Actualizado: 21/09/2018 11:18
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Almagro, Cuba, OEA

Las peripecias del gallardo Almagro y la doctrina Monroe

El problema es que plantear en las actuales circunstancias ese plebiscito en Cuba, en que Almagro por asociación se ve involucrado, es un poco tonto

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El secretario general de la OEA, Luis Almagro, se ha paseado de nuevo muy orondo sobre Miami. Cualquiera diría que llegó, miró y venció, como se dice que hacían los romanos. Todo un secretario general de los países americanos en olor de democracia que se allega a Miami para recibir un premio; entonces, sentencia sobre el pasado, el presente y el futuro de Venezuela y de paso apoya con su presencia un imposible plebiscito para Cuba. No es que un plebiscito sea algo feo, porque un plebiscito siempre es algo hermoso, pero el problema es que este plebiscito en que Almagro por asociación se ve involucrado es un poco tonto.

Porque ¿cómo es posible, real y efectivamente llevar a cabo un plebiscito, ¡y encima “vinculante”! en Cuba? Preguntémonoslo otra vez: ¿Es posible, real y efectivamente, efectuar un plebiscito (aunque fuera sobre el café con leche) en Cuba? Que cada cual se dé la respuesta sobre el plebiscito cafeconlechero y después que lo multiplique por lo que le parezca para evaluar la real posibilidad de un plebiscito ¡vinculante! en Cuba que quiere sacar del poder al Partido Comunista, que es quien gobierna Cuba y otorga los permisos desde para hacer un café con leche hasta para hacer un plebiscito.

No tengo dudas de que Luis Almagro es un hombre inteligente, así que seguramente se habrá hecho la misma pregunta sobre la posibilidad de un plebiscito en Cuba, utilizando como punto de partida las hojas del mate y habrá llegado a la misma conclusión: “Es dificilísimo”… porque además, “¿Cómo le preguntamos a once millones de cubanos si les gusta el mate sin que se entere el Gobierno?” Por lo tanto, si Almagro es un hombre inteligente y preparado, curul supremo en los Estados Americanos al sur del Río Bravo, ¿cómo es posible que no les dijera a todos los entusiastas reunidos en el Museo Cubano de Miami, que con esto del plebiscito vinculante se siguen internando en el dulce universo de la grandilocuencia y la bobería?

Será porque Almagro es un hombre muy parco, corto de palabras, reservado, y por eso tampoco dijo nada cuando el secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson —en tournée por América Latina— dijo que la Doctrina Monroe no había que olvidarla. Aunque esto es más entendible. La doctrina Monroe, con casi dos siglos de vieja, predicaba “América (el continente) para los americanos (de Estados Unidos)” y aunque Almagro es secretario de la Organización de Estados Americanos, habrá llegado a la conclusión de que “algunos estados son más americanos que otros” —recordando aquel 1984 de George Orwell— y lo habrá aceptado en el nuevo mundo orwelliano que tal vez conciba Trump para hacer a “América” grande otra vez.

¿No se supone que la OEA reúna a todas las democracias del continente junto a Estados Unidos para ser tratados por igual, con los mismos derechos y dignidades de sus diversas soberanías? Sí, precisamente fue inspirada bajo ese manto desde la administración de F.D. Roosevelt en 1933[1] pero nunca fue así… la cantidad de meddlings en las democracias de América Latina en forma de golpes de estados, asesinatos y conspiraciones por parte de EEUU en todo el siglo XX fue todo menos discreta. Y aunque John Kerry la dio por definitivamente muerta en 2013, precisamente en la sede de la OEA, Tillerson y Trump la quieren revivir. El gran garrote.

El primer escenario será probablemente Venezuela, cuya crisis nacional es dramática, lamentable y vergonzosa, tanto para un gobierno sumido en una deshonesta incompetencia como para una oposición dividida y corrupta. La no invitación de Nicolás Maduro a la Cumbre de las Américas, además de un favor del presidente peruano Kuczynski a Trump, es una manera de decantar definitivamente a los países de la OEA en el tema de Venezuela. ¿Cuántos no asistirán a Lima en protesta? ¿Cuántos entenderán que el mandato de Washington a través de la OEA también ha cambiado para ellos? ¿Protestará Almagro cuando empiecen los choques fronterizos en Venezuela, cuando Estados Unidos y su coalición latinoamericana quieran conquistar la Pax Americana? Seguramente no. Y nosotros, boquiabiertos, no sabremos si estaremos contemplado lo bueno, lo malo, o lo inevitable. Si vimos marchar las grandes ruedas del dolor o simplemente las grandes ruedas de la historia, o si las dos, tristemente, no son más que una sola.


[1] La OEA fue fundada en 1948.


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