Actualizado: 10/12/2019 14:39
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Redes, Bolivia, Chile

Las protestas multitudinarias y las redes subterráneas

A los manifestantes bolivianos contra Evo Morales se les acusaba de haber sido manipulados por el “imperialismo”, y a los manifestantes chilenos de haber sido manipulados desde Cuba y Venezuela

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Desde Hong Kong hasta Irak, pasando por Irán, desde Cataluña hasta Puerto Rico y desde Ecuador hasta Chile, pasando por Bolivia, la noticia son las protestas multitudinarias contra arbitrariedades gubernamentales. Han logrado echar atrás medidas impopulares y la renuncia de dos jefes de Estado. Periodistas y politólogos se hacen muchos cuestionamientos. ¿Quiénes las convocaron? ¿Cómo se pusieron de acuerdo? ¿Dónde están los líderes? No hay un signo ideológico que las identifique. Las protestas se realizan lo mismo contra gobiernos de izquierda como de derecha. Algunos las comparan con la Primavera Arabe y hablan de una “Primavera Hispana”. Pero las protestas no han sido sólo en países hispanos.

A los manifestantes bolivianos contra Evo Morales se les acusaba de haber sido manipulados por el “imperialismo”, y a los manifestantes chilenos, de haber sido manipulados desde Cuba y Venezuela, pero ni bolivianos, ni chilenos necesitaban que nadie los azuzara; los bolivianos porque ya estaban exacerbados por el caso omiso de Morales ante la negativa del pueblo a presentarse para un cuarto mandato expresado en el referendo, y en Chile porque la prosperidad tan ensalzada por los politólogos había sido sólo beneficiosa para los sectores privilegiados, y por una constitución pinochetista que aún se mantenía como una camisa de fuerza (“cinturón de castidad” lo llamó una periodista chilena) que obligaba a la sociedad a mantenerse aferrado a la política neoliberal que el dictador había impuesto.

Frente a la crisis de los partidos políticos, han ido surgiendo, desde las últimas décadas del siglo XX, formas mucho más efectivas de organización popular: las redes. No se trata sólo de las ONG, ni tampoco de las “redes sociales” de comunicación surgidas con el avance de la tecnología, aunque el internet se ha convertido en una herramienta formidable para las redes. El sociólogo Manuel Castells escribió en su obra La Sociedad Red (1997): “Internet ha hecho pública las redes. Permite, por primera vez, la comunicación de muchos a muchos”. Las redes a las que me estoy refiriendo, ya comenzaban a surgir cuando la comunicación era sólo telefónica y de correo regular.

Aunque Gandhi ya las usaba en la India en su lucha contra el régimen colonial inglés, el movimiento de redes de nuestra época se inició en los años 70 por influencia de las rebeliones de la década anterior en varios países. En 1980 Marilyn Ferguson las definía, en su best-seller La Conspiración de Acuario[1], como “crecimiento en espiral de todo tipo de entrelazamientos —de individuos con individuos, de grupos con grupos—, como un gran movimiento de resistencia subterránea en un país ocupado en vísperas de su liberación”.

Las redes no tienen jefes, sino que todo lo acuerdan por consenso, y sólo requieren de un coordinador. No es que no haya líderes, sino que tienen muchos líderes, pero sin cargos, porque se trata de lideratos morales o de talento que ejercen su influjo por las condiciones personales, sin nombramiento alguno. Donde las leyes no reconozcan el derecho a la libre asociación, sus miembros no pueden ser encausados por supuesta “asociación ilícita”, porque no se trata de organizaciones formales con dirigentes y estatutos sino de convergencias informales de amigos afines que se juntan —aunque esos encuentros sólo sean virtuales—, para compartir ideas y sentimientos.

En cualquier lugar del mundo donde exista un gobierno dictatorial o totalitario, o donde haya cualquier injusticia institucionalizada, los ciudadanos insatisfechos pueden congregarse y realizar sus congresos sin tener que trasladarse a una locación física, sino reuniéndose en un sitio virtual, por lo que no pueden ser víctimas de redadas policiacas masivas. Pero a veces ni siquiera necesitan el sitio virtual, como se podría entender un blog o cualquier página web, sino un entrecruzamiento de mensajes electrónicos directos de persona a persona, aunque generalmente los mensajes son enviados a todos a la vez, de modo que aunque el destinatario principal sea una persona en particular, todos los demás lo reciben y reaccionan si lo desean, interviniendo en la discusión o en el intercambio de impresiones.

