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Fortún: Una entrevista con Marcos Miranda

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una entrevista de Denis Fortún

La primera vez que vi a Marcos Miranda -recién llegado yo a Miami- fue en la librería Books and Books, de la ciudad de Coral Gables. Sentí que redescubría a alguien que suponía olvidado. Sin embargo, los innumerables personajes que interpretó en la televisión cubana, lo mismo en programas de corte infantil o dramatizados para adultos -sobre todo en el serial “En Silencio…”-, me dio el fácil pretexto para recordarlo enseguida, sin apenas cruzar palabra con él. Hoy, cuatro años después, le hago una entrevista al que considero un artista, dramaturgo y profesor que sin dudas cuenta con un sólido espacio dentro de la cultura cubana en general, sin importar orillas.

¿Por qué Marcos Miranda se va de Cuba en un momento donde la vanguardia artística cubana aparentaba un compromiso fuerte con la Revolución?

El año 1980 fue definitorio para todos los que de una forma u otra disentíamos del proceso. A mí se me acusó de ser el cerebro de una especie de conspiración en la que se pretendía sacar a varios artistas de Cuba, y por eso, lógicamente, fui citado a Villa Marista. Después de semejante acusación, opté por el exilio, y acerté. No sé a quién se le ocurrió aquella descabellada idea, pero quien haya sido, cambió el rumbo de mi vida. Pues aunque mi familia en el ochenta envió un barco a través del puerto del Mariel para recogernos a mi esposa y a mi hija menor, las autoridades jamás fueron a buscarnos. En verdad, el gobierno fue quien nos conminó a irnos.

¿Vienes directamente a Miami o tienes tu “largo viaje” como muchos otros cubanos?

Mi salida definitiva de Cuba no pasó hasta 1984, y lo hice por España, donde viví 7 años. Una experiencia extraordinaria, que me devolvió la fe en la humanidad, que casi pierdo en Cuba. Desde año 1980 hasta el 1984, fue una época muy dura en la isla para todos los que presentamos nuestra salida del país. Nos sacaron del trabajo y sin posibilidades de recuperarlo o encontrar nuevos. Recuérdese que el sistema comunista no permite la actividad laboral privada de manera oficial, y en aquel momento no existían empresas mixtas ni corporaciones extranjeras donde pudiéramos prestar nuestros servicios ni mi esposa ni yo. La única posibilidad o camino a tomar cristalizó en hacernos artesanos (más bien zapateros) y vender nuestra producción en La Plaza de La Catedral.

¿Entonces puedo asumir que te arrestaron en la famosa “Operación Adoquín”, donde muchos artesanos, sin prueba o delito aparente, fueron a parar a los calabozos del DTI en La Habana?

No. Nunca me di a conocer como artesano. Jamás me inscribí como tal. Y aunque lo hubiese querido, como era mi deseo realmente, mi condición de “gusano” que se iba del país, me lo impedía. Mi hermano Carlos, y mi amigo, el actor Mike Romay (e.p.d.), vendían mi producción. Creo que me salvé porque nunca fui a La Plaza, a pesar de que a Norma, mi esposa, y a mí, nos interesaba aquel peculiar movimiento artístico, y también empresarial, donde el arte y la gestión de ventas se pusieron de manifiesto, y de manera muy próspera e independiente, como no había pasado antes del 59. Además, mis pocas apariciones en la calle como cualquier ciudadano de a pie y sin acceso a los medios, que hice luego de mi renuncia al ICRT como director, escritor y actor, bastaron para que fuera llamado nuevamente al Departamento de Seguridad del Estado, donde se me “aconsejó” que no saliera a la calle porque el público me reconocía como El Ingeniero de “En silencio ha tenido que ser” o El Abuelo Paco de “Variedades Infantiles”. Eso, según “ellos”, “ponía en peligro” el permiso para mi salida definitiva de Cuba. De modo que, a partir de ese momento, comenzó mi condena de cuatro años de prisión domiciliaria.

En el serial “En Silencio…” interpretas un personaje “negativo”, que la gente disfrutó, aún cuando se trataba de un tipo “cobarde”. Cuéntame de esa experiencia en general.

