Actualizado: 26/05/2022 12:27
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Un golpe al inmovilismo

Sólo reconstruyendo una sociedad civil fuerte el país logrará salir de la parálisis actual.

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Si la sociedad civil es un sistema interrelacionado de asociaciones, espacios públicos, derechos y libertades; si la misma constituye la base del intercambio de opiniones, de concertación de conductas y de toma de decisiones de los ciudadanos para participar en los asuntos de su interés; si para su existencia no se requiere de otra autorización que las que emanan de las leyes; entonces en Cuba no existe tal institución.

Su ausencia constituye la principal causa de la parálisis y el retroceso en que se encuentra la sociedad cubana. ¿Por qué? Porque más allá de los irrealizables sueños totalitarios, en la actualidad es imposible avanzar en ausencia de la sociedad civil. El dramático hecho nos invita a mirar atrás, a preguntarnos por qué en Cuba, a pesar de las indiscutibles injusticias sociales existentes, se avanzó en materia de derechos cívicos y políticos hasta una Constitución, la de 1940, que sirvió de sustento a todas las luchas cívicas y políticas posteriores, incluyendo al movimiento revolucionario que tomó el poder en 1959.

Colonia y República, nacimiento y apogeo de la sociedad civil cubana

Las raíces de esa desaparecida sociedad civil están: en los reclamos que la naciente oligarquía criolla habanera del siglo XVIII hiciera a través de su primer ideólogo, José Martín Arrate, en La Llave del Nuevo Mundo. Antemural de las Indias Occidentales donde definió la identidad del habanero como hombre de historia ciudadana para impugnar, desde fuera del poder, el lugar que ocupaban dentro de la sociedad colonial; en las enseñanzas cívicas que impartió el padre Varela en la Cátedra de Constitución del Seminario San Carlos, a la que denominó cátedra de la libertad, de los derechos del hombre; en José Antonio Saco, quien desde la Revista Bimestre Cubana desató un ataque contra el corazón del sistema esclavista al promover la eliminación del comercio de esclavos; en Domingo Delmonte, quien al cerrarse la revista encontró en las tertulias la forma de seguir forjando valores cívicos y discutiendo los problemas de la época sin permiso de las autoridades coloniales; y en José de la Luz y Caballero, quien se consagró a la educación cívica como premisa de los cambios sociales.

Al culminar la Guerra de los Diez Años esas raíces emergieron con las medidas implementadas por España con el Pacto del Zanjón: libertades como las de prensa, reunión y asociación que, aunque limitadas, permitieron el surgimiento de periódicos, partidos políticos, y asociaciones de diversos tipos, los que junto a la labor de José Martí desde los Estados Unidos, prepararon el reinicio de la lucha por la independencia. Con el nacimiento de la República en 1902, la sociedad civil cubana se expandió por todo el país y por todos los sectores sociales. Un creciente número de asociaciones y medios de prensa participaron en influyeron en todos los asuntos nacionales, desde los aumentos salariales hasta la deposición de dictaduras como la de Gerardo Machado. Sin embargo, la sociedad civil cubana no llegó a alcanzar la madurez suficiente para impedir su destrucción.

La amenaza enemiga como justificación y la situación actual

Las contradicciones con Estados Unidos, la política de confrontación resultante y la guerra fría le brindaron al gobierno cubano el principal argumento para desmontar la sociedad civil: "ante la amenaza exterior no se podía permitir la existencia de ninguna institución independiente".

En 1959, una vez desaparecidos los partidos tradicionales, las fuerzas políticas se fundieron en las Organizaciones Revolucionarias Integradas, las que en 1963 se convirtieron en el Partido Unido de la Revolución y en 1965 en el Partido Comunista de Cuba. El diverso movimiento juvenil desapareció para dar paso a la Unión de Jóvenes Comunistas. Las asociaciones femeninas de todo tipo se convirtieron en la Federación de Mujeres Cubanas. Las asociaciones de estudiantes universitarios en la FEU y las de segunda enseñanza en la Unión de Estudiantes Secundario. El movimiento obrero, que ya en 1887 había tenido su primer congreso, y que con sus luchas logró innumerables beneficios materiales para los trabajadores, pasó a ser controlado por el Partido Comunista. Las asociaciones de empleadores como la Asociación de Hacendados de Cuba, la Asociación de Colonos de Cuba, la de Cosecheros de Tabaco y la Asociación Nacional Campesina fueron sustituidas en 1961 por la Asociación Nacional de Colonos y esta por la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños. Instituciones como la Autonomía Universitaria, refrendada en la Constitución de 1940, dejaron de existir con la Reforma Universitaria de 1962.

La prensa, cuya historia se remonta a 1790 con el Papel Periódico de La Habana, que en la República contó con órganos como Alerta, Noticias de Hoy, El País, Excelsior, La Calle, Prensa Libre, Diario de La Marina, El Mundo, Social, Bohemia, Carteles y Vanidades, junto a una red radial que ubicó a Cuba en cuarto lugar en estaciones de radio a nivel mundial y a la televisión, inaugurada casi inmediatamente después de los Estados Unidos y a las asociaciones culturales, cines, teatros y editoras de libro, pasaron a ser monopolio del Estado.

El tiro de gracia se produjo en marzo de 1968 cuando se desató la "ofensiva revolucionaria" contra los "últimos vestigios del capitalismo". Esta vez los perjudicados no fueron las empresas extranjeras ni la burguesía sino todo aquel que tenía un medio de vida independiente: bodegas, barberías, cafeterías, reparadoras de calzado y puestos de venta de fritas fueron barridos del escenario cubano.

La importancia que tuvo aquella sociedad civil la expuso el Dr. Fidel Castro en su alegato La historia me absolverá, cuando expresó: "Os voy a referir una historia. Había una vez una república. Tenía su constitución, sus leyes, sus libertades; Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo… Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos…"

El desmontaje de la sociedad civil, esgrimido por el Gobierno como necesidad para la sobrevivencia de la revolución, explica el estado de deterioro y retroceso de la Cuba actual. Por ello, la nueva política del presidente estadounidense Barack Obama, con una plataforma que implica la renuncia a ser agente de los cambios en Cuba, echa por tierra la "amenaza enemiga", desarma los argumentos para negarse a restablecer tan importante institución y le da un tiro de gracia a la falsa tesis de condicionar los cambios internos a los cambios del "enemigo". Ello significa, con independencia de cualquier deseo, un contundente golpe al inmovilismo.


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