Actualizado: 18/01/2022 16:22
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Fidel Castro, Chávez

Los Castro: políticas del pasado e incertidumbres del presente

¿Es la relación con Chávez la última conspiración, de dimensión internacional, en la vida política de los Castro?

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Fidel Castro ha actuado en política como un conspirador adicto al uso de estrategias temerarias utilizadas para sorprender a sus enemigos e incluso a amigos y aliados, en busca de ventajas que le dieran la victoria. Esas jugadas políticas las realizo en ocasiones de forma calculada, mientras en otras las hizo de manera improvisada y aventurera. En su identidad de líder caribeño sus maniobras políticas son más parecidas a las “partidas” de dominó tan arraigadas en la cultura del cubano que a un sofisticado juego de ajedrez. Raúl Castro, por su lado en su larga formación para dictador sucesor aprendió ese método conspirativo y ahora como nuevo gobernante del país se apresta a ponerlo en práctica en el terreno político.

Fidel Castro, combinando con destreza elementos de caciquismo, populismo, estado autocrático de raíz marxista, nacionalismo y antiimperialismo, alcanzó numerosos resultados que le han permitido mantener el poder por más de cinco décadas. Entre esas acciones se pudieran mencionar: el abandono de los preceptos del 26 de julio y la componenda oculta con los comunistas para cambiar el curso de la revolución democrática hacia un régimen totalitario de corte soviético; el Pacto Kennedy-Kruschov, mediante el cual Estados Unidos se comprometió a no invadir Cuba, y que le garantizó a Fidel un entorno seguro para gobernar durante décadas con poca incertidumbre acerca de la ausencia de una invasión norteamericana, aunque al unísono, atemorizaba al pueblo con esa posibilidad; la ruptura con los chinos que le favoreció transformar a Cuba en un satélite de la Unión Soviética y obtener subsidios económicos ilimitados para implantar su dictadura carismática; la jugada de quitarse al Che Guevara del camino dejándolo partir con su obsesión de una nueva aventura guerrillera para luego abandonarlo a su suerte, convertirlo a su muerte en un mártir de dimensión mundial y sacar un inmenso provecho al deificar su figura. Por último, no se puede ignorar la excelente movida política de Fidel Castro que llevó a poner bajo sus riendas a Hugo Chávez al ser electo presidente de Venezuela, logrando de éste una colaboración incondicional, factor esencial en la sobrevivencia del régimen cubano después del derrumbe del campo socialista.

Pero no siempre esas temerarias movidas le dieron los resultados esperados a Fidel Castro, el conspirador por excelencia. Con la intención de ser breve, solo mencionaré en orden cronológico cuatro ejemplos de sus más trascendentes estrategias fracasadas. 1) La derrota en Chile del gobierno de Salvador Allende en 1973, luego que Fidel Castro usando infinidad de estratagemas políticas y recursos materiales creyera que había cautivado a Pinochet y a otros militares chilenos, que después se encargaron de desmentir esa creencia al derrocar mediante el golpe de estado al presidente socialista, en una verdadera tomadura de pelo al líder cubano. 2) La aparente victoria de las tropas cubanas en las misiones internacionalistas que al final no condujeron a una consolidación de la posición personal de Fidel Castro como esperaba dentro del Movimiento de Países No Alineados y en el Tercer Mundo, ni a una retribución material significativa de recursos a Cuba, y que por el contrario, hoy esas misiones podrían ser consideradas elementos principales en el descalabro económico nacional, al haberse desperdiciado la ayuda económica soviética en incontables guerras intervencionistas en el mundo, a lo que hay que agregar, miles de cubanos muertos o heridos en combate y las enfermedades exógenas, el sufrimiento y el trauma extendidos en la isla a consecuencia de esas guerras; 3) La derrota de la revolución de Granada en 1983, un caso muy poco analizado al menos en la perspectiva a la que me referiré más adelante.

Por último, la desaparición del campo socialista y de la Unión Soviética, marco geopolítico donde Fidel Castro incorporó su régimen al prever que serían fenómenos eternos que le garantizarían su poder vitalicio, razón por la que más tarde debió enfrentar enormes dificultades para hacer sobrevivir su gobierno al caer el sistema socialista que erróneamente considero indestructible y al que se había convertido en excesivamente dependiente.