Abelardo Vidal, escritor de la serie y amigo mío, me habló para que interpretara El Ingeniero, y cuando me leí el guión, lo rechacé a pesar de ser un excelente personaje. La razón fue simple, estaba aburrido de que me encasillaran en personajes negativos: nazis, alzados, drogadictos, proxenetas, asesinos, desafectos al sistema, etc., etc. La tendencia a ese tipo de rol, aún cuando me ofrecía una excelente posibilidad de desdoblamiento en el trabajo actoral, le ocasionaba a mis dos hijas menores conflictos en la escuela, al extremo de que en una oportunidad tuve que hablar con la directora del plantel para que tomara medidas encaminadas a controlar las reacciones de los alumnos con las niñas. Al final acepté el papel a instancias de Vidal, quien me afirmó que El Ingeniero tendría un cambio radical en su comportamiento en el transcurso de la serie, y que terminaría siendo un personaje positivo. Esto jamás ocurrió. De todas maneras, se trató de una gran experiencia, y tuve la oportunidad de convertir a un personaje desafecto a la revolución, en un hombre de carne y hueso, libre de esquemas, y con una proyección humana que trascendió al público, a pesar de sus contradicciones personales.

Recién la Editorial Baquiana publicó “Desde las dos orillas”, una trilogía de tu autoría -de muy buena factura, además- que incluye a “Lina”, puesta en escena a la que cierta crítica no le dio muy buen trato, sobre todo por considerar fuera de contexto el hecho de que a un artista cubano le negaran la salida en 1959. ¿Cuentas con elementos que aseguren lo contrario, y que en fecha tan temprana ya existían las órdenes específicas para que frenasen un supuesto éxodo de artistas cubanos al exterior?

Por supuesto, no es menos cierto que durante los primeros meses del mal llamado triunfo revolucionario, el éxodo no fue sólo de artistas, sino de muchas personas que tuvieron la claridad de atisbar el futuro, y tomaron el camino del exilio; muchos que quisieron viajar no pudieron por diversas razones. En aquel momento el régimen no avistaba la masividad que vendría después, pero ya imponían ciertas restricciones para salir del país. En aquel maremagno, los intelectuales y artistas no fueron una excepción.

Ahora bien, el tiempo en una obra de teatro se da, a diferencia de la obra literaria, de muchas maneras: cambios de vestuario, maquillaje, utilería, etc., o distanciando al espectador de otros elementos gráficos, como proyecciones, carteles… que no es el caso. Resulta imposible en una hora y cuarenta y cinco minutos hacer una cronología en tiempo, y de todos los acontecimientos que afectaron a los artistas de la televisión cubana. El régimen, cada vez más, empezó a “apretar” las posibilidades de salir del país, y en esa enmarañada situación se vio la protagonista de mi obra. No sé si son muchos o pocos los actores y actrices que se quedaron atrapados. Yo, personalmente, conozco algunos casos (que me reservo por razones obvias, pues viven en Cuba). Respeto a los críticos, su trabajo es criticar. Pero es el público quien tiene siempre la última palabra.

¿El personaje de Ricardo es una referencia a una alta autoridad cultural o política de la Isla?

No. Ricardo no es un dirigente, es un creador. Un individuo convencido de que su talento está por encima del bien, el mal, y en el fondo es víctima de sí mismo, de su egocentrismo, de su falta de tolerancia, de su soledad, de su ambición, y de su gran inseguridad frente a la vida y a sus relaciones personales. Es un personaje patético, amoral, lleno de contradicciones, defectos; con un gran talento que no alcanza a palear su terrible personalidad.

¿Lina, acaso es una Rosita Fornés, tal vez una Gina Cabrera, otra gran actriz de las tantas que se quedaron en Cuba luego del 59?

En todas las entrevistas que me han hecho, sostengo que Lina es un compendio de personalidades de las muchas actrices cubanas que desafortunadamente se quedaron por una u otra razón en la isla, y que yo tuve el privilegio de dirigir en televisión. Lina no tiene su homónima en Cuba. Las razones por las que muchas de nuestras primerísimas actrices se quedaron, responden a problemas económicos, familiares, personales, etc. Lina es mi homenaje a todas esas mujeres que dedicaron sus vidas al arte dramático: a las que se fueron y ganaron la libertad, pero perdieron su país; y a las que se quedaron, y sin embargo perdieron la libertad y toda posibilidad de retomar sus carreras en un mundo libre.

Todo escritor se nutre de experiencias personales al momento de escribir su obra. ¿Hay mucho o poco de ti en los personajes que conforman a “Lina”?

