Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Fidel Castro, Cuba, Venezuela

Llamado a la guerra del Mariscal Fidel Castro

El ejército venezolano podrá ser el mejor equipado de América Latina. ¿Y qué?

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La demencia senil se confunde con la mala fe consuetudinaria de Fidel Castro, y de cuando en vez aparece en la prensa oficial una “reflexión” o alguna carta suya, que demuestran que cada vez se aleja más de la realidad, lo cual ya es mucho decir.

Ahora que Raúl Castro, a pesar de la gritería de guapo de barrio para calmar a su caverna, trata de “cuadrar la caja” con Washington para salir del atolladero, Nicolás Maduro toca tambores de guerra en Caracas porque Barack Obama declaró a Venezuela amenaza para la seguridad nacional de EEUU, sin explicar suficientemente los porqués, y prohibió a unos cuantos corruptos venezolanos visitar Disneyworld y disfrutar dineros mal habidos depositados en bancos de Estados Unidos, el Mariscal de Moringa Fidel Castro no llama a la calma y el sosiego, sino atiza el belicismo: al fin y al cabo, si hubiera combates —que no los habrá— sería muy lejos de Punto Cero.

Declarar que el ejército venezolano es el mejor equipado de América Latina lo único que dice es que Hugo Chávez y Nicolás Maduro se gastaron el dinero del pueblo venezolano, que sufre múltiples escaseces y carencias por la pésima gestión de sus gobernantes, en comprar armamentos y equipos militares a Rusia, China e Irán, que no servirán nada más que para masacrar venezolanos. ¿Qué utilidad tendrían esas armas? No para combatir “al imperio” en abstracto. Ni a Colombia, con un ejército que lleva medio siglo enfrentando narcoguerrillas. Ni a Brasil, gigante suramericano con un alto mando caracterizado desde siempre por su capacidad intelectual y estratégica. Entonces, ¿qué otros “enemigos” cercanos le quedan a Caracas? ¿Guyana, Aruba, Antillas holandesas, Trinidad-Tobago, Panamá, Costa Rica?

Parecería cosa de risa. Pero no lo es, porque incitar a la guerra nunca puede serlo, sobre todo cuando el supuesto peligro real existe solamente en los delirios seniles del Mariscal de Moringa Fidel Castro y en las griterías insensatas del inepto Nicolás Maduro, quien continuamente “descubre” conspiraciones y golpes de Estado contra su gobierno, aunque nunca puede demostrarlos, porque todo es una farsa.

¿Qué importa que un ejército sea el mejor equipado de una región si carece de atributos más importantes en términos estratégicos? En primer lugar, entrenamiento. Desde los años sesenta del siglo pasado, cuando las fuerzas armadas venezolanas derrotaron la guerrilla castrista en las montañas venezolanas, no ha habido combates. En casi cincuenta años esos cuerpos armados no han pasado de maniobras, entrenamientos y ejercicios militares, sin enemigos reales.

Por otra parte, más importante que el equipamiento de un ejército es su capacidad de lo que los americanos llaman CCC, es decir, comunicaciones, comando y control, habilidad de los mandos superiores de mantener una continua interacción entre puestos de mando a todos los niveles y tropas en el terreno, y entre los estados mayores de las diferentes unidades que participan en las acciones combativas: terrestres, coheteriles, aéreas, navales, tropas especiales, inteligencia.

Sería alucinante creer que los altos mandos de las fuerzas armadas venezolanas, a pesar de la asesoría que les puedan estar brindando oficiales cubanos destacados en el aparato militar, cuenten con las capacidades requeridas para comunicaciones, comando y control con la efectividad requerida en la guerra moderna, si las promociones y ascensos en los últimos años en el país suramericano han dependido más de la lealtad al gobierno que de la capacidad profesional.

El interés básico de muchos integrantes del alto mando del país en los últimos tiempos nunca ha sido la defensa del territorio nacional ni de la constitución del país —misiones fundacionales de siempre— sino el más rápido enriquecimiento a través de la corrupción rampante y el narcotráfico, bajo la égida del “cartel de los soles”. Y desde hace mucho tiempo eso no se considera pecado en Miraflores, siempre que los generales griten muy alto ¡Viva Chávez, viva Maduro!

Además de todas esas serias carencias en los altos mandos militares, producto de una desastrosa e inmoral política castrense de los gobernantes venezolanos en los últimos quince años, el problema mayor lo representa el mismísimo receptor de la carta de aliento de Fidel Castro: el mariscal de videojuegos Nicolás Maduro, flamante “comandante en jefe” de las fuerzas armadas venezolanas, ahora disfrazado de “Mambrú”.

Alejandro Magno, el genio militar de hace más de veintitrés siglos, de quien Fidel Castro tomó su nombre “de guerra” cuando pretendía ser magno él también, expresó un criterio lapidario que retrata la realidad actual, no por la calidad profesional y humana de tropas y oficiales venezolanos de base, sino por la desfachatez de su alto mando y de su inefable “comandante en jefe” Nicolás Maduro:

“No temo a un ejército de leones guiados por un cordero. Temo a un ejército de ovejas liderados por un león”.

¿Dónde está el león para liderar ejércitos frente al “imperialismo”? ¿En Miraflores? ¿O en La Habana, en Punto Cero, entre sembrados de moringa?


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