Actualizado: 04/12/2020 15:14
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Sacco, Vanzetti, EEUU

Sacco y Vanzetti

¿Conserva vigencia el caso de los dos anarquistas de origen italiano ejecutados en Estados Unidos?

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Es el año 1919. Se inicia la Conferencia de Paz en Versalles, en Moscú se celebra la Tercera Internacional y en Italia Benito Mussolini funda el partido fascista. Ha terminado la Primera Guerra Mundial, pero el panorama no es realmente alentador: la inquietud política y las luchas sociales se extienden no solo por Europa sino que en Estados Unidos el gobierno y los poderes establecidos temen que grupos políticos radicales realicen actos terroristas.

El temor del gobierno norteamericano no es infundado. En abril de ese año son enviadas por correo docenas de bombas a jueces, miembros del gabinete y altos funcionarios. La inmigración procedente de Europa ha estado aumentado vertiginosamente desde antes de la Guerra y entre los inmigrantes hay muchos que se distinguen por sus ideas radicales: anarquistas, comunistas, socialistas. Se desata en todo el país el temor de la “amenaza roja” y aumenta el rechazo a los residentes de origen foráneo. El año de 1919 ha sido de importantes acontecimientos, pero ya está a punto de concluir.

Y sin lugar a dudas, cuando el 24 de diciembre de 1919 se produce un fallido intento de robo de la paga de los trabajadores de una fábrica de calzado en la población de Bridgewater, Massachusetts, nadie piensa que se trata de un hecho trascendente. Un acontecimiento de apenas 10 minutos, sin heridos ni pérdidas, capaz apenas de producir para algunos comentarios por breves días y después quedar olvidado.

Ocurrió todo lo contrario. Aquel pequeño incidente fue el comienzo de lo que se convertiría en uno de los más célebres casos judiciales en Estados Unidos durante el siglo XX; un acontecimiento que se transformó en enconadas controversias en todo el mundo y aún las produce: el caso Sacco y Vanzetti.

Los hechos

El mismo día que ocurrió el intento de robo, la fabrica contrató a detectives de la Agencia Pinkerton en Boston para encontrar los culpables y ofreció una recompensa de $1.000 por su arresto. Aunque varios testigos no coincidieron en la descripción de los asaltantes, todos estuvieron de acuerdo en categorizarlos como “extranjeros”. Atraído por la recompensa, un italiano residente de Boston informó que los asaltantes eran miembros de una banda de anarquistas italianos.

Transcurrieron meses sin que fuera detenido ningún sospechoso, cuando, el 15 de abril de 1920, ocurrió otro asalto; esta vez en South Braintree, un poblado cercano a Bridgewater. En esta ocasión no solo los atacantes tuvieron éxito en su objetivo, y se llevaron unos $16.000 de la paga de otra fábrica de zapatos, sino que dejaron tras dos víctimas. Alessandro Berardelli y Frederick Parmenter, encargados de transportar el dinero, asesinados por los asaltantes.

La policía local y estatal, junto con agentes de la Pinkerton, comenzaron de inmediato las pesquisas. Cinco hombres habían participado en el asalto y utilizado dos automóviles en un robo con todas las trazas de haber sido cuidadosamente planificado. En esos momentos el jefe de la policía de Bridgewater recordó el informe sobre los anarquistas italianos y comenzó una investigación que condujo al arresto de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti. Ninguno de los dos tenía antecedentes penales, pero se encontró que ambos estaban armados. Los dos fueron detenidos por pura coincidencia, en una trampa tendida a otro sospechoso.

De no haber estado armados, posiblemente habrían sido retenidos por poco tiempo, pero las armas en su poder fueron la razón fundamental para no soltarlos. Sacco llevaba una pistola automática Colt calibre .32 y 32 proyectiles de diverso calibre en sus bolsillos. Vanzetti tenía una Harrington .38 y un revolver Richardson.

Los protagonistas

Sacco y Vanzetti habían nacido en Italia y emigrado a Estados Unidos en su juventud. Ambos viajado a México en 1917 —junto con otros pacifistas— para huir del reclutamiento militar, según alegaron en el juicio. Sacco había trabajado fundamentalmente en la industria del calzado y Vanzetti desempeñado diversos oficios; el último, vendedor ambulante de pescado. Sacco estaba casado y la pareja, que tenía un hijo y esperaba otro, se mantenía activa en la recogida de fondos y distribución de propaganda. Al ser detenido Sacco tenía 29 años y Vanzetti 31. Ambos compartían ideas anarquistas y eran amigos.

Desde su juventud en Italia, Vanzetti había leído en su tiempo libre, interesado no solo en el lugar del hombre en la sociedad sino también en cuestiones espirituales. Aunque ambos habían marchado junto a México y participaban en actividades políticas radicales, siempre Sacco fue un anarquista más activo y constante que Vanzetti.