Yo soy un escritor comprometido con mi tiempo y con mi entorno. No sé, ni quiero aprender, a desprenderme de lo que fui, de lo que soy, y de lo que persigo cuando escribo. No me propongo, cuando surge el maravilloso fenómeno de la creación de una obra o un personaje, agregarle algún rasgo mío. Si lo hiciera, rompería ese proceso. Ahora, considero que de alguna manera la obra en sí siempre tiene mucho del intelecto y las propias vivencias del autor.

Amparo y Clementina, ¿una historia del ICRT?

Para nada, es un juego escénico. Una tragicomedia donde dos mujeres enfrentan su sexualidad y luchan por lo que quieren alcanzar en sus vidas. Es una obra para dos primeras actrices.

Aunque hoy se anuncian en las carteleras de Miami numerosas presentaciones de teatro, ¿consideras que esta manifestación cuenta con “salud” suficiente como para mantenerse en la preferencia de un determinado público y ser asimismo rentable?

¡Definitivamente sí! Soy un ferviente, y convencido, defensor del teatro en Miami. Considero que una ciudad como ésta debe y tiene que contar con muchas opciones teatrales. Aquí hay espacio para dar cita a todos los géneros. Hay un público diverso sin dudas.

Mi opinión es que muchas personas no asisten más al teatro porque lo que prefieren ver no está en los escenarios con que habitualmente contamos.

Dirigí en el Teatro Bellas Artes la obra “Entre Mujeres”, del autor español Santiago Moncada, que estuvo en cartelera ocho meses, con un éxito absoluto. Se trataba de una pieza. Algunos años atrás, “Mi hijo no es lo que parece”, protagonizada por Pedro de Pool, estuvo un año en la escena del Teatro Martí -tristemente demolido y sin visos de que levanten otro espacio teatral en ese lugar-. En este caso, era una divertida comedia. Miami es la puerta de Latinoamérica en los Estados Unidos, por eso necesita multiplicar y diversificar sus espacios teatrales para verdaderamente convertirse en una capital cultural.

¿Por qué Marcos Miranda está ausente de la televisión en Miami? ¿Qué haces actualmente?

Después que cerré el ciclo (1999-2004) de “Luna Verde”, el programa nocturno que conduje durante esos años y que salió al aire por América Teve, Canal 41, me propuse un receso en la pequeña pantalla local. Estaba agotado, pues entonces era productor de los segmentos humorísticos de “Sábado Gigante” y, además, escribía “Teté Comité” y “Qué pasa en casa”, para Radio Martí, donde continuo escribiendo y dirigiendo un programa de sátira política: “Diario Grampa”.

Actualmente, en TeleMartí, conduzco “En el marco de Marcos”, un programa de entrevista a personalidades de la cultura cubana y latinoamericana en general. El año pasado, después de casi veinte años retirado de la pequeña pantalla como actor, retomé mi carrera en la Telenovela “Pecados ajenos”, para la CadenaTelemundo. Ese mismo año, MegaTV me llamó para interpretar a Roberto, el padre de Gabriel, donde tuve la suerte de trabajar junto a Chayanne, lo cual significó para mí una grata e inolvidable experiencia. En este momento empiezo a grabar la telenovela “El rostro de Analia”, una producción de Telemundo. Como ves no estoy tan ausente de la televisión.

Marcos, para cerrar lo que al final se ha convertido en una extensa entrevista, la que te agradezco sin dudas. ¿Eres una persona comprometida con la reconciliación de una Cuba diferente?

Mi compromiso es con la libertad de Cuba. Comunismo y libertad son antagónicos. Mientras existan los Castro, yo no puedo reconciliarme con ellos, ni con su camarilla. Te cuento algo que me ocurre frecuentemente: cuando llega alguien de visita o que viene a quedarse definitivamente, y me reconoce, me expresa palabras de admiración, de respeto y cariño.

Yo no puedo reconciliarme con un pueblo con el que nunca me disgusté. Ellos, por su parte, jamás se disgustaron conmigo. Yo no me alejé de ellos. No los abandoné. Fue el comunismo y los Castro quienes nos separaron. En mis actuaciones en Miami, quienes asisten a las funciones, me expresan iguales muestras de afecto. Ellos son ese pedazo de pueblo que, como yo, ha venido en contra de su voluntad, huyendo del sistema. Conmigo no hay arreglo. Regresaré a Cuba sin los Castro y sin comunismo.



