Actualizado: 15/11/2019 19:53
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Sin condiciones previas

¿Podría ser Cuba otra Sudáfrica? ¿Aceptaríamos una solución al estilo asiático?

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En los años 1950 y 1960, los lingüistas John Austin y John Searle desarrollaron una de las teorías del lenguaje más influyentes, no sólo en su campo, sino en los estudios sociales y de género: la Teoría de los Actos del habla.

Para ambos, la comunicación estaba dividida en actos preformativos, entre los que contaban los locuacionarios, ilocuacionarios y perlocuacionarios. Estos últimos tenían la capacidad de "hacer" algo en el momento que el hablante lo expresaba. Es decir, si yo digo: "Aquí tienes mi reloj", o "aquí tienes a mi hija", en ambos casos estoy diciendo algo y lo estoy haciendo al mismo tiempo.

Sin embargo, para que funcionen estos actos comunicativos, decía Searle, debemos contar con "pre-condiciones", que son las que hacen efectiva o realizan en la comunicación nuestros deseos. Debemos dar por sentado, por ejemplo, que ambas personas hablan el mismo idioma, que lo que dicen es "lógico" y que la persona que afirma en una Corte: "te entrego a mi hija" está siendo honesto y tiene toda la intención de cumplir con su promesa.

Si no existen tales condiciones previas, no existiría tampoco la comunicación, y no tendría sentido conversar con nadie. Mi pregunta, sin embargo, es la siguiente: ¿Es posible "suspender" por un momento estas "condiciones previas" con el fin de continuar una conversación?

La llegada de Obama

Desde que comenzó la campaña presidencial se ha comentado mucho la importancia que tendría para Cuba la elección de Obama. No sólo porque es negro, sino también por su forma liberal de acercarse a la política. El lector recordará que en uno de los debates presidenciales Obama fue el único que dijo que estaría dispuesto a conversar con Raúl Castro sin "condiciones previas", a diferencia de Clinton, quien dijo que no se debía plantear una visita presidencial sin pruebas que demostrasen un progreso, en interés de EE UU y del pueblo cubano.

En febrero de 2008, cuando las agencias noticiosas hicieron públicas estas diferencias, Fidel Castro posiblemente tenía a Obama como su candidato preferido; pero, poco después, cuando la Fundación Cubano Americana lo invita a Miami, y Obama se muestra partidario de la política del embargo, Fidel Castro escribe un artículo airado, que titula La política cínica del Imperio.

En el mismo afirma que no sería honesto permanecer callado, después de las declaraciones del senador de Illinois, en su discurso ante los directivos de la Fundación, ya que su posición "se puede traducir en una fórmula de hambre para la nación, las remesas como limosnas, y las visitas a Cuba en propaganda para el consumismo y el modo de vida insostenible que lo sustenta" (26 de mayo de 2008).

Cualquiera mínimamente interesado en la política cubana sabe que las llamadas "condiciones previas" han sido una constante en todos los diálogos con La Habana, cosa que el gobierno de la Isla rechaza por creer una intromisión vergonzosa en sus asuntos internos. Esa es una opción política por la cual no siente ningún respeto.

En tal sentido, Silvio Rodríguez, haciendo de ventrílocuo de su Comandante, lo dejó dicho en términos muy gráficos en la canción El Necio: "vienen a convidarme a tanta mierda". Lógicamente, de poco o de nada vale que quienes traten de dialogar con La Habana piensen que la oposición debería ser reconocida, y los derechos de todos los ciudadanos validados por la Carta Magna de Naciones Unidas. No. La verdadera cuestión está en cómo hacer valer esos derechos en la mesa de negociaciones (ya que cada vez parece más remota la opción militar), y así obligar a aceptar los derechos humanos a quienes lo consideran "una mierda".

Objetivos, actores y contexto

Y si de negociaciones se trata, aquí nuevamente tendríamos que entrar en el terreno de la teoría política, del arte del buen gobierno, de la pragmática del lenguaje, y de cómo negociar un arreglo que sea comprensivo para todas las partes, en el cual son tan importantes los objetivos como los actores, y el contexto político-histórico-social que sustenta el sistema.