“Comportamiento culpable”

Sacco y Vanzetti pensaron al principio que eran detenidos por sus ideas anarquistas y mintieron a la policía sobre la procedencia de sus armas y municiones; sus relaciones personales y las actividades que realizaban esa noche. Volvieron a mentir al día siguiente, cuando los interrogó el fiscal de distrito, Frederick G. Katzmann.

Tanto el jefe de policía Stewart como el fiscal Katzmann sabían que los hombres estaban mintiendo y se comportaban como culpables que trataban de ocultar algo. Pero, ¿cuál era su secreto? El fiscal creyó que existían suficientes evidencias para acusarlos de cómplices en los asaltos de Bridgewater y South Braintree.

Durante la detención y el proceso de encausamiento, las autoridades cometieron varias arbitrariedades y violaciones de los derechos de los detenidos. Las principales fueron:

  • No se les informó sobre las causas de su detención.
  • Las armas y proyectiles no fueron manejados de acuerdo a los requerimientos que rigen para las evidencias balísticas. Nunca se ha podido demostrar si uno de los proyectiles claves en el enjuiciamiento fue cambiado o no por la policía o la fiscalía, de forma intencional o involuntaria.
  • Para su posible identificación, los acusados fueron presentados ante los testigos de ambos asaltos de forma aislada, no mezclados con otras personas, como es lo usual en este procedimiento.
  • Incluso se ha hablado de que los testigos fueron sugestionados a identificar positivamente a los detenidos.

Inadecuaciones en los procedimientos, similares a las anteriores, se repitieron nuevamente en ambos juicios, y aún hoy constituyen uno de los principales argumentos de los defensores de la inocencia de Sacco y Vanzetti.

Los juicios

El 12 de mayo de 1920 Vanzetti fue acusado de intento de asesinato y robo, por su supuesta participación en el asalto de Bridgewater.

Con el fin de demostrar la culpabilidad de Vanzetti, el fiscal se apoyó principalmente en la identificación de los testigos y las evidencias circunstanciales. La defensa fundamentó sus argumentos en testigos que demostraran que Vanzetti se encontraba en Plymouth la mañana del 24 de diciembre. El juicio fue presidido por el juez Webster Thayer.

Muchos testigos de la defensa no hablaban inglés y se comunicaban por medio de un intérprete, que no traducía de forma precisa sus comentarios. Otros empleaban un inglés limitado. En algunos casos hubo contradicciones entre lo que los testigos del asalto declararon originalmente a los detectives de la agencia Pinkerton y lo que manifestaron durante el juicio; pero la defensa no conocía la existencia de las declaraciones iniciales.

Seis semanas más tarde, el juez Thayer sentenció a Vanzetti a entre 12 a 15 años de cárcel por asalto con intento de robo.

En septiembre de 1921, con Vanzetti ya condenado en un primer juicio, Sacco y Vanzetti fueron encausados por los asesinatos de Alessandro Berardelli y Frederick Parmenter en el asalto de South Braintree. Ambos se declararon inocentes.

Luego de arresto de ambos hombres, sus compañeros y amigos habían formado el Comité para la Defensa de Saco y Vanzetti, destinado a la recogida de fondos para la contratación de abogados y otros gastos. Los miembros del comité buscaron el asesoramiento del destacado anarquista y editor de un semanario radical Carlos Tesca. A sugerencia de la esposa de Tesca, contrataron a un nuevo abogado defensor: Fred Moore.

Moore, que tenía una bien ganada reputación como campeón de causas radicales, es una de las figuras más controversiales en el caso de Saco y Vanzetti. Hay quienes afirmaban que el veredicto podría haber sido diferente con un abogado menos controversial. Si bien Moore logró darle una dimensión internacional al caso y ganó la admiración del novelista norteamericano Upton Sinclair, existe la opinión de que el jurista subordinó las necesidades propias del procedimiento legal a la presentación del caso como un símbolo de la lucha de clases.

El 31 de mayo de 1921 comenzó en Dedham el juicio del estado de Massachusetts contra Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, también presidido por el juez Thayer y con el fiscal de distrito Katzmann. El tranquilo poblado de Dedham fue transformado por la excitación. Multitudes abarrotaban las calles. El edificio de la corte fue protegido por hombres fuertemente armados. Luego de citar a 700 personas se logró formar el jurado de 12 miembros.

El fiscal Williams planteó que se trataba de un caso de asesinato en primer grado. Según él, Sacco había cometido al menos uno de los asesinatos. Admitió que carecía de testigos que hubieran visto a Vanzetti disparar, pero planteó que las evidencias lo vinculaban con quienes habían cometido los asesinatos, y que por lo tanto era “tan culpable como los otros”.