De Armas: Una entrevista con Armando Valdés-Zamora (II)

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Reseño dos entrevistas antes de pasar a la nuestra. En la primera, en Efory Atocha, Chago dialoga con Maria Elena Cruz Varela, quien analiza los actuales movimientos en la cúpula del poder castrista, y nos habla de su próxima presentación en Barcelona, entre otros tópicos. No se la pierdan. En la segunda, la famosa Superwoman, que en su momento electrizara la blogosfera cubana, responde a las preguntas de nuestras reporteras de oro en la Segunda Elaboración de este blog en Google.

A continuación, la segunda parte de la entrevista posteada en la entrada anterior. Abarcadora y muy instructiva:

Una entrevista con Armando Valdés-Zamora

por Armando de Armas

Armando de Armas: Usted es Doctor por la Universidad de la Sorbona con una tesis titulada La escritura del cuerpo: el discurso teórico y poético de José Lezama Lima. ¿Cómo se aprecia en la obra lezamiana la escritura del cuerpo, específicamente cómo se manifiesta en la novela Paradiso?

Armando Valdés-Zamora: Con respecto a Lezama mi tesis es que es el cuerpo la forma predominante en toda su escritura: poesía, narrativa, ensayística, diarios, cartas, etcétera. Yo he pretendido invertir el punto de vista crítico con respecto a la escritura de Lezama: verlo como un escritor del cuerpo y no del espíritu insular, partir del análisis de su conciencia y confrontarlo al texto sin tener en cuenta las numerosas trampas y guías apócrifas con las cuales él criollamente desvía a los lectores.

En mi tesis yo demuestro que Lezama pasa por tres etapas al tratar de escribir un texto-cuerpo: una insular, otra barroca y la última, la más trágica, que él mismo nombra barroco carcelario, es la etapa durante la cual él escribe su propio cuerpo, encerrado en el espacio de su casa y en el tiempo agónico del estalinismo de los setenta, que coincide con el final de su vida en 1976.

Ah, en mi tesis me centro en la poesía de Lezama, en su discurso teórico y en su escritura íntima. No toqué entonces Paradiso porque es de lo que más se ha hablado. En un libro que escribo actualmente integró la novela a esta estructura de lectura del cuerpo que divido en dos partes: Mirada y Experiencia corporal. Los resultados de este estudio complementario aún no son definitivos.

AA. ¿Cómo se aprecia la escritura del cuerpo, digamos, en la narrativa cubana de la década del 90 al presente?

AV. La imaginación literaria cubana puede valorarse a partir de la lectura de la figura del cuerpo. Eso forma parte de un proyecto de libro que sé me llevará muchos años de trabajo. Con respecto a la narrativa de los 90 quiero creer que son las memorias de Reinaldo Arenas "las responsables" de otra manera de llevar al extremo la corporeidad en la literatura cubana. Aquí lo que se ha dado en llamar "las políticas del cuerpo" están regidas por el exceso del sexo y por el nihilismo del sujeto. El cuerpo en Arenas es la única posesión y reivindicación del insular frente al poder, el máximo ejemplo de rebeldía frente a las marcas que instaura el totalitarismo en los cuerpos de sus víctimas. Aunque se diferencie mucho de Antes que anochezca por adoptar la forma de una ficción, La nada cotidiana de Zoé Valdés es la variante femenina de esa manera descarnada de asumir el cuerpo, en este caso de una mujer. Estos dos libros, junto al Premio Cervantes a Cabrera Infante en 1997, constituyen los hitos más visibles de la literatura cubana en Europa en los noventa. Mucho de lo malo que ha venido después en nuestras letras parte de una interpretación errada y simplificada de estos paradigmas.

Yo quiero añadir también los casos de los desaparecidos Guillermo Rosales y Carlos Victoria. Me parece increíble no haberlo leído en ninguna parte, pero yo considero la novela Puente en la oscuridad el más logrado trabajo de ficción de todos los escritos sobre la tragedia del exilio de Miami: ese cuerpo dividido en dos, esa mitad perdida del hermano, ese padre del otro lado del puente, tomando como base lo más sugerente del romanticismo inglés, salvan otra manera perdurable e intelectualmente refinada de escribir el cuerpo contemporáneo del cubano.