Maniobras fracasadas de Fidel Castro durante la revolución de Granada

Es habitual interpretar la derrota de la revolución granadina como resultado de la división interna de sus principales dirigentes, las que habrían conducido a la invasión de Estados Unidos. Pero vale la pena analizar el papel negativo que pudo haber desempeñado en ese proceso las arriesgadas maniobras de Fidel Castro. La revolución de Granada en 1979 que dio el poder al Movimiento Nueva Joya, MNJ y a su líder Maurice Bishop, fue objetivo inmediato de la política intervencionista de Fidel Castro que rápidamente pretendió extender su control sobre Bishop y sus colaboradores.

En su breve existencia de cuatro años la revolución de Granada sufrió una división irreconciliable al interior de su jefatura, entre los seguidores de Bishop y otro grupo que lo cuestionaba y que se nucleó alrededor de Bernard Coard, otro de los dirigentes del MNJ. No es este el lugar para entrar en detalles sobre las causas de la polémica, pero en aquel momento el grupo encabezado por Coard reclamaba desde una aparente izquierda radical, con razón o no, la necesidad de una mayor dirección colectiva y una menor personificación del poder en la figura de Bishop y exigía la profundización de la revolución al señalarle a Bishop una excesiva moderación en la implantación de medidas de carácter socialista y demasiados tratos con EEUU. Desde el primer momento de la revolución en Granada, Fidel Castro le dio su apoyo a Bishop y buscó influenciarlo con sus opiniones y ganarse su confianza. Pero hay evidencias que con el paso del tiempo, dentro del Departamento América del Partido comunista de Cuba, un grupo de funcionarios se fue familiarizando con las polémicas ideas de Bernard Coard, ideas que le fueron transmitidas a Manuel Piñeiro (Barba Roja). En realidad, Bernard Coard era considerado entonces por muchos granadinos y observadores internacionales como el verdadero comunista en las filas del MNJ, ya que había pertenecido a los partidos comunistas de EEUU e Inglaterra, tenía excelentes relaciones con el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y gradualmente se acercaba a miembros del Departamento América. Este último punto ha sido negado por Fidel Castro, quien ha asegurado que el gobierno cubano jamás tuvo vínculos con Coard y que ni siquiera personalmente conocía que existiese esa fracción opuesta a Bishop.

No obstante la afirmación de Fidel Castro, algunos datos hacen dudar de su veracidad, pues es sabido que fueron muchos los viajes a Cuba de Bernard Coard y sus reuniones con funcionarios cubanos en Cuba y Granada y en reuniones de la izquierda internacional, y aunque éste se ha negado a dar opiniones públicas al respecto después de salir de prisión, cabe la pregunta de si se hubiese atrevido Coard a emprender acciones contra Bishop sin tener cierto nivel de cabildeo con el Partido Comunista de Cuba, en cuanto a la necesidad de promover cambios en dirección granadina. Hay que recordar que Granada es una pequeña isla con unos pocos miles de habitantes y que en aquel momento había en su territorio un destacamento cubano de más de 700 hombres armados. Con los antecedentes citados es poco creíble la afirmación de Fidel en cuanto a que el gobierno cubano y él desconocían la postura disidente de Coard contra Bishop. Pero se pueden agregar otros argumentos en contra de la afirmación de Fidel; se sabe que en aquellos días el Comandante René Rodríguez Cruz, presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), y hombre muy cercano a Fidel Castro, comentaba a sus subordinados, entre los que me encontraba, que “le preocupaba la postura radical de Coard”, y Manuel Piñeiro le exigía a sus agentes proponer opciones operativas para solucionar los conflictos entre Bishop y Coard, por lo que parecería muy raro que Fidel no tuviera noticias de esta labor de Piñeiro y de los Comentarios de Rene Rodríguez. El propio Fidel Castro aceptó públicamente que Bishop le comentó que habían dificultades internas en el MNJ, y que en la misma conversación se había realizado una sincera autocrítica sobre sus errores como dirigente, lo que no concuerda con su alegación de que ignoraba los enfrentamientos entre los dirigentes de Granada.

