Actualizado: 22/10/2019 9:54
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Opinión, Primavera Negra

Los disidentes cubanos liberados y la sociedad civil en Cuba

La solución cubana no es la expatriación de los disidentes. Es la creación de espacios donde éstos, así como la población en general, puedan expresarse y ser escuchados

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En estos días, como consecuencia del fallecimiento tras una huelga de hambre del preso político Orlando Zapata; una segunda huelga de hambre de otro opositor, Guillermo Fariñas; las protestas pacíficas de las Damas de Blanco y la intervención de la Iglesia católica cubana ―así como por la pendiente votación en la Unión Europea sobre la prolongación o derogación de la posición política común hacia Cuba―, el gobierno de La Habana ha decidido poner en libertad a un nutrido grupo de los presos de conciencia, recluidos desde la primavera de 2003.

Se ha iniciado también la salida de estos presos y sus familiares hacia España y otros países, una vez libres. O sea, que los presos están siendo virtualmente deportados. Sin duda una gran mejora, pero un rudo golpe a una apertura cubana. Porque al salir del país, pierden su voz, como alternativa. El gobierno se los quita de encima y luego todo sigue igual.

El problema fundamental cubano es favorecer una apertura que lleve, pacíficamente, de cincuenta años de gobierno unipartidista bajo los presidentes Fidel y Raúl Castro, a un régimen pluralista y abierto. Con esto se evitaría una posible debacle, producida por el enfrentamiento entre distintos sectores tras la desaparición de la actual septuagenaria dirigencia. Enfrentamiento que llevaría el país al caos, la guerra civil y a una intervención extranjera para atenuar esta situación y sus nefastas secuelas.

La mejor forma de promover tal transformación es mediante una ordenada apertura de la sociedad cubana, que amplíe la participación actual, que se limita a los partidarios del régimen. Más, para ello es necesario expandir la sociedad civil cubana, creando espacios para la alternancia, término que encontramos más inclusivo que el de disidencia.

La existencia de una sociedad civil es absolutamente necesaria para que se realice una apertura (termino que preferimos al de cambio de régimen). En Brasil, Chile y España ―nuestros modelos preferidos―, las sociedades civiles fomentaron (1) grupos alternativos al Gobierno con quien negociar, y (2) entrenamiento de personal capacitado en la infraestructura, para hacerse cargo de los asuntos del Estado tras el transito. En Cuba faltan ambas condiciones, porque el gobierno cubano ha suprimido la sociedad civil. Esta es una inmensa responsabilidad histórica, de la que Cuba tendrá que dar cuenta cuando, ineludiblemente, los acontecimientos del país evolucionen y se escriba su historia.

Los grupos disidentes internos tienen, sin dudas, un mérito extraordinario. Mas, están débilmente coordinados, carecen de una ideología común, así como de una organización nacional para mantener el control del país. Si ocurriese una explosión social, tales grupos difícilmente podrían hacerse cargo por sí mismos del gobierno, y podrían caer bajo una tutela, externa o interna, bien de un hombre fuerte o de un país extranjero.

Es necesario crear, a través de la sociedad civil, las condiciones que permitan a la alternancia compartir el gobierno. Esto sería posible fortaleciendo organizaciones como las religiosas, artísticas y fraternales, que permitan al ciudadano de a pie, poco deseoso de ser identificado y marginado por el gobierno como disidente, de incorporarse a ellas.

También, la comunidad internacional ha fallado en su tratamiento del caso cubano. Si la Isla cayese en el caos, deviniendo otro estado fallido, tan cercana a Haití y Jamaica, (donde tampoco reina el orden y la estabilidad), podría convertirse en otro foco de terrorismo o de distribución de drogas. La comunidad internacional tendría entonces más dificultad para controlar el problema, tan cerca de los EEUU y de las rutas de Europa.

La política europea de mirar hacia el otro lado no ayuda a la resolución del problema cubano. Los elementos alternativos y disidentes encuentran poco apoyo para actividades pacificas (conferencias, reuniones etc.) que pudieran generar una sana discusión y ayudar a la sociedad civil. Y se ven forzados a utilizar el apoyo de EEUU, el único ofrecido, con fuertes connotaciones políticas que son hábilmente manipuladas por el gobierno cubano.

El gobierno de EEUU utiliza también la sociedad civil cubana como estrategia para un cambio de sistema, lo cual provee otra excusa para que el gobierno cubano no la permita. ¿Qué habría sido, por ejemplo, del movimiento de los derechos civiles de EEUU, si el Dr. King y la NAACP hubiesen sido apoyados por la Unión Soviética, como estrategia para lograr, a través de un cambio de sistema, el mejoramiento de los afroamericanos?

Pensamos que las razones por las cuales las sociedades civiles de Chile, Brasil y España pudieron fortalecerse fueron (1) la existencia, permitida implícitamente por el gobierno, de grupos de alternancia dentro del país con los cuales negociar, (2) independencia, con respecto al extranjero, de estos grupos alternativos internos, dispuestos a negociar la apertura con el Gobierno, y (3) apoyo internacional moral y material al proceso de negociaciones.

También la sociedad civil de la diáspora cubana debería realizar un profundo auto-análisis, sobre como abrir mayores espacios a sus propias alternancias. Por ejemplo, a veces se estigmatiza como pro castristas a quienes no comparten las ideas imperantes respecto al embargo, los viajes y el comercio con la Isla. Igualmente, algunos medios de difusión de la diáspora, son a veces remisos a facilitar acceso a los disidentes externos, los que piensan distinto que la mayoría, frustrando así un sano debate de ideas como el que se busca fomentar dentro de la Isla. Decía Mahatma Gandhi que debemos comenzar por convertirnos en el cambio que queremos implementar. Además, un tal autoanálisis ayudaría a identificar procedimientos más eficientes para lograr abrir la sociedad civil dentro de la Isla.

La sociedad cubana, al igual que todas las sociedades humanas, está compuesta al menos de cinco partes: los que sostienen activamente el statu quo; los que lo apoyan porque se benefician; los que están en desacuerdo, porque se perjudican; los que trabajan para cambiar el statu quo; y los que son indiferentes. Estas cinco categorías están correlacionadas con la actuación de los individuos, y determinan los distintos grupos de la sociedad civil.

Pensamos que al limitar el desarrollo de la sociedad civil a los grupos disidentes, provocamos la (1) oposición de los que detentan el statu quo, al desarrollo de grupos que pretenden eliminarlos, y (2) el retraimiento del centro, temeroso o remiso a marginarse. Tanto al statu quo como a la alternancia, les conviene capturar el centro. Mas, sólo abriendo espacios se puede hacer.

Sin un espacio para todos, no habrá apertura. Tal vez una implosión, llevada por la actual situación económica y social. Pero dudamos que, a largo plazo, esta sea positiva para (1) el pueblo cubano, (2) los dirigentes actuales más jóvenes y (3) los países extranjeros.

La solución cubana no es la expatriación de los disidentes; es la creación de espacios donde estos, y los ciudadanos de a pie, puedan expresar su voy, y ser escuchados.


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