Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Inmigración, Oposición, Ley de Ajuste

Los izquierdos humanos

Es obvio que la Ley de Ajuste Cubano es obsoleta, pero los legisladores cubanoamericanos tienen con ella un conflicto existencial

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Durante muchos años el gobierno de Fidel Castro no dejaba viajar a los cubanos libremente, por eso se decía que Cuba era una prisión y se violaban los derechos humanos. Pero desde hace unos años los cubanos pueden salir y regresar y volver a salir cuando quieran aunque seguimos callando esa realidad. Y la callamos porque Cuba tiene que seguir siendo una prisión donde se violan los derechos humanos. Hablemos: al menos con el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos —que es el del derecho a emigrar y regresar— no hay ya ninguna violación.

El actual episodio en Costa Rica lo confirma: a los cientos de cubanos atrapados en la frontera con Nicaragua, a menos que Estados Unidos los aerotransporte hasta su territorio, convenza a cuatro países para que sigan a pie, o San José les de la residencia, el único viaje que les queda es el de regreso a Cuba, para lo cual no existe impedimento. Así lo declaró la cancillería cubana: “Los ciudadanos cubanos que hayan salido legalmente del país y cumplan con la legislación migratoria vigente tienen derecho a retornar a Cuba…”.

Y ese es el desenlace más probable. La embajadora norteamericana en San José de Costa Rica, Laura Dogo, dijo que Estados Unidos les daría entrada si llegan a su territorio. Nada nuevo. Porque el problema es cómo van a llegar, ya que cualquier solución extraordinaria por parte de Washington no haría más que complicar el asunto. Así que los varados ¿volverán a Cuba?

La ironía es que, en definitiva, eso es lo que muchos de esos cubanos “en busca de un futuro mejor”, en el fondo de su corazoncito quieren, aunque no sea precisamente ahora: llegar a la Yuma, conseguirse un trabajito, reunir la platica y en cuanto puedan, volver a Cuba para visitar a su gente. Siempre, de ser posible, antes de los dos años para que no se les venza el carnet de identidad y así conservar sus derechos ciudadanos. Es más o menos lo que probablemente animó a Rosa María Payá cuando en mayo volvió a La Habana, envuelta en la bandera de la oposición, antes de que se le cumplieran los dos años de haberse ido del país. Tocó base y volvió a salir, muy campante y envuelta en la bandera, a través de las herrumbrosas rejas de las celdas castristas que se abren justo ante la pista del Aeropuerto Internacional José Martí pero con su ciudadanía incólume. Cosa que a este cronista impertinente, dicho sea de paso, le parece perfectamente bien.

Y para eso ha quedado la Ley de Ajuste Cubano, que combinada en un maravilloso cóctel con la Reforma Migratoria cubana de 2013 le brinda un futuro “dos veces” mejor para los que escapan de las ergástulas de Castro. El de poder salir tranquilamente de ellas, entrar a Estados Unidos por la puerta grande y el de regresar cuando hayan ahorrado suficiente dinerito. ¿No es maravilloso? El artículo 13 de la Declaración de los Derechos Humanos cumplimentado en toda su extensión.

Aunque eso es inadmisible. El gobierno castrista incumple todos y cada uno de los derechos humanos contenidos en la declaración, además de varios que no están en la declaración, e incluso todos los derechos que nunca estarán en la declaración y hasta los derechos humanos que nunca lo serán, como el del cultivo de la claria. Los incumple arteramente todos.

Es obvio que la Ley de Ajuste Cubano es obsoleta. Pero nuestros legisladores “cubanoamericanos–locales–federales” tienen con ella un conflicto existencial. Si la repudian aceptarían que las razones que la originaron en tiempos de la guerra fría ya no existen; y si la apoyan deberán sufrir todos los días contemplando como despegan decenas de naves aéreas repletas de víctimas del castrismo, regresando a la Isla que sufre. Por eso ansían en sus discursos políticos locales, reformarla. Para que estos nuevos cubanos de “medio pelo” no la manchen… Ay Liborio, que no la toquen, porque si la tocan se derrumba…


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