Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Cuba, EEUU, Ataques

Más allá de ataques sónicos: causas profundas del desencuentro Cuba-EEUU

Al Gobierno castrista nunca le interesará un verdadero acercamiento a EEUU. Para el castrismo la división de las familias siempre ha sido una necesidad

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Las recientes medidas del Gobierno de Donald Trump para proteger su personal diplomático y ciudadanos estadounidenses de las afectaciones auditivas, al parecer causadas deliberadamente por equipos sofisticados entre una veintena de funcionarios del personal acreditado en la Embajada de EEUU en La Habana, han retrotraído las relaciones bilaterales a sus más bajos periodos anteriores, aunque se mantengan las embajadas.

Prácticamente, casi todo lo que se había avanzado en el último período de la Administración Obama está siendo revertido, rápidamente.

El escalda hacia la confrontación entre ambos países parece imparable. Las últimas declaraciones del titular del MINREX, dejan caer “inocentemente” la duda sobre la existencia de las dolencias auditivas de los diplomáticos norteamericanos, (textual: “no hay pruebas de los incidentes que estarían afectando a los funcionarios diplomáticos”, como si las afectaciones auditivas no fueran pruebas suficientes). De esta manera un vocero oficial asume la hipótesis de una eventual conspiración del Gobierno de Trump para poder hacer realidad sus promesas de campaña, complacer a la “mafia de Miami” y buscar la forma de acabar de ahogar la “revolución cubana”.

Ya aparecieron en las redes los que hablan de un “Maine acústico” y quieren que aparezca la “máquina asesina” cómo única forma de demostrar la existencia de los ataques, junto a los alabarderos del régimen justificando sus posiciones.

Sin embargo, la teoría conspirativa tiene puntos débiles. Los supuestos ataques sónicos se estarían reconociendo por EEUU desde el Gobierno de Obama y los afectados serían también diplomáticos de Canadá. Es decir que el fenómeno es anterior a la Administración Trump y el daño a los canadienses supondría la participación de Canadá en la conspiración, algo muy poco probable dado el nivel de las relaciones entre Canadá y Cuba.

Por otra parte, quien inició el desmonte del acercamiento fueron los Castro, cuando se percataron de que la visita de Obama había puesto en crisis todo el entramado de la “revolución socialista”. La corneta “tocando a degüello”, fue soplado por el todavía viviente caudillo en su “reflexión” “El hermano Obama”.

Para el castrismo nunca fue una opción un verdadero acercamiento, todo lo que quería era la diminución de la presión, el aflojamiento del bloqueo-embargo y el dinero de los turistas estadounidenses y cubano-americanos, el establecimiento de vuelos y todo tipo de intercambios que trajera plata fácil a las arcas del Estado. Ellos saben que el levantamiento del embargo-bloqueo, estrechas relaciones comerciales y el movimiento libre de capital y personas, terminaría con el entuerto que han llamado “socialismo”.

Simple: el capitalismo monopolista de Estado, creído socialismo por conveniencia de los jerarcas de la buro-burguesía cubana, no es capaz de competir con los campesinos individuales, los timbiriches particulares ni las cooperativas, sujetos todos a mil regulaciones, controles, abusivos impuestos y monopolios comerciales estatales, ¿cómo arriesgarse a la contaminación del mercado, las inversiones y la contratación libres que demandarían estrechas relaciones con EEUU?

No. Al Gobierno castrista nunca le interesará un verdadero acercamiento a EEUU, ni la inversión extranjera fuera de los marcos discretos e híper controlados de la “cartera de inversiones”, ni desde luego una verdadera reunificación familiar. Para el castrismo la división de las familias siempre ha sido una necesidad.

Las causas profundas, determinantes, del sistemático desencuentro entre EEUU y Cuba desde 1959, que han impedido un acercamiento definitivo, permanecen y permanecerán mientras en Cuba exista un gobierno que se considere heredero y continuador de la filosofía y las políticas antidemocráticas, anti-estadounidenses, estatalistas, violentas y violatorias del derecho internacional y de los derechos políticos, económicos y civiles del pueblo cubano que caracterizaron el Gobierno de Fidel Castro.

