Actualizado: 05/08/2021 10:23
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Panel de opinión

Respuesta de Armando Chaguaceda

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1) ¿Cree usted que sería posible que en Cuba el descontento existente llegara a expresarse de la misma manera, mediante manifestaciones y revueltas populares a favor de la democracia y de un cambio de Gobierno?

Existen varios factores que en un futuro inmediato —y en las actuales condiciones— lo hacen improbable, aunque no imposible. Una revuelta requiere un sujeto colectivo, que en estos países ha sido una juventud en buena medida preparada (con estudios universitarios) y carente de opciones apetecibles de futuro. En ese particular la estructura demográfica de Cuba tiene mucha menor cantidad de jóvenes que la de los países del Magreb y Medio Oriente, aunque los problemas de estos contemporáneos se parezcan: altas expectativas de todo tipo, bajos ingresos y limitadas posibilidades de realización personal, etc. Otro elemento clave es la existencia de redes de comunicación alternativas de suficiente penetración/difusión sociales; en la Isla el acceso a Internet (correos, Faceook, Twitter, etc) y la TV por cable son precarios y los medios masivos están fuertemente sujetos a una política oficial, con orientaciones precisas. Tampoco puede desconocerse la diferencia entre un gobierno autoritario como los que han colapsado en Túnez y Egipto —apoyados por Occidente— y el cubano, que cuenta —aunque erosionado— con el recurso simbólico de la defensa de la soberanía frente a la potencia vecina tradicionalmente opresora: en Cuba los EEUU son asunto de política interna. Eso tiene calado en un sector más o menos amplio de la población. Lo mismo en el tema “justicia social”, base del Contrato Social revolucionario establecido entre el Estado y la población; cuya erosión alterará drásticamente (ya comienza a hacerlo) los términos de la legitimidad y gobernabilidad en Cuba.

Además no olvidemos que por su naturaleza el socialismo de estado —vigente en Cuba— tiene mayor capacidad (y vocación) para controlar y —como decía Jurgen Habermas— colonizar la sociedad, de forma incomparablemente superior a los gobiernos africanos y árabes.

2) De producirse ese fenómeno en la Isla, ¿cuál considera que sería el papel que asumiría el Ejército cubano?:

A) De incondicionalidad al Gobierno.

B) De mediador en la crisis.

C) A favor de los manifestantes.

D) Se dividiría a favor y en contra del Gobierno.

Creo que en caso de producirse ese fenómeno se daría una mezcla de actitudes entre la B y la D, aunque en ello incidirá el timing del hipotético proceso. Con el incremento de la participación militar en la economía y la política sus comportamientos para con la población, ethos profesional y compromisos ideológicos se modifican. Se incrementa su rol como factor de control social en detrimento de la visión del Ejército como “pueblo uniformado” no apto para la represión. Habrá que ver la diferencia de actitud de los jóvenes reclutas y la oficialidad en una coyuntura de crisis.

3) ¿Considera que las reformas que ha emprendido el Gobierno cubano marcan un tiempo de espera dentro del que es improbable una revuelta popular, por muy precaria que sea la situación económica y la vida cotidiana de la mayoría de la población? ¿O son claramente insuficientes y la paciencia de la población puede agotarse y estallar como está ocurriendo en el mundo árabe?

Creo que las reformas aprobadas, en tanto abren un espacio a la iniciativa privada y alivian la demanda acumulada de bienes y servicios, permiten un respiro tanto a la economía nacional como al bolsillo de muchos y en ese aspecto son positivas aunque insuficientes. Pero no me parece que en su actual formulación basten para absorber la marea de desempleados que se abatirá sobre el mercado laboral a corto y medio plazo, y si ello no se corrige pueden surgir problemas. Todo dependerá de la profundidad, velocidad y coherencia de los cambios; de si el incremento del patrón de desigualdad rebasa las fronteras de lo socialmente legitimado (y procesable por la gente), y si se vuelve tan insoportable (en términos de pobreza personal y colectiva) como para incitar a las personas a manifestarse en contra de las políticas en curso y el régimen vigente.


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