AA. ¿Qué opinión le merece que el mismo régimen que condenó a José Lezama Lima al ostracismo y la miseria, procure luego de su muerte rendirle honores y apoderarse por otra parte de su legado?

AV. Mario Vargas Llosa ha escrito un bello artículo en El País sobre el intento de recuperación de Jorge Luis Borges por parte del gobierno populista argentino que deseaba repatriar los restos del escritor enterrado en Ginebra. Los mediocres siempre necesitan empobrecer el discurso con símbolos que las masas idolatren.

La figura de Lezama se puede prestar a la burda recuperación por el solo hecho de haber muerto en Cuba. Lo más bochornoso no es la manipulación de los comisarios culturales, sino la traición a su memoria de quienes contaron con su confianza y que se prestan por temor y oportunismo a tergiversar incluso su pensamiento y su literatura. Los ejemplos sobran, pero quiero mencionar al menos uno. El de "la congelación" de la tesis de la teleología insular. Esta idea de Lezama que data de 1937 sólo constituye una etapa inicial de su pensamiento, la cual, además, él criticó después. Dejar a Lezama en este estado de sus reflexiones estéticas pretende integrarlo a la idea de una excepcionalidad insular a la que corresponde un hecho final unitivo, una utopía posible que viene siendo al triunfo de la revolución de 1959. Sin comentarios…

La celebración de un coloquio en México en 2010 por los 100 años del nacimiento de Lezama promovida por José Prats Sariol y de cuyo comité organizador formo parte, es una de las maneras de tratar de salvar la memoria de "El Maestro", de actualizar el estudio de su obra, de rendir homenaje a unos de los más importantes escritores de todo el siglo XX, al margen de rencores, de odios, y de protagonismos inútiles.

AA. ¿Ha visto la película sobre Lezama, El viajero inmóvil, que el régimen de La Habana ha hecho circular recientemente? ¿Qué le parece la película? ¿Qué le parece el hecho de que algunos de los intelectuales que aparecen en el filme fueron los mismos que le censuraron y reprimieron?

AV. De esa película sólo he visto las imágenes de Youtube, aunque sí he leído muchas reseñas que insisten en considerarla muy mediocre. De las bajezas de ciertos sectores intelectuales cubanos de la isla se puede esperar cualquier cosa. Yo que quiero ser hasta compasivo me pregunto qué harán esos canallas letrados cuando no estén sus amos en el poder…

AA. ¿En qué proyecto literario trabaja actualmente Armando Valdés-Zamora?

AV. Acabo de terminar lo que llamo "mi poemario de exilio", en el cual trabajé durante 10 años, se trata de un poemario apócrifo que toma como base un grabado alquímico alemán…

También está casi concluida la antología de cuentos cubanos a la que me refiero en la respuesta 5. Retomo el próximo verano una novela sobre los años 93 y 94 en Cuba. Más que de balseros se trata de una novela de argonautas, es en cierta medida, una continuación de las ideas expuestas en mi primera novela, Las vacaciones de Hegel.

Poco a poco acumulo las páginas de un libro de cuentos, bastante raros, por cierto.

Escribo un libro de ensayo a partir de mi tesis sobre Lezama.

Constantemente abordo en artículos y ensayos publicados casi siempre en Francia diferentes aspectos de la literatura cubana. De aquí saldrá también un libro.

Y acumulo fuerzas e ideas para una historia de la imaginación literaria cubana de la cual sólo están escritos algunos esbozos.

AA. ¿Es feliz Armando Valdés-Zamora? ¿Qué es lo que más desea en su vida?

AV. Contra todos los pronósticos me considero un hombre feliz. Como digo en un poema: Triunfador de todo por una razón inesperada y desmedida: me pasé de límites y de destinos.

Nunca hubiera pensado cuando me expulsaron en un acto público a los 18 años del preuniversitario por problemas ideológicos, cuando mis balsas no llegaban a sus destinos ni cuando vendía libros en la Plaza de Armas, que viviría en París. Que vería crecer mis hijos nacidos en Francia. Que podría viajar, con mi pasaporte francés y un mínimo dinero sudado con mis clases, por el mundo entero cuando me dé la gana. Y decir no, y no pasarme nada…

Lo que más deseo ahora en mi vida es que no haya en Cuba presos políticos. Así de simple.

