Actualizado: 21/09/2018 11:18
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Rodiles, Payá, Oposición

Gavilanes y pitirres en oposición

Rodiles parece considerar que los cubanos tienen más miedo de ir a votar, por un proyecto ajeno que considera fantasioso, que de salir a protestar a la calle, y llevar así a un éxito rotundo su proyecto, que languidece en las sombras habaneras o vibra en la luminosa Miami

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El actor político Antonio Rodiles viene despachando como fantasía tanto la campaña Cuba Decide, liderada por Rosa María Payá, como toda estrategia opositora basada en el voto. Al igual que Fidel Castro contra el batistato, Rodiles predica la línea dura contra el castrismo: “Los derechos no pueden ser sometidos a un plebiscito, nos tocan aunque el 99,99 % de la sociedad no los deseara. En Cuba hay que darle fin a la dictadura y punto, no demos más vueltas”. “A diferencia de Castro, Rodiles dista mucho de practicar algo que sirva para poner fin a la dictadura.

Al importarle un comino “el 99,99 % de la sociedad” frente a su dogma de derechos humanos, Rodiles se revela como un Castro anembrionario, esto es: un Castro condenado al aborto espontáneo por falla crucial —falta de poder social— en el desarrollo del embrión.

Aparte de que jamás reclutará a nadie para atacar nada ni vendrá nunca en ninguna expedición al regreso de alguno de sus tantos viajes al exterior, Rodiles se apea con que “el ciudadano todavía está lleno de miedo para pararse en una urna [de votación] y decir exactamente qué piensa”. Y lo hace después de haber instado a todos a marchar por las calles, porque así el miedo y la dictadura se acabarían, como si la gente tuviera más miedo de ir a votar que de salir a protestar a la calle.

Tras marchar unas cuantas veces, Rodiles abandonó a las Damas de Blanco, quienes aguantaban sus peroratas en el Parque Gandhi y ahorra tienen que arrear solas. Rodiles no aparece entre los detenidos (y hasta desaparecidos) del domingo, porque su nueva idea es convertir “la transferencia de poder en un parteaguas, donde los cubanos digamos hasta aquí”. A tal efecto convoca a quedarse en casa el día de la votación, como si el abstencionismo fuera acción política mejor que salir a votar contra del Gobierno. Y eso sí, exhorta a todos a desfogar anticastrismo en las redes sociales, como si la suerte política del país se decidiera en Internet.

Jusnaturalismo rodileano

Rodiles largó: “Los cubanos tenemos el derecho a elecciones multipartidistas, libres y competitivas, sin dictadura. Ese derecho nos toca y tenemos que arrebatarlo”. Todavía no se ha dado cuenta de que los derechos que nos tocan nunca jamás se dan sin intervención del Estado. Está clavado en la noción obsoleta de los derechos naturales y confunde el plebiscito vinculante como mera consulta, en vez de ademán para forzar al Estado a conceder esos derechos, que de algún modo natural “nos tocan”, pero que de ningún modo estatal nos dan. Y eso de arrebatar los derechos a la dictadura es la enfermedad infantil del anticastrismo tardío: todos vocean el arrebato, pero ninguno dice cómo.

Esta confusión —o engañifa— se agudiza con que “los cubanos están secuestrados por el clan Castro Espín”, como si la dictadura fuera cosa de familia en vez de partido único, y llega a la fase terminal con que los opositores no deben ir a la guerra electoral por escaños en las asambleas municipales, pues quienes resulten electos tendrían que jurar la constitución y así pasarían de opositores a traidores.

Rodiles y su comparsa vienen a dárselas de patriotas radicales sobre la base de que “bajo el castrismo no ocurrirá” nada favorable a la democracia, pero sin asumir ni por asomo la única alternativa de acabar con el castrismo sin atenerse a su constitución: la violencia. Ni Rodiles ni ningún otro estadista de SAT ni forista de Derechos y Libertades sale a la calle ni va pa’l monte a batirse.

Rosa María Payá es al menos consecuente. Predica y practica la vía pacífica, que sólo puede basarse en el ejercicio del sufragio, ya sea plebiscitario u electoral. Rodiles no es na’ / ni chicha ni limoná. Se la pasa de La Habana a Miami o adonde sea en uso militante y mutante de las palabras. En contra de Cuba Decide predica: “Tenemos que tener derecho a hablar, reunirnos, asociarnos y a elegir libremente nuestro destino. Eso no puede ser consultado, eso nos toca. Entenderlo es básico para luchar por nuestra libertad”. Sólo que, para luchar por la libertad, Rodiles practica la acostumbrada síntesis anticastrista tardía de resistencia cívica y armada en línea dura: tirar con la cara.

Coda

No hay que lamentarse por eso. En los albores de ese fenómeno histórico denominado nación cubana, el Padre de la Patria dejó ya constancia de la desunión entre cubanos del mismo bando [1] y de la desvergüenza colateral de luchar más resueltamente por recursos para sí mismos que por la libertad, el pueblo y demás hipocresías [2]. Aquella desunión y esta desvergüenza campearon por sus respetos en el anticastrismo temprano beligerante [3] y campean en el anticastrismo tardío [4], ahora mismo dividido en dialogueros, fundacionalistas u obamistas frente a duros, rosablanqueros o trumpistas.

Notas

[1] “Por lo visto se ha convertido la cuestión en personal entre los aldamistas y quesadistas”. Cf.: Carlos Manuel de Céspedes, El diario perdido, Ciencias Sociales, 1994, 179. Miguel Aldama, presidente de la Junta Revolucionaria Cubana en el exilio, entró en disputa con el general Manuel de Quesada, enviado especial de Céspedes al exterior con la misión de organizar expediciones armadas. Sobrevino entonces la división exiliar entre los partidarios de uno y otro.

[2] “El amor a la patria, el deseo de su libertad y su independencia para muchos no son sino palabras que han aprendido como la cotorra. No reina más que un grosero egoísmo”. Cf.: Ibidem, 202.

[3] “Every time that there was an attempt to talk or plan the unity, the biggest worry of every representative of the groups has been the personal position of every one of them, the possibilities that the unity would open to their aspiration and the bigger or smaller remuneration's and side benefits that they could obtain”. Cf.: Memorando del exiliado Luis Aguilar León adjunto a informe policial fechado el 9 de marzo de 1961 en Miami.

[4] “Whether or not the opposition organizations have agendas that can be made to appeal to a broad range of interests on the island, they must first begin to achieve some level of unity of purpose as an opposition, or at least stop spending so much energy trying to undercut one another (…) With seeking resources as a primary concern, the next most important pursuit seems to be to limit or marginalize the activities of erstwhile allies, thus preserving power and access to scarce resources”. Cf.: Cable de Jonathan Farrar, Jefe de la Oficina de Intereses de USA en La Habana, fechado el 15 de abril de 2009.


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