Actualizado: 18/10/2017 20:02
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Cuba, Viena, Judíos

Los judíos, Viena y la conexión cubana

La familia de Ana Frank trató de conseguir visa para viajar a Cuba, y también la procuró el filósofo Theodor W. Adorno, residente en EEUU, para su amigo Walter Benjamin

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Muchos judíos residentes en los países que sufrieron el nazismo trataron de emigrar hacia Cuba, ya sea para residir en la Isla o buscando utilizar la nación caribeña como una vía para llegar a Estados Unidos.

Para un judío europeo de la época, obtener una visa cubana era un procedimiento riesgoso y caro. Con frecuencia era también un camino lleno de obstáculos, que solo podía ser resuelto cumpliendo con las exigencias de funcionarios corruptos.

El soñar con un refugio cubano fue una esperanza que en muchas ocasiones terminó en decepción y en otros se convirtió en una tragedia.

El acontecimiento más célebre fue lo ocurrido con el del vapor St. Louis, detenido por varios días frente a la bahía de La Habana, lleno de inmigrantes que aguardaban por un permiso para desembarcar, para finalmente girar en redondo y volver a Europa. En este viaje fatal solo lograron salvarse unos pocos afortunados que lograron llegar a tierra cubana, pues la mayoría de los refugiados terminaron en campos de concentración tras el regreso.

Entre los casos individuales más célebres, que trataron de viajar a Cuba sin poder lograrlo, se encuentran Ana Frank (su padre luchó infructuosamente por conseguir la visa para la familia) y el filósofo y ensayista Walter Benjamin.

En el caso de Ana Frank, Otto, el padre, fue el único beneficiado con una visa cubana. El documento no le sirvió por mucho tiempo. En realidad, no le sirvió nunca. Ni siquiera se sabe si alguna vez le llegó.

La visa fue otorgada y enviada a Otto Frank el 1ro. de diciembre de 1941. Diez días más tarde, Alemania e Italia le declararon la guerra a Estados Unidos. La Habana canceló el documento.

En el caso de Benjamin, Theodor W. Adorno, residente en EEUU, intentó sin éxito que su amigo fuera invitado para dar conferencias en la Universidad de La Habana. Cumpliendo con la tradición de rechazar el talento extranjero, imperante en esos momentos en la Isla, una negativa fue la respuesta.

Ni Ana Frank ni Benjamin eran vieneses, pero su destino fue similar al de muchos judíos de esa ciudad.

El Museo Judío de Viena realizó en 2007 una exposición de documentos inéditos, basada en un archivo descubierto en el año 2000, que sobrevivió el Holocausto y que refleja la historia de los judíos de Viena, que formaban hasta la Segunda Guerra Mundial la mayor comunidad judía de habla alemana en Europa.

Bajo el título “Hay que tener las cosas bien ordenadas” la muestra incluyó lo más destacado de unas 800 cajas encontradas en una vivienda propiedad de un centro de culto de la comunidad judía de Viena, en las que habían medio millón de documentos que referidos a los años del régimen nazi en Austria, entre 1938 y 1945.

La presencia judía en Viena fue y es de vital importancia para la ciudad, no solo desde el punto de vista económico, sino fundamentalmente en lo que se refiere al aporte cultural.

No es solo que escritores, músicos, artistas y científicos de primera línea habitaron allí, sino que estos creadores marcaron las pautas por las que habría que desarrollarse la cultura del Siglo XX. Sigmund Freud, Arnold Schoenberg, Gustav Mahler, Martin Buber, Arthur Schnitzler, Theodor Herzl, Joseph Roth, Stefan Zweig, Billy Wilder, por citar algunos nombres.

A esto hay que agregar que este esplendor no ocurrió solo a finales del XIX y comienzos del XX.

Durante la Edad Media, en Viena habitó una de las más vigorosas e importantes comunidades judías de Europa. Famosos rabinos enseñaron y desarrollaron su labor en esta ciudad, lo que la convirtió en un importante e influyente centro del conocimiento hebreo. Este desarrollo conoció un fin violento y abrupto entre 1420 y 1421, con la expulsión y el asesinato de los judíos vieneses.

La historia se repetiría siglos más tarde, tras la llegada del nazismo al poder en Alemania.

Además de los museos y casas museos relacionados con cada uno de estos creadores en específico, hay dos sitios dedicados específicamente a la comunidad hebrea de Viena. Uno es el ya mencionado Museo Judío de Viena y el otro es una rama de este, que se encuentra precisamente en la Judenplatz.

En 1995 se realizaron excavaciones, para mostrar las ruinas de la sinagoga destruida durante el Medioevo. En 2000 abrió sus puertas el museo en la Judenplatz.

En esta plaza se encuentra también un singular monumento al Holocausto. Está formado por bloques de concreto en forma de libros, en semejanza a una biblioteca cuyos volúmenes han sido colocados al revés, con el lomo del libro hacia dentro. La obra es de la artista británica Rachel Whiteread.

En el museo de la Judenplatz se presenta un recorrido virtual de la vida judía en el Siglo XIV, desde el desarrollo de las comunidades judías hasta la vida cotidiana de sus habitantes en la Edad Media. La exhibición muestra las festividades y las costumbres de la época.

Tras la llegada de Fidel Castro al poder, los cubanos nos vimos obligados a cambiar nuestro destino. Pasamos de vivir en una nación que admitía y negaba la entrada a refugiados a un pueblo en marcha. La palabra diáspora nos es tan familiar como a los judíos.

Los primeros judíos llegaron a Cuba como conversos que navegaron con Colón. En la segunda mitad de la década del 1800, un goteo de judíos comenzó establecerse en Cuba. La comunidad judía de Cuba siguió siendo modesta hasta principios de 1900, cuando los judíos de Turquía llegaron después de la caída del Imperio Otomano al final de la Primera Guerra Mundial. Muchos eran sefardíes cuyos antepasados habían huido a Turquía durante la Inquisición, según datos que brinda enlacejudío.

Debido a que Cuba carecía de las cuotas de inmigración características en EEUU, los siguientes grupos judíos en llegar fueron europeos ashkenazim, que huían de los nazis. Llamaron a la Isla “Hotel Cuba” mientras esperaban que las agencias judías estadounidenses les ayudaran a inmigrar a EEUU. Pero muchos se quedaron, creando negocios y sinagogas en un país con muy poco antisemitismo, agrega la información de enlacejudío.

En 1959 los judíos cubanos alcanzaron la cifra de15.000. La gran mayoría vivía en La Habana, que mantuvo cinco sinagogas, cinco escuelas primarias judías, una escuela secundaria judía, y un restaurante kosher. Pero después de la Revolución, el 94 % de ellos emigró de Cuba, la mayoría a Miami.

Más allá de las causas políticas e históricas, hay una lección que no debe olvidar ningún país. Nunca se sabe cuándo puede llegar el momento en que quienes tradicionalmente han recibido refugiados tienen que empezar a buscar refugio.


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