Aunque se trata, básicamente de redes de personas, pueden llegar a convertirse en redes de redes, pero son asociaciones horizontales, nunca verticales como las organizaciones políticas formales que cuentan con comité central, secretariado y máximo líder. Se comienza por pequeñas redes de unos pocos ciudadanos para compartir ideas y preocupaciones, que poco a poco van creciendo y relacionándose con otras redes afines, hasta que se crea una red de redes, y ésta, a su vez, se vincula con otras redes de redes, y así sucesivamente, mientras extienden e irradían su mensaje a toda la ciudadanía, y se va generando una conciencia y una voluntad de cambio. Y de pronto, un día, provocado a veces, por un hecho aparentemente insignificante, todos aquellos pasos previos dados en el subsuelo social, estallan en la superficie en reclamo generalizado de cambios.

No es una conspiración como generalmente la entendemos. Las verdaderas “armas” serán las palabras, y el “arsenal”, una rica fuente de ideas, y aunque el objetivo final es la transformación de la sociedad, no se trata de crear condiciones para una lucha armada, ni de derrocar violentamente al gobierno, sino que la verdadera revolución será, justamente, en la conciencia de los ciudadanos. Generalmente las manifestaciones son pacíficas, aunque muchas veces son aprovechadas por grupos delincuenciales y otros elementos para el saqueo y el vandalismo. En realidad, no necesitan de violencia alguna, porque cuando las redes se extienden por toda la sociedad, con un llamado ante cualquier injusticia, pueden paralizar a toda una ciudad y a veces a todo un país.

Las manifestaciones de los “indignados” unos años antes en Europa y Estados Unidos, sabían contra qué protestaban, pero no tenían una clara visión en cuanto a demandas y objetivos. Sin embargo, a diferencia de las violentas movilizaciones contra la globalización que las precedieron, dejaron una enseñanza en cuanto a mantener el carácter pacífico de las protestas.

Otras redes, sin embargo, se mantienen en el subsuelo y desde allí ejercen su influencia. Muy pocos conocen que en la decisión del presidente Obama para reanudar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, una red tuvo cierto peso, el “Grupo Concordia”, cuyos miembros, conscientes de que el cambio en Cuba no sería posible hasta que no hubiera un fortalecimiento de la sociedad civil y de una ciudadanía independiente, abogaron por el restablecimiento de esas relaciones. Se remitió a Obama, en marzo de 2009, una explicación fundamentada de las ventajas de esa nueva política, con numerosas firmas de cubanos residentes en casi todos los Estados de la Unión y en países de América Latina y Europa[2]. La respuesta llegó nueve meses después. El propio Obama aseguraba que aquellas preocupaciones estarían en su mente en lo adelante. A pesar de que algunos de los firmantes consideraron la respuesta como un “texto protocolar”, se sorprendieron cuando poco después la administración Obama comenzó a dar pasos en esa dirección.

Ya en 1928, el historiador y novelista de ciencia ficción, H. G. Wells, como si hubiera viajado en su máquina del tiempo, las había previsto en su programa para una sociedad nueva: “La conspiración no revestiría la forma de una organización centralizada, sino que estaría formada más bien por grupos de amigos o coaliciones entre los mismos”.

Marilyn Ferguson consideraba a lo que llamaba “conspiración de Acuario”, como una red de redes integrada por numerosas personalidades eminentes, en pos de una nueva Era con un paradigma de paz y amor, de respeto a la vida y a la naturaleza, y libre de explotación de unos por otros. Pero Marilyn abandonó este mundo hace ya once años, y la “conspiración” parece haber terminado. ¿Ha empezado, acaso, la Revolución?


[1] Marilyn Ferguson dedica gran parte del capítulo VII de la obra citada, a las redes.

[2] La carta puede leerse en concordiaencuba.blogspot.com/2009/03/carta-al-presidente-obama-html.


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