Y poder ir de vacaciones a la playa con mi hija Ariane que el día que atraparon a Saddan Hussein se puso de lo más contenta y vino a decirme en medio de su confusión de dictadores: Papá ya podemos ir a la playa en Cuba, cogieron a FC, estaba en un hueco y con la barba sucia…

Tomar un café de nuevo con mi madre en Santa Clara. Publicar en revistas literarias editadas en mi país sin filiaciones ni obediencias políticas. Transmitir a los estudiantes cubanos y a los escritores lo que aprendí en Francia. Que en el país en que nací reconozcan el trabajo intelectual que he consagrado a la literatura cubana, a pesar de los rigores de la sobrevida en el exilio.

Y que nunca más cuando me presenten en Francia mi interlocutor me pregunte:

- ¿Cubano?, ¿de dónde? ¿De Cuba o de Miami…?

Y yo me vea obligado a responderle:

- No Monsieur, cubano de París, del Mundo. ¡Un cubano libre!

Ser cubano, por culpa de otros, es algo sumamente difícil… ¿no?



De Armas: Una entrevista con Armando Valdés-Zamora (I)

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una entrevista de Armando de Armas

Armando Valdés-Zamora nació en La Habana, en abril de 1964, pero creció en Santa Clara por una razón trágica: sus padres fueron encarcelados y fue criado por una tía en esa ciudad del centro del país.

Ha publicado el poemario Libertad del silencio, Ediciones Trazos de Cuba, París, 1996, y la novela Las vacaciones de Hegel, Madrid, 2000, que resultó finalista del Premio Felipe Trigo, publicada en Francia como Les vacances de Hegel, donde fue finalista del Premio a la mejor primera novela en Francia. Doctorado por la universidad de la Sorbona en 2003 con una tesis sobre José Lezama Lima, es profesor Adjunto de la Universidad de Paris XII y de la Escuela Superior de Gestion (ESG) de París. También es autor de decenas de artículos y ensayos sobre la literatura cubana publicados en Cuba, Europa y Estados Unidos.

Armando de Armas: Como estudioso de las letras cubanas, ¿qué opinión le merece el estado actual de la literatura cubana en la isla y en el exilio?

Armando Valdés-Zamora: La principal ganancia de la literatura cubana actual viene de un doble aspecto cuantitativo: la cantidad de escritores con que cuenta y la cantidad de libros escritos por cubanos que se publican.

En cuanto a lo que en realidad cuenta, es decir, a la calidad, soy mucho más escéptico. En este aspecto la literatura cubana no es una excepción: ocurre lo mismo en todas las lenguas y países. El ensayista italiano Pietro Citati -uno de mis favoritos- afirma que actualmente la gran literatura "descansa". El escritor cubano José Manuel Prieto decía hace poco en una entrevista que la literatura cubana llega tarde, que es muy lenta. Pienso que Prieto se refiere a la forma de nuestra literatura. Creo que toda gran literatura llega un poco tarde, excepto la testimonial o la literatura que Cabrera Infante llamaba "de aeropuerto", la que dura, digo yo, el tiempo del vuelo.

Lo que más me preocupa de la escritura de ficción cubana actual es que parece ser escrita para ser aplaudida de inmediato, para ganarle una apuesta a otro concursante sin tratar, además, grandes temas con la reflexión de una prosa trabajada ni la búsqueda de una forma, de una manera de decir que corresponda a esas intenciones.

Pienso sin embargo que en los libros de Abilio Estévez, José Manuel Prieto, Antonio José Ponte, y en textos diversos de otros escritores del exilio, se inauguran nuevos cánones de la escritura literaria cubana.

No me gustaría hacer diferencias entre los escritores de Cuba y los que estamos fuera. Pero las limitaciones, las rupturas referenciales y de difusión, han llegado a extremos que nos tienen que diferenciar cuando escribimos, claro.

Debo confesar que cada vez leo con más temor los textos escritos en Cuba porque la suma de decepciones que he sufrido en los últimos tiempos con esas lecturas entristece mi memoria afectiva. Quiero al menos mencionar un ejemplo que contradice lo que acabo de decir, porque siempre hay personas que a pesar del ostracismo y la incomunicación insular, del desespero por ser reconocidos afuera, hacen una obra de calidad, como es el caso de Ena Lucía Portela.

AA. ¿Por qué salió de Cuba?

