Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Matarse en Cuba

Cien mil suicidas en medio siglo: La estadística más reveladora del carácter sombrío del castrismo.

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En los últimos 25 años, los cubanos, carentes de medios autónomos de comunicación y de recursos económicos, políticos e ideológicos para oponerse al gobierno de Fidel Castro, han aprendido a transmitir su incertidumbre y su angustia de otras maneras. Casi dos millones se han marchado del país como han podido —en balsas, camiones flotantes, cajas de correo aéreo, trenes de aterrizaje— y alrededor de 70.000 se han suicidado, también, de las más diversas formas: incinerados, ahorcados, desangrados, apuñalados, atropellados en la carretera, precipitados al vacío o, simplemente, de un tiro en la sien. En el último medio siglo, 100.000 cubanos podrían haberse quitado la vida.

A principios de los años ochenta, el Ministerio de Salud Pública de la Isla dio a conocer que la tasa de suicidio en Cuba había rebasado los 20 por cada 100.000 habitantes. Aquellas cifras revelaban que, en menos de una década, el índice de muertes por esa causa se había duplicado —en 1969 sólo morían así 8 entre 100.000— y que Cuba no era uno de los países latinoamericanos donde más personas se mataban al año, sino la nación con más suicidios per cápita del hemisferio occidental.

Los cubanos, según esa estadística infernal, se mataban más que los norteamericanos y que la mayoría de los europeos, los asiáticos y los africanos. La isla caribeña se acercaba a las tasas de suicidio de países nórdicos como Dinamarca, Finlandia y Suecia, y de algunos de sus aliados en Europa del Este como Hungría, Rusia y las repúblicas del Báltico.

Un estudio realizado a mediados de los noventa, en Miami, por Maida Donate y Zoila Macías, dos antiguas investigadoras del Ministerio de Salud Pública, cuestionaba las estadísticas dadas a conocer por la Organización Mundial de la Salud, en 1995 y 1996, según las cuales, el gobierno cubano había logrado contener aquella tendencia creciente con tasas de alrededor de 2.000 suicidas al año.

Según estas estudiosas, a mediados de la pasada década, el índice de suicidios debió estar cercano a los 30 por cada 100.000, manteniendo a Cuba entre las cinco naciones más suicidas del mundo. Donate y Macías, sin embargo, demostraban que esa tendencia, acentuada entre los habitantes de la Isla, también caracterizaba a los cubanos de Miami, cuyas tasas de suicidio eran superiores a las de otras comunidades hispanas en Estados Unidos.

Impulso de aniquilación

El tema ha llamado la atención de novelistas, historiadores y sociólogos. Guillermo Cabrera Infante le dedicó uno de los mejores ensayos de su libro Mea Cuba (1993), titulado "Entre la Historia y la Nada", y publicado originalmente en la revista Escandalar. Allí se contaba la historia de los grandes suicidios políticos del siglo XX cubano: desde los de personalidades de la vida pública republicana, como el alcalde habanero Manuel Fernández Supervielle, el líder populista Eduardo Chibás, el ex presidente Carlos Prío Socarrás o el director de la revista Bohemia, Miguel Ángel Quevedo, hasta los de importantes dirigentes de la revolución como la heroína Haydée Santamaría, el magistrado Osvaldo Dorticós y varios ministros revolucionarios: Augusto Martínez Sánchez, Alberto Mora, Rodrigo García...


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