Lo que es increíble es que alguien se hubiera atrevido en el PCC a darle el visto bueno a cualquiera acción de Bernard Coard en torno a promover cambios en la dirección granadina sin la autorización de Fidel Castro y esa intromisión suya en aquel conflicto interno de Granada, aún sin incluir la aceptación por los cubanos del uso de las medidas violentas contra Bishop que después llevó a efecto Coard y su grupo asesinando a su jefe, ratificaría la conclusión extendida dentro de la izquierda latinoamericana de que la revolución cubana ha desempeñado un papel negativo en el avance de la teoría y las prácticas políticas de la izquierda en la región, y aportaría un nuevo argumento para demostrar como en aras de una supuesta profundización revolucionaria sus dirigentes han sido capaces en el pasado de traicionar aliados, sacrificar amigos y reorientar deliberadamente de acuerdo a su conveniencia sus preferencias sobre los dirigentes cercanos, comportamientos que han sido usados por el liderazgo cubano bajo la máxima de que en la revolución el fin justifica los medios.

Garantizar la continuidad del chavismo y su control: maniobra imprescindible en la sobrevivencia del poder de los Castro

Es evidente que la dictadura cubana, basada en el estatismo autocrático y el unipartidismo, no pudo cumplir con sus promesas de desarrollar el país y alcanzar la democracia, y que por el contrario impulso a la nación a la peor crisis económica-social de su historia. Si algo comprenden Fidel y Raúl Castro, es que la dimensión de la crisis multifacética en que sus políticas han sumido a Cuba hace imposible, en el corto y mediano plazo, mantener el funcionamiento de la economía nacional y la gobernabilidad sin la obtención de recursos materiales y financieros externos que no pueden obtener en el comercio mundial a causa de la ineficiencia económica interna y a una política equivocada comercial, de integración al mercado mundial y en las relaciones internacionales.

En la sobrevivencia del régimen cubano, después de la desaparición del campo socialista y de la Unión Soviética, ha sido esencial la ayuda brindada por Venezuela, que ocupó el lugar de los países socialistas como aliado y sostén económico de Cuba. Haber encontrado ese nuevo aliado es un mérito que hay que apuntar a Fidel Castro. Muchos analistas hacen énfasis en que desde que Hugo Chávez conoció a Fidel quedó seducido por su personalidad, lo que favoreció que al llegar al gobierno ayudara al dirigente cubano a combatir la crisis. Pero esto es solo un ángulo del asunto. Hay que reconocer que Fidel, después de conocer a Chávez en 1994, le brindó colaboración en todos los ámbitos, para facilitarle su ascenso político en Venezuela hasta llegar a la presidencia cinco años después, en 1999. Lo dicho con anterioridad confirma que el dirigente cubano, con su sensible olfato político, ya había comprendido el decisivo rol que ocuparía en la sobrevivencia de su régimen el lograr un fuerte control y mecenazgo sobre el presidente Chávez.

Chávez ha pasado tres términos presidenciales desde 1999 hasta 2013, contribuyendo especialmente a la sobrevivencia del régimen cubano. Si observamos que el 31 de julio de 2006 Fidel inicio la sucesión del poder al entregárselo por herencia a Raúl, apreciamos que Chávez ha mantenido sus compromisos respectivamente con ambos durante casi el mismo periodo de tiempo, a pesar que con frecuencia se especulaba sobre supuestas malas relaciones personales entre Chávez y este último. Pero la grave enfermedad de cáncer de Chávez ha colocado a los dirigentes cubanos en una situación complicada y ante una inmensa incertidumbre. Los Castro centran sus esfuerzos en ayudar a los partidarios de Chávez a mantener el poder con su líder enfermo o muerto y en continuar controlando al chavismo como única vía de preservar el valioso sostén económico de Venezuela, y lo hacen sobre un basamento ayudado a construir por ellos, pues durante todos estos años acompañaron al presidente venezolano a convertirse, como ha escrito Asdrúbal Aguiar, en un “autócrata por consentimiento popular” que partiendo de elecciones fue cerrando los marcos democráticos, destruyó la separación de poderes y ha impuesto su voluntad mediante la fuerza y la coacción. Los Castro junto con Chávez en Venezuela han conducido a América Latina a la pérdida de otra oportunidad de edificar y consolidar procesos democráticos fundamentados en instituciones sólidas, para ir a caer nuevamente en la tradición histórica del continente de sostener gobiernos populistas y seguir a líderes mesiánicos.

