Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Opinión, Primavera Negra

La cárcel o el destierro, que tanto se parecen

El autor considera que sería un retroceso dejarse llevar por la euforia a consecuencia de ciertas limosnas otorgadas por el régimen en los últimos días

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Hoy nos despertamos con la “feliz” noticia de que las gestiones que ha llevado a cabo en los últimos tiempos con la dictadura cubana el canciller español Miguel Ángel Moratinos —quien se encuentra en Cuba—, al fin podrían resultar en la liberación de un grupo de presos políticos que se encuentran en delicado estado de salud.

El señor Moratinos, según las informaciones, se siente encantado con esta posibilidad, que ya casi es una realidad. Lo mismo ocurre con la Iglesia católica. Así, ahora podemos darnos cuenta que tanto la Iglesia como el canciller español le han hecho el juego a la tiranía cubana en los últimos días. Un halo de misterio cubría estas negociaciones desde que, a cuentagotas, la opinión pública fue recibiendo algunos resultados de ellas. Hoy podemos afirmar que todo no ha sido más que una componenda en la que la tiranía castrista llevaría la mejor parte. Un negocio redondo para Raúl Castro y sus secuaces.

Si los presos políticos —que, no olvidemos, nunca debieron ser condenados por expresar libremente sus ideas, o al menos intentarlo— aceptasen la ultrajante condición de recibir la libertad a cambio de ser enviados al extranjero, el gobierno castrista se quitaría de encima uno de los mayores problemas que enfrenta con la opinión pública internacional.

Según ha declarado Moratinos —que por alguna razón, que al menos yo desconozco, ha mantenido desde siempre una amorosa afinidad con la tiranía de los Castro—, su visita  a la Isla y el diálogo entre la Iglesia y la dictadura tendrán  “resultados positivos” que “lógicamente van a convencer” a la Unión Europea para que abandone la “Posición Común” en relación a Cuba. Es decir, ya el diplomático español asevera —algo sospechoso, sin duda—,  lo que habrá de suceder en caso de que sus gestiones y la del catolicismo prosperen.

Lo anterior sería la otra gran victoria de Raúl Castro: la Unión Europea retirará o al menos rebajaría las presiones que ha ejercido contra la tiranía, puesto que ya el problema fundamental, las condiciones infrahumanas que sufren los inocentes presos políticos cubanos, habría cesado.

¿Y será producto del candor o no es más que un aviso “estratégico” el hecho de que el diplomático español diga confiar en que, en el futuro, podría esperarse que el régimen cubano conceda otras libertades, como sería “una mayor facilidad para los cubanos en el acceso a internet”? El señor Moratinos vive en una sociedad democrática y, como tal, tiene acceso a esta tecnología; de modo que él está muy claro en que si los cubanos tuviesen acceso a internet la dictadura estallaría casi de inmediato. Y nada parece indicar que el canciller español quisiera tal cosa.

Si al fin la liberación se hiciera realidad, en el caso de que los presos políticos aceptaran la condición impuesta, ¿estaría aún vivo Guillermo Fariñas, y renunciaría a la huelga de hambre que lleva a cabo por más de 130 días? Esto es muy poco probable, pero si así resultara sería un jaque mate histórico para Raúl Castro.

Sólo la presión internacional puede lograr que en Cuba desaparezca el estalinismo. Si nos dejamos llevar por la euforia a consecuencia de ciertas limosnas otorgadas por el régimen en los últimos días, y de paso descuidamos continuar las denuncias de los tantos males que aquejan a aquella sociedad, estaremos retrocediendo. No sé si está mal, sólo en situaciones excepcionales,  aceptar las dádivas; lo que sí creo es que, al aceptarlas, debemos exigir —no suplicar— la próxima, con todo vigor; aunque esto suene paradójico.

Quizá debamos recordar que en ciertas sociedades antiguas quienes cometían algún delito eran condenados al destierro, no a la cárcel. Y recordar aquellos versos de  Nazim  Hikmet: “Oh, mujer amor mío/ el exilio es más duro que la muerte”.


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