Actualizado: 03/07/2020 15:57
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Monte fúnebre y cabalístico

¿Por qué 138 banderas negras 'rinden tributo' a 3.478 víctimas?

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Ante sus propios tribunales, el pueblo de Cuba demandó por "actividades terroristas" en discutible sentido estrecho, pues "la agresión biológica", verbi gratia, es terrorismo puro. Frente a la Oficina de Intereses de Washington en La Habana, en cambio, el mismo pueblo enarbola tanto el luto como la noción más amplia de terrorismo, que atrapa hasta los caídos en combate. Nada mejor que el enfoque amplio contra el terrorismo.

Así puede traerse a colación hasta la aguda reflexión de León Trotsky (abril 17, 1937) sobre los "juicios de Moscú": para la camarilla dominante, preparar "asesinatos por medio de un tribunal o de una emboscada es lisa y llanamente un problema de técnica policial". Habría que ponderar el peso del terror en los procesos judiciales contra el general Ochoa (1989) y los autores del secuestro incruento de la lanchita Baraguá (2003).

La parca y el totí

Quizás porque la muerte se tornó amenaza constante del Norte, los cubanos se hayan adaptado a concebirla a lo Heiddegger, como posibilidad peculiar de la existencia. También arraigaría a lo Kolakowski, como "esquema de la única alternativa", desde que Castro advirtió al reportero de Bohemia en la primera asamblea de trabajadores azucareros (1959): "La revolución será realidad o dejará de existir la Isla de Cuba con todos sus habitantes".

Sin embargo, la culpa de casi todo tiende a descargarse en Miami y Washington, donde las entrañas del monstruo se perciben tan negras como las plumas del totí (Dives atroviolaceus). Así pasa un tanto inadvertido que este pájaro desventurado anida de vez en cuando dentro de la Isla.

La tasa de mortalidad por "lesiones autoinfligidas", por ejemplo, fue 14,1 por 100 mil habitantes en 2002, según el Ministerio de Salud Pública. Esto significa que unos 1.590 cubanos se quitaron la vida ese año.

De este modo las estadísticas del suicidio arrojarían en mucho menos tiempo muchas más muertes que todas las acciones enemigas desde el triunfo de la revolución castrista. Mas sería desatinado culpar al terrorismo de Estado yanqui por hacer cundir situaciones de agobio que llevaran al suicidio entre cubanos.

Las tasas se mantuvieron altas incluso cuando el "bloqueo" estadounidense no pintaba ser genocida, sino superfluo. Por aquel entonces, Castro recalcaba: "Hablando con franqueza —me gusta la franqueza— las relaciones con Estados Unidos, las relaciones económicas, no implicarían para Cuba ningún beneficio fundamental, ningún beneficio esencial" ( Nada podrá detener la marcha de la historia, 1985).

Coda

Ernesto Guevara se tragó la guayaba periodística de Enrique de la Osa: "Más de 20 mil muertos arroja el trágico balance del régimen de Batista" ( Bohemia, enero 11, 1959).

Al compararlos con las pérdidas de la Unión Soviética y las "democracias populares" de Europa oriental, el Che emitió un juicio que puede aplicarse al examen comparativo del costo humano de la "guerra sucia" en Cuba con Guatemala, El Salvador y otros países de América Latina: "cuando uno conoce la historia de todos esos países, aquí no se ha pasado, afortunadamente, nada" (Comparecencia por televisión sobre la firma de acuerdos con los países socialistas, enero 6, 1961).


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