AV. Yo salí de Cuba porque le tengo terror a la cárcel. Es decir, temía no soportar los rigores del encierro y convertirme, por ejemplo, en delator de amigos. Salí también porque quería "perderme" como se dice en cubano. Confundirme con el mundo. Coger catarro por culpa de una nevada. Ganar el derecho a una privacidad y a cierto anonimato. Vivir, en serio, como los personajes de las películas que veía en los cines de Santa Clara o en la cinemateca de la Rampa. Y para escribir y hablar, para gritar que NO, algo, esto último, que me fascina…

AA. ¿Cómo es la vida de un escritor cubano exiliado en París?

AV. La vida de un escritor cubano en París depende de cómo sobrevive materialmente en una de las ciudades más caras del mundo. En Francia sólo 3% de los escritores viven de su literatura. (Dos cubanos han tenido la suerte de integrar este selecto grupo: Zoé Valdés y Eduardo Manet).

Yo trabajo de profesor en una universidad pública y en unas cuantas privadas, lo cual creo es un privilegio para un ex balsero que llegó a Paris sin ni siquiera hablar francés. Tengo clases todos los días. Mi escritura es el sueño. Y esto no es una metáfora onírica. Escribo, investigo y leo en horas que pertenecen al descanso. Termino una conferencia para un coloquio o para una revista. Adelanto uno de mis libros. Retoco mis cursos sobre América Latina antes de irme a correr unos kilómetros a un parque para no perder la forma. Es decir que duermo como promedio 5 horas por día. Me levanto temprano, escribo si las clases comienzan más tarde. Me sumerjo en el metro. Doy clases. Me voy a la biblioteca. A veces vuelvo muy tarde a casa. Pero he logrado reunir en mi apartamento parisino las más confortables condiciones mínimas para escribir: silencio y soledad.

Ahora, me digo a veces cuando me veo correr delante de los espejos de las tiendas, he logrado ser uno de esos personajes de las películas que veía en Cuba: formo parte de una ficción retrospectiva.

AA. ¿Considera que ha habido algún cambio en la percepción de las elites culturales en Francia respecto al régimen militar cubano, por un lado, y respecto a sus víctimas, por el otro?

AV. El cambio de visión en Francia del régimen cubano, es relativo. Siempre se acompaña de un insoportable PERO…"la educación", "la salud", los Estados Unidos, etc. Es cierto que los principales medios de difusión en Francia se refieren a Cuba como una dictadura. Sin embargo no hay que pedirles demasiado: el tema de los prisioneros políticos, de la existencia de una oposición interna y sobre todo, lo relativo al exilio de Miami, sólo se conocen y aprueban en restringidos círculos.

AA. Cuénteme un poco de esa antología de la narrativa cubana en que trabaja actualmente.

AV. Lo de la antología de cuentos cubanos es un proyecto que hago con Liliane Hasson, la más conocida traductora de escritores cubanos en Francia. Pero bueno, no avanzo nada. Sólo que hay una veintena de escritores cubanos de todas las latitudes y corrientes.

AA. Usted cuenta con una obra que incluye poesía, narrativa y estudios académicos, ¿en cuál de esas vertientes de la escritura se mueve mejor Armando Valdés-Zamora?

AV. En realidad son placeres diferentes que se complementan. Yo sé que mucha gente que me conoce no va a creerme, pero lo que más placer me provoca es escribir literatura de ficción. Mi tesis de 7 años interrumpió una segunda novela que tenía avanzada y de la cual saltaron personajes a exigirme cuentos. La crítica literaria, los ensayos, forman parte de la pasión que tengo por valorar de otra manera y divulgar en Francia nuestra literatura. Creo que tengo el azaroso honor de haber podido pasar años en las universidades y en las bibliotecas francesas y me apasiona leer la escritura cubana desde ángulos que creo inexplorados.



Una entrevista con Zoe Valdés

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Armando de Armas le hace esta excelente entrevista a Zoe Valdés, escritora de “personalidad apasionada, herética, erótica, crítica y frontal”, que “no rehúye la polémica y asume lo políticamente incorrecto como una premisa en tanto intelectual”. Como afirma De Armas, la autora de La nada cotidiana no necesita presentación:

Textual: Una entrevista con Zoe Valdés

La nada cotidiana es la novela que la lanza a la fama y el reconocimiento internacional, fama y reconocimiento que, rara avis, hacen justicia al valor literario. Gusana, Patria, Traidor y Yocandra, sobre todo Yocandra, son personajes arquetípicos dentro de las generaciones de los hombres y mujeres nacidos y criados a partir de los finales de la década del cincuenta en Cuba. ¿Cómo se relaciona al presente Zoé Valdés con esa obra? La nada cotidiana resulta un arco tensado en una cuerda entre el dolor y el placer. ¿Cómo logró tensar, trenzar esos opuestos, y disparar la flecha en el blanco?

