Actualizado: 01/07/2022 16:17
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Otra política

Una dictadura de medio siglo no se borra de la noche a la mañana. Washington haría bien en considerar esta realidad.

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Cuba sigue siendo una dictadura a pesar de los cambios en los cargos y de los movimientos en los puestos dentro del círculo de poder. Ni Fidel ni Raúl Castro toleran a la oposición política o respetan las libertades civiles. Ambos se sienten amenazados por los ciudadanos que reúnen firmas, como hizo Osvaldo Payá; por los que promueven la sociedad civil, como hace Martha Beatriz Roque; por los que defienden una izquierda democrática, como los integrantes del Arco Progresista; o por los que se unen al movimiento Yo No Coopero, que busca la no participación de los ciudadanos en la Cuba oficial.

Raúl representa, sin embargo, un cambio potencial, aunque no hacia la democracia. Al no gozar de carisma, tiene que gobernar a través de las instituciones y buscar el mejoramiento de los niveles de vida.

Por su parte, después de la visita del Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, la Iglesia Católica cubana confía en tener mayores oportunidades para su acción social. A fines del mes de febrero, además, el régimen firmó dos acuerdos sobre derechos humanos, acción que siempre rechazó llevar a cabo y que aún repugna al más viejo de los Castro. Podrían ser liberados más presos políticos si La Habana y la Unión Europea de hecho normalizan sus relaciones.

Para empezar, el próximo gobierno de los EEUU debería realizar una evaluación profunda y exigente de su política actual. A comienzos de la década de los años noventa, la Ley para la Democracia en Cuba —que reforzaba el embargo— tenía algún sentido. Sin el comercio y los subsidios soviéticos, el embargo pudiera, quizás, haber funcionado. En 1996, Helms-Burton —cuya ley se aprobó después que Cuba derribara dos aviones civiles y acabara con la vida de cuatro personas— fortaleció el embargo aún más.

Y el régimen siguió.

Las reservas cubanas de petróleo

Hoy, Cuba satisface sus necesidades energéticas gracias a Venezuela y a sus propias, aunque hasta ahora modestas, reservas petroleras. Sin embargo, se estima que en aguas cubanas hay unos cinco mil millones de barriles de petróleo. Si esto se confirma, el petróleo y el etanol podrían representarle a Cuba unos cinco mil millones de dólares anuales en unos cinco años. Además, La Habana cuenta ahora con un escenario internacional más favorable que en cualquier otro momento desde la Guerra Fría.

¿No es hora ya de que los Estados Unidos considere políticas alternativas? Al gobierno cubano siempre le ha sido fácil la confrontación con los Estados Unidos. Un toma y daca diplomático en medio de un relajamiento parcial del embargo es un reto mucho más difícil para La Habana. Un compromiso limitado pudiera ser la verdadera línea dura.

Las regulaciones del 2004, que impusieron restricciones severas sobre los viajes de los cubanoamericanos y sobre las remesas deben revocarse. En ellas no se consideran lazos familiares como tíos, primos o sobrinos, por lo que no podemos viajar para verlos o enviarles remesas. Se permite sólo viajar una vez cada tres años para ver a la familia inmediata. Las ganancias económicas que los viajes y las remesas le representan a La Habana no se comparan con las razones humanitarias y los contactos personales pues, éstos, como dice el anuncio de la MasterCard, no tienen precio. Durante casi cincuenta años Castro ha dividido a las familias cubanas. ¿No es incongruente, poco "americano", en verdad, que Estados Unidos le siga los pasos?

Luiz Inácio Lula da Silva visitó La Habana en enero. Aunque su encuentro con el Comandante acaparó los titulares, Raúl y Lula se reunieron durante cuatro horas y de esta entrevista se filtraron muy pocas cosas. Brasil y Cuba acordaron aumentar su cooperación económica, incluyendo la industria azucarera. El etanol no se mencionó, pero no había necesidad de mencionarlo: las ganancias no están en el azúcar refino. Lula y Raúl pudieran, quizás, compartir cierta antipatía hacia Hugo Chávez. La disminución de la dependencia de Venezuela es de interés nacional para Cuba, para Brasil y para los Estados Unidos.

México, España, Canadá y otros aliados de EEUU se disponen a abrir más líneas de comunicación con La Habana. Una dictadura de medio siglo no se borra de la noche a la mañana y eso es una realidad que la actual política de EEUU no considera. De hecho, Washington está mejor preparado para el escenario más improbable: la implosión rápida del régimen. Si se adoptaran medidas modestas, alejadas de la política actual, es decir, una mayor flexibilidad en las restricciones sobre los viajes y las remesas, el próximo gobierno tendría más posibilidades de establecer una política común con sus aliados.

Utilizar el sentido común

Si persiste en su rumbo, el llamado de Washington para adoptar una política común seguirá sin ser atendido. Estados Unidos, en varias ocasiones desde la Guerra Fría, reforzó el embargo con la convicción de que el fin del régimen cubano estaba cerca. La Habana ha sobrevivido a todas las medidas. El sentido común dicta la necesidad de una nueva política que, sin dudas, implicaría tanto riesgos como beneficios. La política actual, sin embargo, también los supone, pero el gobierno de Estados Unidos nunca ha llevado la cuenta de los costos en que incurre. Dos décadas después del fin de la Guerra Fría, otro Castro preside en Cuba.


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