Desde que se percibió la gravedad de la enfermedad de Chávez, los Castro con su vasta experiencia para la preservación del poder comprendieron que resolver ese problema sería el dilema político más importante de sus vidas, desde que hace más de dos décadas perdieron sus aliados al derrumbarse el campo socialista e intuyeron que de ello dependería en gran medida la sobrevivencia de su régimen. El casi retirado Comandante en Jefe tuvo que interrumpir sus sesiones de cultivo de la moringa, la escritura de libros y reflexiones y sus horas de reposo, para auxiliar a Raúl en la elaboración y ejecución del plan adecuado para mantener al chavismo en el poder y bajo su control. El primer objetivo del plan fue convencer a Chávez de que Cuba era el lugar ideal para su tratamiento médico, lo que después de algunos titubeos de Chávez y su familia se logró. Al agravarse su enfermedad, Chávez fue quedando a merced de las decisiones de los médicos controlados por los Castro, por lo que algunos observadores sugieren que el Presidente está secuestrado o preso en Cuba, y es innegable que se cumple cabalmente un segundo y fundamental objetivo de los Castro: Venezuela se está gobernado desde La Habana bajo la guía y supervisión de ambos.

El tercer objetivo del plan de los Castro, al conocer la posibilidad de la muerte o la incapacitación de Chávez para gobernar, ha sido controlar la selección del sucesor. Para esto los Castro también han adelantado su solución que consiste en darle un manto constitucional a la sucesión y buscar para esa posición a alguien que garantice la continuidad de las políticas de Chávez al interior de Venezuela, pero sobre todo, en sus relaciones con el gobierno cubano. Para los dos gobernantes cubanos lo primordial es lograr una sucesión con continuidad. El sucesor escogido, Nicolás Maduro, todo hace indicar que es de suficiente confianza para ellos.

Luego de la imposibilidad de Chávez de presentarse el pasado 10 de enero para la toma de posición de su cuarto termino presidencial, la disyuntiva que enfrenta el chavismo y los Castro es determinar si Chávez podrá regresar a la presidencia o si habrá que continuar gobernando definitivamente con Maduro. Los Castro se preparan para ambos escenarios. Para ello ganan tiempo, consolidan a Maduro en el gobierno, ya que el proceso de regreso de Chávez si su salud se lo permitiera seria menos problemático, al menos, si se produce en un tiempo prudencial. Los Castro atan todos los resortes para cumplir su otro objetivo en Venezuela, afianzar a Maduro en el poder. En ese sentido pareciera ser que las divisiones internas dentro del chavismo todavía están controladas, pero el fantasma de la Granada de Bishop vuela sobre sus cabezas.

Con una oposición debilitada, se vislumbra que en la actual coyuntura la continuidad de las políticas chavistas para Cuba pueda mantenerse, pero la incertidumbre vuelve a reinar en los Castro como cuando quedaron desamparados en la década de 1990, luego de la desaparición de sus aliados de Europa del Este. Pero aquí emerge otra amarga incertidumbre para los ancianos dirigentes. ¿Podrá el gobierno de los chavistas, lo mismo con Chávez o su sucesor, dada la gravedad de la crisis económica y la inestabilidad en la gobernabilidad que enfrenta Venezuela con la enfermedad del Presidente, continuar a niveles de consideración el sostén económico y la alianza política que le ha brindado al gobierno cubano? Lo preocupante es que los Castro saben que una respuesta afirmativa a esta duda es poco probable. Controversialmente, la preparación preventiva para el alejamiento o la pérdida de su aliado venezolano, vista desde el optimismo, pudiera ser un factor para estimular el incremento de las reformas de Raúl Castro, pero sinceramente esa muestra de sentido común de los gobernantes cubanos hasta el presente no la espero. Suponiendo que me equivoque y que esa apertura tenue al mercado manteniendo el unipartidismo tuviera éxito, sería solamente para conducir a Cuba a un capitalismo subdesarrollado autocrático, es decir, para retornar al país a la etapa previa a La Republica de antes de la Constitución de 1940, lo que equivaldría a más de cinco décadas de experimentos marxistas desastrosos para la nación cubana sin ningún beneficio y sentido. ¿Chávez fue en el pasado un factor esencial en la sobrevivencia del régimen cubano, será que su muerte o incapacidad para gobernar arrastrara a Cuba hacia la esperada transición democrática? Podrá la relación tramposa con Chávez y el chavismo ser la última conspiración de dimensión internacional en la vida política de los Castro?


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