¿Qué modelo deberíamos seguir en la resolución de este conflicto? ¿De cuál de ellos podemos sacar estrategias que nos sirvan en el caso cubano?

Dos casos parecen los más pertinentes cuando se trata de Cuba: el modelo asiático y el sudafricano. Con ambos se ha comparado la situación de la Isla y, de hecho, el segundo ha sido uno de los más exitosos en los últimos años. ¿Podría ser Cuba otra Sudáfrica? ¿Aceptaríamos una solución al estilo asiático?

Ian Shapiro, un académico de origen sudafricano que enseña en la Cátedra de Política de la Universidad de Yale, ha insistido, en varios de sus trabajos, en el modelo de negociación que resolvió el conflicto en su país y puso en marcha un proceso de paz y reconciliación que todo el mundo admira. En una conferencia junto a Ernesto Zedillo y John Gaddis ( American Foreign Policy: Multilateralism or Unilateralism), Shapiro abogó por un diálogo político que excluyera las "condiciones previas", como una forma de hallar solución a los conflictos.

Aunque no menciona el caso de Cuba, debería interesarnos, ya que estas parecen ser la forma de pensar Obama y el nuevo modelo académico en la teoría política de EE UU. Según Shapiro, la existencia de "condiciones previas" en las negociaciones en Medio Oriente dio al traste con los posibles acuerdos que pudieron alcanzarse; ya sea si estas precondiciones eran aceptar el derecho del Estado de Israel a existir, desarmar a las milicias o detener los ataques suicidas.

Precisamente, una de las cosas que hizo tener éxito las negociaciones en Sudáfrica fue que durante el proceso no hubo precondiciones de ningún tipo, por parte del gobierno ni de sus interlocutores, lo que permitió mayor libertad. En el caso de Cuba, una negociación sin condiciones previas significaría abrir el diálogo a la "buena voluntad" del gobierno cubano, adoptar medidas unilaterales que le quiten presión y, por último, mantener un conflicto de baja intensidad con el que ambos países puedan vivir cómodamente.

Sin embargo, en otro estudio ( Problems and Prospects for Democratic Settlements), Shapiro aplica el mismo modelo a los conflictos en Irlanda del Norte y Palestina, y resalta características similares en todos los casos: la búsqueda de legitimidad del Estado, las prácticas no democráticas de los gobiernos y la dinámica de conflictos que se da entre las partes.

En este ensayo, Shapiro y sus colegas hacen una distinción importante entre lo que llaman "democracias imperfectas" y gobiernos autoritarios, ya que en las primeras, dicen, sus líderes podían ser sacados del poder a través del voto popular y, en los segundos, esto era algo imposible. Solamente este reparo sería un nudo gordiano insalvable para cualquiera que trate de solucionar el caso de Cuba según esta propuesta, a no ser que crea que Cuba es una "democracia imperfecta o de diverso tipo" —como dicen quienes apoyan al régimen—, capaz, por consiguiente, de movilizarse y cambiar a través de actores internos y con base en la (i)legitimidad de sus gobernantes.

El único campo abierto

Ahora, también parece claro, después de medio siglo de confrontación, que una lista de condiciones fijadas de antemano para negociar no dará resultado en el caso de Cuba. Que el exilio, aun cuando rechace la idea, no logrará todo lo que busca en una negociación con La Habana, pero que, si logra algo, será más de lo que tiene ahora. Que el único campo de negociación que nos queda abierto es el económico, especialmente ahora que el régimen ha cambiado de actitud respecto al trabajo y la ganancia, y apoya el individualismo.

Pero ya sabemos que por ese camino sólo vamos hacia el modelo chino o vietnamita, que sostiene tozudamente un desprecio por los derechos humanos, y la igualdad social. Al mismo tiempo, sugiero que no deberíamos ser pesimistas, que toda negociación puede sorprendernos y hacer surgir actores que hasta ese momento permanecían aislados o desconocidos.

Como decía el ex primer ministro israelí, Isaac Rabin, "no negociamos con nuestros amigos, sino con nuestros enemigos". El caso de Sudáfrica es un buen ejemplo y ojalá ese sea el camino a seguir.


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