Actualizado: 30/01/2023 18:55
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Sociedad

Préstame la trompetilla, Secades

¿Existe realmente la 'operación antiexilio', el último grito de la derecha reaccionaria?

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Harto sabido es que nada se parece más a un reaccionario de izquierda que un reaccionario de derecha. Lo único que los diferencia es que no comen juntos, como los gatos de Tasmania, aunque se alimentan de lo mismo. Además, los dos se engrifan de idéntica manera para inmovilizar a sus presas. Pero suelen ser tan vitriólicos que en lugar de miedo provocan lástima.

Los reaccionarios también incurren, todos en sintonía, cualquiera que sea su brazo de lanzar, en lo que, según Borges, constituye el peor pecado que un hombre puede cometer: no son felices. Y procuran por igual que ningún hombre lo sea.

Justo de esto último se trata ahora, y de ciertos reaccionarios de derecha a los que al parecer no les basta con arrastrar el pecado de haber sido infelices durante cinco décadas, así que quieren seguir siéndolo. Y lo que es aún más grave, aspiran a que su infelicidad sea compartida por todos los cubanos a lo largo de otros cincuenta años, por lo menos. Cualquier parecido con las aspiraciones de nuestra dictadura de izquierda no es simple coincidencia.

El nuevo empeño de los de marras se materializa por estos días en una bronca, mediática y patética, trasnochada y ridícula, pero con su cariz grave, contra lo que ellos están denominando la "operación antiexilio cubano".

Maldito bombo

No habría que abundar en detalles, pues conocemos hasta el tope que eso a lo que tales señores llaman "operación antiexilio" se traduce, por ejemplo, en la existencia del "bombo", variante generosa que ha permitido el escape hacia Estados Unidos de cientos de miles de cubanos que prefirieron validar su derecho a no morirse de viejos añorando un mínimo de bienestar y de felicidad.

Botones de muestra de la "operación antiexilio", según ellos, también podría ser la presentación de músicos famosos residentes en la Isla (como la orquesta Van Van) en escenarios de la Florida, o la desbandada que protagonizan hoy ciertos artistas del patio que al fin decidieron o pudieron plantar su pica en Flandes.

Hay otros ejemplos, ya de carácter político, que en todo caso servirían para ilustrar las diferencias que ante la práctica democrática distingue a Miami de La Habana, a contrapelo de los tales reaccionarios, los que si bien no cuentan ciertamente como mayoría, aún se hacen sentir por su bulla y hasta por su innegable poder, sobre todo por su poder sobre los medios de divulgación.

Y he aquí el quid de la cuestión: con su muela intolerante y retrógrada y con sus posiciones antipatrióticas, por antihumanas, tales reaccionarios de derecha devienen este minuto cómplices a pedir de boca de los reaccionarios de izquierda que ostentan el poder en Cuba. Incluso es probable que sean los únicos cómplices con capacidad de convocatoria que aún le queda al régimen.

No por gusto entre los pocos argumentos oficiales que ahora se esgrimen para apelar a eso que aquí llaman "la unidad de todos los cubanos", está precisamente el manifiesto desprecio, hasta el odio tal vez, que exteriorizan ciertos tremendistas de Miami (en minoría y contra la pared, insisto, pero con poder sobre los medios) ante todo lo que proceda del interior de la Isla o que beneficie de algún modo a quienes finalmente no somos sino víctimas (igual que ellos) de una misma catástrofe histórica con nombre propio: Fidel Castro.

'Dejen sobrevivir a los demás'

¿Acaso ignoran tales monopolistas del patriotismo que una de las únicas apelaciones que aún le queda a mano a nuestra dictadura es la de meterles miedo a los negros (posiblemente la mitad o más de la mitad de nuestra población) con los declarados o muy mal ocultos propósitos clasistas, revanchistas y segregacionistas de cuatro gatos con poder en el exilio?

Nada resultaría tan descorazonador como sospechar que no lo ignoran y que, por tanto, actúan en consecuencia. Pero dejemos a un lado las especulaciones, aunque no sea más que por aquello de que la palabra es creadora.

Eladio Secades, quien fue la antinomia de un reaccionario de derecha, además de un dolor de cabeza para los de izquierda, porque siempre tuvo los pies sobre la tierra, nos dejó dicho que la trompetilla es el verdadero concepto cubano sobre la libertad del pensamiento y que casi todos los errores que aparecen en nuestra historia son trompetillas que hemos dejado de tirar.

Disparemos entonces, con su permiso, la más sentida trompetilla a los reaccionarios, todos. Pero que no les llegue sola, sino unida al ruego de que, por favor, dejen vivir (o sobrevivir) a los demás. Que no prolonguen su pecado obstaculizando los remedos de felicidad que buscan sus correligionarios, cada cual a su modo y por sus vías, pero todos urgidos por la misma desesperación que los convirtió a ellos en amargados sin alternativas ni consuelo.


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