No olvidar el apoyo mediático del NYT y de muchos liberales estadounidenses a Fidel Castro en la Sierra, la suspensión de la ayuda militar de EEUU a Batista en mayo de 1958 y las diferentes informaciones que sugieren el apoyo indirecto del Dpto. de Estado a la lucha contra Batista y especialmente la ayuda en armas de la CIA a los guerrilleros. El Gobierno de EEUU reconoció al Gobierno provisional encabezado por Manuel Urrutia. Fidel Castro visitó EEUU en abril de 1959 pero regresó tan molesto por los llamados de Nixon a que tuviera cuidado con el “comunismo” que, a su regreso, pocos días después, dictó la Reforma Agraria que estatalizó, también, las tierras de las compañías estadounidenses.

Desde entonces la “revolución” fue convertida en dictadura por el castrismo.

Aquellos vientos trajeron a Girón, el Escambray, el apoyo hasta hoy de EEUU a la oposición, el embargo-bloqueo, la Ley Torricelli, la Helms-Burton otras y estas tempestades.

Los intentos de arreglar las relaciones en épocas de Carter y Clinton fracasaron por la intervención masiva cubana en Angola y el derribo de las avionetas civiles piloteadas de los “Hermanos al Rescate”. Obama quiso cambiar la política de cerco por el acercamiento, pero el castrismo, impidió la concreción de la aproximación cuando se dio cuenta de que esa “contaminación” llevaría al derrumbe del régimen.

Todo el mundo conoce el carácter dictatorial del castrismo, sus formas populistas, tramposas y mentirosas usadas para permanecer en el poder durante más de medio siglo, portando como bandera una ideología que nunca les interesó, que cada vez menciona menos. Nadie es ajeno a cómo se ha escudado en la “no intervención” en los asuntos internos, para intervenir en otros países, usurpar la soberanía nacional del pueblo cubano, violar todos sus derechos políticos, civiles y económicos de sus ciudadanos y perpetrar y perpetuar la más vil explotación semi esclava de los trabajadores y todo el pueblo cubano, de dentro y de fuera del país, a través de impuestos y abusivos precios a los trámites consulares y aduanales, a las comunicaciones, a las remesas y al dólar.

Los gobiernos estadounidenses, demócratas o republicanos, saben muy bien que nunca podrían confiar en ese grupo de personas que se apropió, para sí, de casi toda la tierra, de todas las empresas nacionales y extranjeras, grandes, medianas y pequeñas, privadas o asociadas, para explotarlas en función de sus estrechos intereses de poder.

Que, para mantener su supremacía sobre el pueblo, establecieron una dictadura armada de populismo y “antiimperialismo”, se aliaron al enemigo principal de EEUU, llegando a instalar cohetes nucleares que amenazaron su territorio y pusieron irresponsablemente al mundo al borde de una catástrofe; entrenaron, armaron y apoyaron decenas de grupos guerrillero en América Latina para tratar de exportar su “revolución” antiestadounidense y luego pretendieron hacerlo por vía de las elecciones democráticas.

Es verdad que el embargo-bloqueo y las medidas actuales del Gobierno de EEUU afectan decididamente la política de contacto pueblo a pueblo, las visitas y la reunificación familiar, el turismo, así como el mercado paralelo que generan las “mulas”. El Gobierno se verá fuertemente afectado en sus entradas, también muchos emprendedores vinculados a ese movimiento de intercambio y las familias cubanas especialmente.

Pero la práctica ha demostrado que no son las políticas de EEUU las responsables de nuestras desgracias sino el sistema político y económico estatal centralizado, administrado por un partido único.

Sin cambios democráticos profundos en el mismo, tampoco serán posibles una verdadera relación amistosa entre ambos países, el desarrollo efectivo de la economía privada y cooperativa ni el bienestar del pueblo cubano.


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