Actualizado: 13/12/2019 11:14
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Ochoa, Narcotráfico, Fidel Castro

Ochoa: 25 años y más cuentos

Para fusilar a Ochoa y tres coacusados, la corte militar tuvo que convalidar una pirueta del fiscal, pues el Código Penal no imponía entonces pena de muerte por narcotráfico

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La causa penal contra el general Arnaldo Ochoa, su ayudante y varios oficiales del Ministerio del Interior (MININT) ha generado tantos cuentos que su clave jurídica degenera: para fusilar a Ochoa y tres coacusados, el 13 de julio de 1989, la corte militar tuvo que convalidar una pirueta del fiscal, pues el Código Penal (1987) no imponía entonces pena de muerte por tráfico de drogas.

Aunque hoy se vende a quilo en Amazon la edición ampliada del libro de cuentos más próximo a los hechos en el tiempo: Castro´s Final Hour (Simon & Schuster, 1992), por Andrés Oppenheimer, los cuentos prosiguen. El periodista francés Axel Gyldén acaba de dar a imprenta La Vie Cachée de Fidel Castro (Michel Lafon, 2014), con los relatos del teniente coronel Juan Reynaldo Sánchez, exescolta de Fidel Castro que llevaba “el diario de sus actividades” —léase la hoja de ruta del turno de escolta— y escuchó desde unas conversaciones entre Fidel y su ministro del Interior, general José Abrantes, sobre las relaciones con el narcotráfico en Colombia, hasta otras entre Fidel y Raúl en casa de este último.

Sánchez cuenta que, tras el cuádruple fusilamiento más la detención de Abrantes y otros oficiales del MININT, Fidel tenía tanto miedo que ordenaba no pasar cerca de una base de tropas especiales y Raúl estaba tan deprimido que “se meaba y se defecaba en los pantalones” por las borracheras.

El peor remedio

Para poner el parche antes de que salga el grano, la prensa escrita de Miami acotó que esta versión de Sánchez “no se puede confirmar de modo independiente, pero él ha probado ser una fuente confiable anteriormente”, como si este remedio casero bastara para persuadir a los lectores que vieron y oyeron al exescolta por los telecentros América Teve (Canal 41) y MegaTV (Canal 22).

  • Al ser arrestados Walter Kendall Myers y su esposa Gwendolyn por espiar durante tres décadas para Castro, Sánchez notificó al Canal 41 que recordaba a Gwendolyn como miembro de la comitiva del senador George McGovern, de visita en Cuba del 5 al 10 de abril de 1977.

Gwendolyn Myers (Steingraber de soltera) no aparece en la lista de la comitiva, archivada en la Biblioteca McGovern de la Universidad Wesleyana de Dakota.

  • Sánchez insistió en que no importaba que Gwendolyn no apareciera en la lista, porque si ella y su esposo confesaron haber ido a Cuba vía México con pasaporte y nombres falsos en 1995, ¿por qué no pudo la señora Myers viajar así mismo en 1977?

En 1977 Gwendolyn trabajaba para el senador James Abourezk, quien viajó con McGovern a la Isla. Jamás pudo ella colarse con falsa identidad en la delegación estadounidense. La pareja comenzó a espiar para Castro después que Walter fuera reclutado en 1978.

  • Sánchez relató también que Castro padecía de cáncer intestinal y, a poco de regresar de España en el verano de 1992, tuvo una fuerte recaída que lo puso al borde la muerte, por haber roto allá su estricta dieta. Sánchez dijo haberlo visto sangrando por el ano y hasta perder el conocimiento. Castro estuvo en cama casi tres meses y pasó por fisioterapia para recuperar la movilidad.

Tras su discurso en la II Cumbre Iberoamericana (Madrid, julio 23 de 1992), Castro largó otros en sucesión — desde la recepción a los atletas olímpicos (Palacio de la Revolución, agosto 10) hasta el recibimiento de un barco con donaciones de la India (Muelle Margarito Iglesias, diciembre 28)— sin que pasaran tres meses entre una intervención pública y la próxima.

  • Sánchez insistió en “que del 5 de septiembre de ese año, que realizó un discurso en Cienfuegos, al 29 de octubre, que fue el otro discurso en la Asamblea Nacional (…) van 55 días, y ese fue el tiempo en que denunciamos la enfermedad de Fidel”.

Así rebajó la convalecencia de tres a dos meses, pero no tuvo en cuenta que, además de discursos, Castro daba largas entrevistas. Una de ellas fue a María Schriver, el 26 de septiembre de 1992, sobre la Crisis de los Misiles.

La fuente confiable

Al contrario de los cuentos, la relatoría oficial del juicio (Vindicación de Cuba, Editorial José Martí, 1989) permite discernir que, como el Código Penal condenaba el tráfico de drogas con 7 a 15 años (Artículo 190), el fiscal procedió a endilgar, por los mismos hechos, otro delito concurrente que sí llevaba pena de muerte: actos hostiles contra un Estado extranjero (Artículo 110).

A tal efecto alegó que EEUU, Colombia, México y Panamá fueron hostilizados por Ochoa y los demás. Tal alegación no concuerda con la declaración de Castro acerca de que los actos de Ochoa “que podían ocasionar daño a la política exterior (…) no eran factores decisivos”.

El fiscal sostuvo que las represalias contra Cuba se manifestaron en la “lluvia de injurias, de infamias, de mentiras (…) motivadas, principalmente, por las agencias de prensa imperialistas”. Sin embargo, los aguaceros periodísticos no tienen que ver con las represalias a que se refiere el Código Penal, que son las acciones coercitivas de un Estado contra otro.

Ni EEUU ni Colombia ni México ni Panamá tiraron siquiera un hollejo diplomático contra Cuba por culpa de Ochoa y los demás. Para colmo, la sanción de muerte era excepcional “y solo se aplica por el tribunal en los casos más graves de comisión de los delitos para los que se halla establecida” (Artículo 29.1). Así que, por recia que fuera la “lluvia” mediática, jamás podría constituir un caso grave de actos hostiles contra estados extranjeros.

Coda

Desde luego que atenerse a la relatoría oficial del juicio y concluir que el general Ochoa y el coronel Tony de la Guardia, con sus respectivos ayudantes, fueron fusilados en nombre de la revolución, pero en contra de las leyes de la revolución, es algo demasiado seco para esa fútil propaganda anticastrista, de presunta base historiográfica, que el filósofo Emilio Ichikawa observa “en la prensa y en tertulias de Miami[:] cayéndonos a mentiras o medias verdades entre nosotros mismos”.


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