Al igual que en el juicio anterior, las pruebas y argumentos del fiscal han sido cuestionados con el transcurso de los años. Existen iguales dudas sobre si los proyectiles presentados en el juicio no fueron en algún momento cambiados de forma casual o voluntaria. Se ha llegado a esclarecer que uno de los revólveres de Vanzetti no había pertenecido a uno de los hombres asesinados, como se planteó en el juicio. Tampoco los testimonios de los expertos y los testigos citados por la fiscalía han resultado convincentes al cabo de los años. Es más, no se le presentó a los jurados ningún tipo de información sobre el resto de los delincuentes, que nunca fueron detenidos, y las autoridades fueron incapaces de determinar lo ocurrido con el dinero robado.

A las 2:30 p.m. del 14 de julio de 1921, los miembros del jurado se retiraron a considerar su veredicto. A las 7:30 p.m. del mismo día —en un tiempo asombrosamente breve—, el jurado había alcanzando una decisión: “culpables de asesinato en primer grado”. La sentencia equivalía a la pena de muerte en la silla eléctrica.

Esperanzas y frustraciones

Cuando se conoció el veredicto de culpabilidad, muchos creyeron que los hombres habían sido juzgados más por su origen extranjero e ideales radicales que por las evidencias de culpabilidad. Entre los intelectuales fue particularmente intensa la defensa de Sacco y Vanzetti. Los escritores norteamericanos John Dos Passos y Upton Sinclair no solo manifestaron su posición favorable a los condenados, sino que respectivamente utilizaron los hechos en sus novelas The Big Money y Boston. En Francia, Anatole France, en una de sus últimas apariciones públicas, pidió a los estadounidenses que salvaran a los anarquistas. Filósofos, religiosos, periodistas e historiadores de todo el mundo se unieron a los pedidos de un nuevo juicio o la suspensión de la sentencia.

Durante los siete años que transcurrieron entre el arresto y la ejecución de Sacco y Vanzetti, el caso se convirtió en una causa internacional célebre. Los defensores de los condenados planteaban que el juez estaba profundamente prejuiciado contra los anarquistas, y que el jurado había emitido su veredicto tanto por el temor ante la “amenaza roja” como por prejuicios raciales y xenofobia.

La defensa comenzó un largo proceso de mociones para que los acusados fueran sometidos a un nuevo juicio. El momento más significativo de ese proceso fue la declaración de Celestino Madeiros, un ladrón de bancos que se encontraba en la cárcel y declaró haber participado en el asalto de South Braintree. Según Madeiros, el atraco y los asesinatos habían sido cometidos por la banda de los hermanos Morelli, un grupo de delincuentes de origen italiano que se dedicaban al asalto de fábricas de zapatos. Uno de los abogados de la defensa logró construir un sólido expediente contra la banda de Morelli, pero el juez Thayer negó la moción presentada, con el argumento de que Madeiros era un ladrón y mentiroso, lo que lo llevaba a poner en duda sus palabras. No se realizó por lo tanto una investigación más profunda. Todo dio a entender de que las autoridades estaban tan parcializadas que se negaban a oír puntos de vista contrarios a sus opiniones.

Igual suerte sufrió la petición dirigida al gobernador Alvan T. Fuller, quien nombró una comisión encabezada por A. Lawrence Lowell, presidente de la Universidad de Harvard, para analizar el caso. La comisión encontró que, si bien los comentarios discriminatorios emitido por el juez Thayer fuera de la corte eran reprobables, no había un número suficiente de nuevas evidencias para iniciar otro proceso.

Finalmente, en la noche del 22 de agosto de 1927, Sacco y Vanzetti fueron electrocutados.

Dudas e interrogantes

Al mismo tiempo que en todo el mundo aumentaban las campañas en favor de los condenados, entre los anarquistas comenzó a circular el rumor de que en realidad Sacco era culpable del crimen y Vanzetti inocente. Una de las fuentes del rumor parece haber sido el abogado Moore, quien poco antes de la ejecución dijo a Upton Sinclair que lamentablemente había llegado a la conclusión de que Sacco era culpable.

Luego se ha afirmado que tanto Carlo Tresca —líder anarquista— como Giovanni Gamberra —quien fue el primero en visitar a los arrestados— creían en la culpabilidad de Sacco.

¿Fue en verdad culpable Sacco? ¿Se trató más bien de un rumor originado por las rencillas entre los diversos grupos anarquistas y el resentimiento de Moore, cuyos servicios legales habían sido rechazados en 1924 por el Comité de Defensa a instancias de Sacco y su esposa?

