Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Academia, Exilio, Anticastrismo

Re-velaciones de contra-inteligencia

De la tentación mediática en algunos medios académicos y las revelaciones que no son tales

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Antes que generar conocimientos, como el laboratorio, Internet contribuye a recopilarlos y difundirlos. Así, la gente con diploma y puesto de trabajo para pensar —scholars— tienen que salir del monasterio académico y exponerse al público conectado.

No habría choque de culturas siempre que la verdad sea la razón suficiente para enlazar Internet y academia, pero a menudo los scholars sucumben a la tentación mediática. Antes que difundir hechos ciertos y opiniones fundadas, se dedican más bien a predicar un sucedáneo de la revelación divina: lo que no se sabía hasta que yo lo dije. Y aun tienden velos sobre la verdad para ganar audiencia.

Un caso ejemplar

Antes de que el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos (ICCAS, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Miami recibiera su primera subvención para el Proyecto sobre la Transición en Cuba, el veterano de la CIA Frank J. Belsito había dado ya a imprenta sus memorias (CIA: Cuba and the Caribbean, Ancient Mariner Press of Reston, 2002), que incluyen las operaciones (1961-74) de una suerte de “mini CIA,” con nombre en clave AMOT, formada por exiliados cubanos bajo control de la mega estación de la CIA en Miami (JMWAVE).

A la vuelta de más de una década, el volante electrónico The Latell Report, que ICCAS saca casi todos los meses con la firma del Dr. Brian Latell, dedica su número de septiembre: The Shadow Cuban Intelligence Service, a esa mini CIA, con el alarde de que “hasta ahora, al desclasificarse registros de inteligencia muy confidenciales, las operaciones de AMOT eran conocidas por unos pocos más allá de los confines de la CIA.” Aquí se tiende un velo sobre la inmediatez (hasta ahora) y el privilegio (unos pocos) en contra de la inteligencia del lector.

Antes que Belsito, el oficial de JMWAVE Alfred Sarno (Tony Sforza) había descrito al Comité Church, en la sesión del 25 de junio de 1975, hasta el edificio donde se procesaban informes para AMOT y agregado que, “por lo general, teníamos a uno de nuestros agentes externos, ya fuera reclutado o cercano a alguien del grupo [anticastrista], que penetraría ese grupo para informarnos qué estaban haciendo.” Uno de ellos fue Luis Posada Carriles (AMCLAVE-15), quien informó sobre la Junta Revolucionaria (JURE) de Manuel Ray y la Representación Cubana en el Exilio (RECE) de Jorge Mas Canosa.

Larry Hancock precisaría en Someone Would Have Talked (JFK Lancer, 2006) que el expolicía secreto cubano José Joaquín Sanjenis Perdomo fue número uno de AMOT; Lamar Waldron puntualizaría en Ultimate Sacrifice (Counterpoint Press, 2008) que el agente de la CIA chicano David Sánchez Morales había organizado y entrenado a los exiliados. Así, todo el privilegio cognoscitivo sobre AMOT se reduce a haber leído el Informe Final (1976) del Comité Church y algunos libros de libre circulación en el pulguero de ideas.

Un detalle revelador

Hay entera libertad para escoger unos hechos ilustrativos y desechar otros, pero aquellos deben ser tan relevantes como exactos. Al respecto de la información que “ocasionalmente” los exiliados de AMOT daban a las autoridades estadounidenses sobre otros exiliados, por haberse involucrado en acciones criminales, Dr. Latell refiere el “caso más dramático:” el atentado contra la sede de Naciones Unidas en ocasión de presidir el comandante Ernesto Guevara la delegación cubana al XIX Período de Sesiones (1964) de la Asamblea General.

Según Latell, agentes de AMOT en Miami se enteraron de que una facción del exilio realizaría un ataque de corte militar contra Guevara, JMWAVE informó al FBI y seguidamente se efectuaron arrestos. No obstante, los militantes de aquella facción consiguieron disparar una bazuca “con control remoto” justo en medio de la arenga de Guevara ante el plenario de la ONU. El proyectil cayó en el Río Este, pero de haber dado contra el edificio hubiera causado muertos y heridos.

Latell siguió aquí la nota informativa (The New York Times, 12 de diciembre de 1964), pero añadió un “control remoto” de su propia cosecha. El militante del Movimiento Nacionalista Cubano (MNC) que preparó la bazuca, Julio Carlos Pérez, declaró que había recortado el cañón para utilizarla como mortero y el mecanismo de disparo era un simple reloj doméstico de alarma. El proyectil erró el blanco por causa del viento.

Sin intervención del FBI, la policía local arrestó a Pérez junto con los hermanos Guillermo e Ignacio Novo. Fueron fichados en el precinto de la Avenida 50 (Long Island) y encausados en el tribunal penal de Queens, pero acabarían librándose de la acusación, porque los policías neoyorquinos no atinaron a recitarles las Advertencias Miranda en la diligencia de arresto.

Coda

Y así tenemos discurriendo por la academia y los medios a demasiados expertos sobre «el problema cubano» que no resisten la crítica del mejor argumento, porque viven del cuento para tupir audiencias. Solo que como hay también demasiadas audiencias proclives a tupirse con lo que quieren oír, esa cubanología pervive como embeleco junto con la agitación y propaganda. La búsqueda de la verdad arraiga entonces como crítica de la mentira, que está al alcance de todos por simple planteo de la razón suficiente.


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