Actualizado: 18/10/2017 20:02
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Castro, Mariela, La denuncia de hoy

Mariela Castro, la más fiel adversaria de su padre

Con hijas como esta, Raúl Castro no necesita enemigos, afirma el autor

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A raíz de la publicación en este mismo diario de mi artículo “Se acaba el tiempo”, el pasado 26 de julio, he recibido críticas de varios amigos, colegas y buenos conocidos.

Ellos me han definido como iluso, incauto, “soñador”, y otros adjetivos impublicables, por mi propuesta en el referido texto de abogar por la concordia entre el régimen existente en Cuba y los movimientos de oposición y otros segmentos contestatarios de aquella sociedad.

Pierdo mi tiempo, afirman mis críticos: al Gobierno de Cuba no le interesa ninguna propuesta que conlleve la democracia, la pluralidad de ideas, de tendencias políticas —así se podría definir, en sentido general, el contenido recibido de mis juzgadores.

Par de ellos argumentan su réplica con lo dicho por la psicóloga Mariela Castro, hija del mandatario Raúl Castro, en una entrevista que concediera al diario español ABC el 21 de julio de 2015.

Bueno, ya lo sabemos: por las razones que sean Mariela Castro viaja hacia uno y otro país y siempre que le resulte posible ofrece su opinión acerca de la situación existente en la Isla.

No creo, sin embargo, que debamos considerar los criterios de Mariela Castro como una toma de posición del Gobierno cubano, puesto que ella no ocupa un cargo relevante en este.

Lo expresado por la psicóloga en una y otra latitud se caracteriza por una aparente ignorancia, por la puerilidad en lo relacionado con la situación que se vive en la Cuba hoy, y asimismo sobre el pasado y futuro político de aquella nación.

Es fingimiento. Es un viejo recurso de esas personas que al opinar sobre alguien o algún estado de cosas, lo hacen de la manera antes dicha para así no verse en la obligación de ofrecer verdaderos razonamientos, para de este modo desanimar a su interlocutor y así quede finiquitado el diálogo (un diálogo que, si se apoyara en la seriedad de pronunciamientos, no les convendría).

No creo que lo que suele expresar Mariela Castro a lo largo y ancho del planeta —vedetismo mediante—, decía, se relacione con lo que realmente “piensa”, admite, propondría el gobierno encabezado por su padre.

Mas, ella no lo piensa dos veces para responder preguntas a los medios que se lo soliciten; que se lo soliciten, se entiende, por su ascendencia, no por otra causa.

En la entrevista con el ABC que me envían mis replicantes, Mariela Castro, con ese decir festinado que señalaba al inicio de estas líneas, cae en las mismas impurezas, banalidades que ya la caracterizan. Y más, ofende de manera burda a los disidentes cubanos.

Así, afirma la psicóloga, entre otros dislates —exprofeso, insisto— que “la caída del socialismo no existe”.

Claro, esto no se lo creyó el entrevistador, que tampoco le habrá creído sus otras respuestas, del mismo corte.

Consideremos que las “opiniones” de la hija de Raúl Castro siempre serán noticias para una prensa no muy lejana de la llamada prensa del corazón. O sea, ¿utilizan a la señora Castro?

Y así, surgen varias interrogantes con la respuesta afirmativa incluida: ¿benefician al régimen las declaraciones más y menos lúdicas de Mariela Castro a diversos medios extranjeros?, ¿no perjudican a su padre las simplezas que ella va desgranando en su andar internacional?

En la entrevista con el ABC, Mariela Castro asume constantemente un “nosotros”, un “hemos”, un “nos”..., bueno, en general un plural, plástico, con el que al parecer intenta que la consideren como protagonista de “hay mucha gente conectada en lo mismo, tratando de aportar soluciones, proyectos, ideas, soluciones a contradicciones que hemos vivido”, “Y nosotros, hasta diría, que somos muy nobles y dejamos pasar”, “cuando nos reparten nos llega también muy poquito, pero por lo menos nos llega”. (Las cursivas son mías.) Bueno...

La puerilidad, la ignorancia que se autoimpone la psicóloga cubana resulta en exceso lamentable cuando se califica incapaz de opinar sobre el socialismo en Corea (del Norte) porque “no lo conozco”, dice.

Ya esto es demasiado: hasta un niño podría dar un parecer sobre la terrible situación —hambruna, escasez en general, terror— que se vive en Corea del Norte (la del Sur, la “mala”, la capitalista, se encuentra hoy entre los países, a nivel mundial, que mejor nivel de vida les ofrece a sus ciudadanos).

Es demasiado, decía, la información sobre el desastre que se vive en Corea del Norte es de todos conocidos, pero Mariela Castro no opina porque “no lo conozco”.

Insisto: ni la entrevistadora ni los lectores de la entrevista ni nadie le dará crédito a las respuestas para tontos emitidas por la psicóloga.

Y esto resulta una especie de autogol para el Gobierno cubano.

Pero donde Mariela Castro da la muestra mayor de vacuidad, mendacidad y a la par de desprecio por el Otro, es cuando afirma que la oposición cubana está compuesta por “grupitos de ignorantes que los ponen a decir cosas y salen por todos lados” .

Bueno, esto es sencillamente indignante, lo sé. Y también resulta triste.

Pero, de nuevo unas preguntas que suenan como afirmaciones: ¿alguien en el mundo no sabe que los disidentes cubanos, mujeres y hombres valientes que desafían constantemente la represión que existe en su país, son asimismo personas instruidas, sapientes, lúcidas en grado sumo?

Claro que todo el mundo lo sabe. De modo que ¿quién podrá creer esta ligereza de la hija de Raúl Castro?

Nadie, ni el entrevistador ni el lector ni nadie.

Y así continúa, continuará Mariela Castro lanzando bumeranes que, de regreso, van, irán a dar a la persona de su padre.

De manera que la conclusión es muy sencilla: con hijas como esta, Raúl Castro no necesita enemigos.

Entrevista a Mariela Castro:


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