Es imposible hoy reconstruir completamente los hechos para llegar a la verdad. Están las palabras, pero falta el énfasis, el cariz emocional. En un juicio que en gran parte se fundamentó en la apreciación personal de los jurados, no se puede afirmar con certeza dónde terminaba el convencimiento y comenzaba el prejuicio.

Pero si existen poderosos argumentos para poner en duda la imparcialidad del juicio, y en favor de la inocencia de los condenados, también es cierto que a través de los años se ha formado una imagen tergiversada sobre las motivaciones e ideales de los dos anarquistas ejecutados.

Lejos de ser unos inocuos soñadores, como los caracterizaron sus defensores, Sacco y Vanzetti fueron miembros de un movimiento que predicaba la violencia y los ataques armados contra las autoridades. Un grupo que contaba entre sus medios de lucha el uso de la dinamita y el asesinato. Nuevos estudios sobre el movimiento anarquista en Estados Unidos han demostrado que el viaje de ambos a México no fue realizado solo con el objetivo de escapar al reclutamiento militar, sino que formó parte de un plan de preparación para una inminente conflagración política que creían se avecinaba en Italia. Cuando las esperanzas de un triunfo revolucionario en Italia desaparecieron, dirigieron su atención a Estados Unidos y regresaron para realizar atentados dinamiteros a miembros del gobierno.

Sacco y Vanzetti estaban armados al momento de su arresto porque creían en la violencia política. ¿Su radicalismo político los llevó al robo y asesinato? El juez Thayer expresó durante el juicio: “Puede que en realidad este hombre [Vanzetti] no haya cometido el crimen… pero él es… enemigo de nuestras instituciones… Los ideales del acusado son afines al delito”. Y aunque el tiempo ha mostrado que las palabras del juez siempre han encontrado oídos afines en millones de estadounidenses, dejan muy entredicho el sentido de justicia del magistrado. Sacco y Vanzetti no fueron acusados de las actividades terroristas —que pudieran haber cometido de acuerdo a sus ideales—, sino por delitos comunes. Y en este sentido hay pruebas irrefutables de violaciones realizadas durante el procedimiento judicial.

Tema de diversas obras literarias y al menos una película, en cierto sentido el caso Sacco y Vanzetti mantiene una actualidad que apenas se reconoce hoy.

Con prosa lacónica y tensa, Dos Passos escribe en The Big Money sobre la ejecución en Boston: “Está bien, somos dos naciones”. La sentencia del escritor encierra una peligrosa vigencia en nuestros días

Cronología

24 de diciembre de 1919: intento de robo en Bridgewater.

2 de enero de 1920: redadas en Estados Unidos para detener a los “rojos” y deportarlos como agitadores peligrosos.

15 de abril de 1920: asalto y asesinatos en South Braintree.

5 de mayo de 1920: arrestados Sacco y Vanzetti.

11 de junio de 1920: Vanzetti acusado por el asalto de Bridgewater.

22 de junio al 1ro. de julio de 1920: juicio de Vanzetti en Plymouth.

16 de agosto de 1920: Vanzetti sentenciado por asalto e intento de robo en el frustrado ataque en Bridgewater.

11 de septiembre de 1920: Sacco y Vanzetti acusados por los asesinatos ocurridos en South Braintree.

31 de mayo de 1921: comienza el juicio a Sacco y Vanzetti en Dedham.

14 de julio de 1921: jurado encuentra a Sacco y Vanzetti culpables de asesinato en primer grado.

5 de noviembre de 1921: se presenta la primera moción para una revisión del caso.

18 de noviembre de 1925: Celestino Madeiros envía nota con confesión a Sacco.

12 de mayo de 1926: la Corte Suprema rechaza las mociones y ratifica las sentencias de Sacco y Vanzetti.

26 de mayo de 1926: se presenta una moción con la declaración de Madeiros ante el juez Thayer.

23 de octubre de 1926: rechazada la moción basada en declaración de Madeiros.

5 de abril de 1927: Corte Suprema ratifica el fallo del juez Thayer en contra de la moción en base al testimonio de Madeiros.

9 de abril de 1927: Sacco y Vanzetti condenados a muerte.

3 de mayo de 1927: petición de clemencia enviada al gobernador.

3 de agosto de 1927: gobernador Fuller ratifica veredicto y sentencia.

1921-1927: entre estos años se presentaron ocho mociones, todas denegadas por el juez Thayer. La Corte Suprema y por último el gobernador ratificaron en todos los casos las decisiones del juez.

23 de agosto de 1927: Sacco y Vanzetti son ejecutados.

1928: se publican las Cartas de Sacco y Vanzetti.

23 de agosto de 1977: en el 50 aniversario de la ejecución, el gobernador de Massachusetts, Michael Dukakis, declara el “Día de Sacco y Vanzetti”.


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