía deberse a la acción de un “sector conservador de la Iglesia o Estado, o de ambos”. Es el tipo de cobertura ideologizada que empobrece. Ninguna evidencia indica que hubo “destitución”, ni que el Estado tuvo algo que ver con la renuncia y su aceptación. De hecho, ni los renunciantes ni la nueva dirección de la revista alegan que las autoridades gubernamentales hayan promovido u obstaculizado el espacio de Espacio Laical.

Veiga y Lenier gestionaron Espacio Laical, desde su condición de católicos. Su línea editorial se insertó en la tradición social cristiana cubana, gradualista y abierta a la sociedad, desarrollada en las últimas décadas bajo el liderazgo del cardenal Jaime Ortega junto a otros obispos y la prédica nacionalista del fallecido monseñor Carlos Manuel de Céspedes. Espacio Laical insistió en el camino de una democratización incremental, desde el actual sistema político como punto de partida.

Espacio Laical ha tenido su propia voz desde la responsabilidad patriótica pero no es una experiencia única. Sus mejores momentos la comparan con Palabra Nueva, otra revista católica que bajo la dirección de Orlando Márquez ha contribuido a la discusión de temas políticos, sociales, culturales, económicos y de relaciones internacionales desde la doctrina social de la Iglesia. Ambas revistas se han expresado con independencia en la crítica a políticas gubernamentales neurálgicas pero siempre desde la lealtad patriótica. Es un precedente que no pueden perdonarles los que equiparan partido comunista a nación cubana, ni los que con tal de promover sus intereses estrechos y desleales, desean que le vaya mal al país, para que los opositores puedan pescar en río revuelto.

Espacio Laical reclamó los derechos humanos de los cubanos desde el derecho internacional, nunca desde subordinación alguna a la Ley Helms-Burton, condenada y recondenada por la Conferencia de Obispos de Cuba. En la verdadera tradición profética de hablar la verdad al poder, la revista no hizo concesiones al exilio radical ni sus tutelados internos en el tema de la política de EEUU hacia Cuba. Al decir de los tres últimos papas, el embargo/bloqueo es inmoral, ilegal y contraproducente. ¿De qué valdría denunciar los errores y abusos del gobierno cubano si se termina bebiendo servil de la misma mano que promueve el bloqueo contra Cuba, violación de los derechos humanos de cubanos y norteamericanos?

Por reclamar los derechos humanos desde posiciones patrióticas y dialogantes, la revista recibió el apoyo y la participación de muchos cubanos demócratas, dentro y fuera del gobierno. Mientras fue atacada por un sector de pensamiento totalitario cercano al mismo. En este último sector destacó el ideólogo Iroel Sánchez, informado portavoz del oficialismo más conservador. Su denuncia de la conferencia de marzo organizada por Espacio Laical construyó una rocambolesca conspiración en la que el espíritu de Milton Friedman se le montaba a “un economista emigrado” y la OTAN tenía algo que ver. Si alguien lo entendió que lo explique.

Espacio Laical no se dejó provocar. Desde la Iglesia, acompañó con propuestas al gobierno en la promoción de los “cambios buenos y necesarios” (así llamó el Cardenal Ortega a los procesos de reforma económica y liberalización política en curso). Con respeto también, la revista se distanció del unipartidismo y la economía de comando como paradigmas. En esa línea divisoria empieza la ideología, e intereses del PCC y terminan los de Cuba como nación. Hubo también opositores que miraron positivamente la contribución de Espacio Laical que le abrió sus páginas y puertas a Oscar Espinosa Chepe, Miriam Leiva y Dimas Castellanos.

Paradójicamente, los ataques más notorios contra Espacio Laical salieron de una cegata izquierda anticastrista, siempre jugando a la riposta, toda denuncia, nada anuncio. Son revolucionarios descontentos con la revolución. La reforma y el dialogo les dan nauseas. Búsquese los artículos publicados en Havana Times, Radio Martí, el Nuevo Herald, Cubaencuentro, y Diario de Cuba, y se encontrará quienes arremetieron y con cuales razones e insultos contra la gestión de Espacio Laical y la Iglesia. Se trató de un maridaje extraño entre un marxismo radical, resentido y la derecha anti-normalización de relaciones Cuba-EEUU.

En el debate sobre oposición leal, los ataques más punzantes contra los editores de Espacio Laical llegaron de aquellos hostiles al adjetivo leal, no de los molestados por el sustantivo oposición. Fue Eduardo Mesa, dirigente demócrata cristiano en el exilio; y exdirector muy cauto de Espacios, la revista que precedió en la Habana a Espacio Laical, quien pidió primero la renuncia de Veiga y Lenier. Nadie como Haroldo Dilla dedicó todo su ahínco a criticar la revista y a la Iglesia, que siempre quedaron por debajo de sus altos estándares morales, particularmente durante la visita papal a Cuba de Benedicto XVI y del Cardenal Ortega a la Universidad de Harvard. Uno se pregunta si la Iglesia y la revista habrían llegado a algún lugar en el dialogo con el gobierno y la sociedad civil si hubiesen tomado las vestales posturas, recomendadas por el sociólogo dominicano-cubano.

La Arquidiócesis de la Habana tiene una larga experiencia en la promoción de espacios desde la sociedad civil, por lo que no sorprendería si la revista mantiene un alto perfil. Espacio Laical es un proyecto institucional y no tiene por qué ser rival de la nueva idea Cuba Posible propuesta por Veiga y González. Sin disputar a los editores salientes sus méritos es conveniente recordar que se trata de un trabajo en el que intervinieron muchos otros, durante y antes de su gestión. Si hay una metáfora que expresa la gestión de Veiga, González y otros no menos importantes como Jorge Domingo Cuadriello es la visión de Casa Cuba, una imagen inclusiva de toda la familia nacionalista, pero con puertas y ventanas para proteger el interés público, que siempre va más allá de la suma simple de individualidades.

Es de esperar que tal postura no cambie con la nueva dirección de la revista. Gustavo Andújar es un laico católico inteligente y culto, con larga inserción en el contexto cubano y con relaciones de muy larga data en el episcopado e internacionales. Quien suceda a Jaime Ortega en el Arzobispado de la Habana no será un recién llegado a las relaciones Iglesia-Estado y tendrá como guía el papado del jesuita Francisco que no postula un recogimiento en los templos. Todos los obispos conocen tanto la fuerza como los límites de su convocatoria, son resultado de una Iglesia crecida bajo el gobierno revolucionario. Una línea confrontacional sería incoherente con sus valores, y también irracional.


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