Actualizado: 18/01/2022 16:22
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Ideólogos del castrismo tardío

¿Qué cuerpo de ideas puede haber cuando sólo se trata de sostener a un grupúsculo en el poder?

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Ninguno de los "ideólogos" con que cuenta el castrismo tardío son menores de cincuenta años. Ninguno, ni siquiera los que se agarran de las falsas necesidades que el mercado genera, es capaz de un pensamiento coherente, argumentado, sin fundamentarse en negaciones, sin definirse por oposición.

La vejez física —y claro que sobre todo mental— define una evidencia esperanzadora, similar a la que se observa entre los escritores que permanecen dentro de la olla apagada y vacía. Entre más joven es el intelectual —incluyo académicos y periodistas—, menos aparece una defensa de la otrora revolución, del marxismo leninismo, del guevarismo o del nacionalismo populista.

La ecuación es sintomática, hasta las tesis de licenciatura, maestría y doctorado reflejan el hartazgo: no interesa ni la biografía del máximo líder convaleciente ni el análisis de la Constitución de 1976 y sus posteriores cambios, ni la cientificidad del comunismo —el único partido se sigue llamando "comunista"— ni en cuáles axiomas se sostiene el capitalismo de Estado. No interesa nada más que cómo hacer la transición.

"Hoy mismo, mientras las fuerzas discretas de la transición pujan por una apertura mercantil, los profesionales de la ideología cubana siguen insistiendo en un guevarismo sacrificial y anticapitalista en el que nadie cree o al que a nadie le interesa" —afirma Emilio Ichikawa en La transición, el mercado y los intelectuales.

Aunque la generalización omite matices, es decir, individualidades, en verdad molesta lo que el ex profesor de la Universidad de La Habana llama "santurronería intelectual", tras nombrar a Rubén Zardoya, Aurelio Alonso y Eduardo Torres Cuevas.

A propósito de estos tres nombres, hay que añadir que los "profesionales", aparte de que la mayoría pasa por lo menos del medio siglo de sobrevida, son hoy menos de la treintava parte que a finales de los setenta, cuando las escuelas de cuadros, encabezada por la Ñico López del Partido, permitían que cientos de "pensadores" elucubraran acerca de las peculiarísimas particularidades del "socialismo cubano", del ideario tercermundista no europeizante y del papel de la vanguardia dirigente en la lucha de clases.

Escasez ideológica

Tras el desmerengamiento del "campo socialista" europeo y la desviación capitalista chino-vietnamita, bien poco quedó en marcha hacia los clásicos hijos de Hegel, ya además agotados por la propia historia a la que erigieron como jueza inapelable, inexorable. Para colmo —ahora desde el ángulo caudillista— nunca se les dio un significativo espacio, más bien parecieron aderezos de un pastel cuya masa tenía un solo nombre: Comandante en Jefe, ideología caribeña a la norcoreana.

Nunca la cúpula del Poder —¿hay que recordar lo ocurrido en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, y a su revista Pensamiento Crítico?— estuvo muy interesada en que hubiese círculos profesionales de filósofos sociales, como tampoco de economistas, historiadores o especialistas en experiencias foráneas. Contrasta su escasez —aun en los años dorados de la subvención soviética y la guerra fría— con los recursos otorgados a las ciencias biológicas, al deporte o a manifestaciones artísticas no tan peligrosas —ideologizadas— como las literarias, es decir, al ballet, la danza moderna o el folclor.

Mucho menos hoy, cuando los soportes en ideas se han reducido a "reflexiones" en la prensa, cuando los lectores esperan diagnósticos de geriatras; a esquemas empolvados en las viejas consignas de los años sesenta, cuando se esperan medidas aperturistas que detengan la ruina económica; a tópicos martianos sin filo, cuando se espera que la gratuidad de la educación y la salud pueda salvarse de la indigencia profesional y material; a lupa catastrofista hacia todo lo malo que sucede fuera del estático, apuntalado paraíso, cuando se sueña con un final no sangriento, sin un maleconazo que desencadene una guerra civil.

Los perros del paraíso —la novela de Abel Posse— sólo tiene en la Cuba actual a los perros fieles y falderos, que aún osan clasificar las ideas en burguesas, pequeño burguesas, proletarias…; que aún se encharcan la vista en un nacionalismo extemporáneo y en un imperialismo más propio del siglo pasado que de la era cibernética, globalizada para bien y con muchos males a solucionar, más importantes para la especie humana que el rizoma cubano.

Poco o nada que decir

Los ideólogos del castrismo tardío carecen de ideología. Saben que por ahí poco pueden sustentar con un mínimo de coherencia y dignidad científicas. Prefieren omitir el debate, irse hacia atrás, estudiar arqueología. Se aferran desesperadamente al pasado, salvo algunos —astucia y lucidez— que optan por un curioso silencio y alegan investigaciones en curso, cronogramas de proyectos de tesis siempre postergadas, sometidas a nuevos análisis.

Lo siento, pero a estas alturas de la crisis inmovilista cubana, no puedo creer que los llamados ideólogos del "socialismo cubano" actúen por convicciones. Ni siquiera aquellos que por su extracción social humilde o sus desvaríos utopistas estén atados a la imagen —real, indiscutiblemente real— de la Cuba prerrevolucionaria, con sus violentas desigualdades, corrupciones y crímenes.

Es absurdo, o cuando menos poco dialéctico, justificar los errores del "socialismo real" con referencias a un pasado ya remoto (1958) o a un no menos exógeno "imperialismo", cuyas medidas represivas más han servido para justificar el totalitarismo y amargar la vida de los cubanos de a pie, que para lograr sus objetivos hegemónicos.

Por encima de polémicas —como la que suscita el párrafo anterior—, lo cierto es que apenas se publican temas "ideológicos" en la Cuba actual, que apenas o nunca se celebran eventos que involucren a los departamentos de filosofía de las universidades o a los tan endebles centros de investigación en ciencias sociales. Parece que hay poco o nada que decir.

El próximo congreso de la UNEAC, a celebrarse en La Habana entre el 1 y el 4 de abril, no incluye en ninguna de sus 13 comisiones el debate sobre la ideología en la Cuba actual. Nada más lógico, nada más obvio. Pregúntenle a la Comisión Organizadora, o al designado presidente Miguel Barnet. ¿Qué ideología —de cualquier tendencia— puede haber cuando sólo se trata de sostener a un grupúsculo en el poder?


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