Actualizado: 10/07/2020 19:25
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Opinión

Opinión

Revolución y cadaverina

Lo que agoniza en La Habana es toda una época, con sus usos y sus valores, su estética cochambrosa y su propaganda atorrante.

Comentarios Enviar Imprimir

Durante más de dos años, la agonía de Fidel Castro ha gravitado sobre los cubanos como una sombra hecha a partes iguales de aprensión y de esperanza.

Cuando los divertículos lo traicionaron en el verano de 2006 y lo dejaron con un pie en la barca de Caronte, el Comandante vivibundo decidió que seguiría orientando desde el lecho la gestión de su heredero e ilustrando al pueblo mediante artículos de prensa de una hondura filosófica insondable, modestamente titulados "Reflexiones del Compañero Fidel".

Las ausencias y omisiones de estos días, en la fecha más prominente de la liturgia revolucionaria, el 50º aniversario del triunfo de 1959, apuntan a que el tiempo de descuento se le está acabando. Las últimas declaraciones de su alter ego, el coronel-presidente Hugo Chávez, sugieren incluso que el anciano dictador ya está in articulo mortis y sólo falta que en el primer círculo los íntimos se pongan de acuerdo para desenchufarlo.

Aunque el suceso se veía venir, no por eso deja de tener su enjundia. Medio siglo de ejercicio del poder absoluto es una marca mundial que será muy difícil de igualar. En ese plazo, los ideólogos del castrismo han ido forjando una vasta (y basta) sinécdoque, según la cual la nación cubana se identifica con su vanguardia, el Partido Comunista, que a su vez está condensado en los 100 miembros del Comité Central que se reparten los cargos más importantes.

En la cúspide de esa pirámide, Castro I reunía todos los poderes —jefe de Estado y de Gobierno, primer secretario del PCC y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas— y encarnaba a la vez a la nación, la patria y la revolución. Esta transubstanciación era ya tan evidente desde el principio, que en 1967 un periodista norteamericano publicó un mamotreto apologético con el ambiguo título de Castro's Cuba, Cuba's Fidel. Suma y símbolo de la cubanidad, definida ésta como una entidad teleológica revolucionario-comunista, Castro I resumía en su augusta persona toda la Historia de la Isla, desde la flamígera ejecución del cacique Hatuey hasta la llegada de los flamantes autobuses Hutong enviados por China para remplazar a los camellos.

En este sentido, su muerte simboliza también el tránsito de una sociedad completa, no sólo el fin previsible de un régimen inmovilista y anacrónico al que, sin ironía, muchos llaman aún "la revolución". Lo que está agonizando en La Habana estos días, más que un anciano escuchimizado, es toda una época, con sus usos y sus valores, su estética cochambrosa y su propaganda atorrante, con "su puta, su obispo y sus muchos policías", que según el verso de Heberto Padilla son indispensables para construir el socialismo.

La sucesión dinástica de estilo norcoreano que el dictador diseñó parece funcionar por el momento. La sociedad está demasiado agotada y atomizada para hacer otro esfuerzo que el exigido por la más elemental supervivencia. Pero si los herederos no se apresuran a pasar página y a desmarcarse del legado, dentro de poco les pueden crecer los enanos y entonces las peras se les pondrán a cuarto, o incluso a octavo.

Fiesta de la fraternidad

Algunos académicos residentes en el exterior se escandalizaron por la explosión de alegría que recorrió al exilio cubano en 2006, cuando parecía que Castro I estaba a punto de desaparecer. Hasta proclamaron, aprovechando el manido apotegma martiano, que era preciso "honrar" al sátrapa agonizante.

Como buen ateo, me parece que esa caridad cristiana podría encontrar mejor destinatario. Pero eso es asunto de cada quisque con su texto y su conciencia. Parafraseando el machón de un conocido periódico norteamericano, podría decirse que las opiniones son libres pero los hechos son tozudos.

Por lo que a mí me toca, que no es mucho desde la perspectiva histórica, pero demasiado desde la personal, conservo en la nevera tres botellas de champán, que me tomaré con mis amigos, mirando en la tele las imágenes del sepelio, cortesía de CNN.

Y a los académicos bien pensantes, los remito a las palabras que pronunció el presidente de la Convención Nacional, Jean-Lambert Tallien, el 10 Thermidor del Año II (28/7/1794) al recibir la noticia de la ejecución de Robespierre: "Reunámonos con nuestros compatriotas para compartir su alegría. El día de la muerte de un tirano es una fiesta de la fraternidad".


Los comentarios son responsabilidad de quienes los envían. Con el fin de garantizar la calidad de los debates, Cubaencuentro se reserva el derecho a rechazar o eliminar la publicación de comentarios:

  • Que contengan llamados a la violencia.
  • Difamatorios, irrespetuosos, insultantes u obscenos.
  • Referentes a la vida privada de las personas.
  • Discriminatorios hacia cualquier creencia religiosa, raza u orientación sexual.
  • Excesivamente largos.
  • Ajenos al tema de discusión.
  • Que impliquen un intento de suplantación de identidad.
  • Que contengan material escrito por terceros sin el consentimiento de éstos.
  • Que contengan publicidad.

Cubaencuentro no puede mantener correspondencia sobre comentarios rechazados o eliminados debido a lo limitado de su personal.

Los comentarios de usuarios que validen su cuenta de Disqus o que usen una cuenta de Facebook, Twitter o Google para autenticarse, no serán pre-moderados.

Aquí (https://help.disqus.com/customer/portal/articles/960202-verifying-your-disqus-account) puede ver instrucciones para validar su cuenta de Disqus y aquí (https://disqus.com/forgot/) puede recuperar su cuenta de un registro anterior.