Sí, es cierto, antes de La nada cotidiana había escrito esa otra novela Sangre azul, que también se publicó en Francia, incluso antes que se editara en Cuba. Yo no esperaba demasiado de La nada cotidiana, más bien poco, por esas mismas razones que esgrimes, en relación a los personajes arquetípicos, y porque además es una novela catarsis, no es para nada cartesiana. No es una novela sobre un período ínfimo y preciso de la historia de Cuba como se ha dicho para deslucirla, porque han dicho que se trata de una novela sobre el período especial; no, es una novela que empieza con un flash back, y de inmediato retoma el año 1959, y sigue hasta el año 1995. Me gusta mucho la numerología, aprecio el sentido literario de la numerología en la vida: 1959-1995. La nada cotidiana es una novela catarsis, y sí, es un arco tensado entre el dolor y el deseo, o el placer, como apuntas, pero para mí es más importante el deseo.

Precisamente estoy escribiendo la novela final que sellará la serie de seis novelas sobre mujeres cubanas: La nada cotidiana, La hija del embajador, Te di la vida entera, Café Nostalgia, Querido primer novio, y esta del cierre, que todavía no daré el título, pero que es la novela con la que redondeo el círculo. No sé si lo volveré a abrir alguna vez, porque es una espiral demasiado caótica. Y en el camino del exilio intenté recobrar un orden. Estoy muy conectada con La nada cotidiana, nunca lo dejé de estar, lo que sucedió es que exploré otros temas, otros mundos, reorganicé mis lecturas, puse cosmos en mi caos, y he regresado al tema más serena.

Siempre intento escribir una novela como si tejiera un tapiz antiguo, eso se me ocurrió hace años, mientras observaba los tapices de La Dama con Unicornio, en el Museo Cluny. Me dije: algún día me gustaría escribir una novela como mismo están entretejidos esos tapices —de hecho en Café Nostalgia la referencia por capítulos es a esos tapices—, que cada hojita hilvanara con otra hojita, y que los hilos nos contaran su recorrido laberíntico. Me gustan los libros donde uno empieza perdiéndose entre el tejido de la escritura y se reencuentra entre las piernas del amante, lo mismo doblada dentro de su pañuelo, o en la palma de su mano, o encima de su espalda. Concibo la escritura como un acto lúdico y sensual, no es una pose, intento siempre homenajear al surrealismo. Y fíjate, volviendo a los tapices de la Dama con Unicornio, son seis, y mientras te escribo advierto que la serie lleva el número seis.

“¿Quién fue esa primera y constante relación de Dánae? No hay sorpresas, fue Tierra Fortuna Munda. Por quien años más tarde ella dejará a su esposo y a sus hijas para recobrar su verdadera dimensión humana”. ¿Es su novela Querido primer novio un canto al amor lésbico, tierno e inquietante a la vez, o un canto a la madre tierra, al regreso seminal desde la urbanidad catastrófica que resulta La Habana bajo el castrismo tal un ciclón que aún no cesa? Tierra Fortuna Munda tiene unas reminiscencias de nigromancia, de culto a la kiyumba, nombre de semidiosa o capitana de caldero en prenda de Palo Monte. ¿Es usted una iniciada en alguna de las ramas de las religiones afrocubanas, eso que el sabio Fernando Ortiz denominó sincretismo y que pudiera no ser más que una de las disímiles vertientes de la gran corriente gnóstica occidental concretándose, manifestándose en el Caribe?

La primera y constante relación de Dánae fue una niña, igual que ella, una adolescente. Mi novela Querido primer novio es un canto al amor lésbico, tierno, inquietante, como apuntas, y también un canto a la madre tierra. Yo deseaba hacerle un homenaje al campo cubano, a los taínos, y a la kiyumba. Soy una iniciada, mi abuela era santera, y por mi padrino estuve muy relacionada con el Palo Monte, viví esa relación maravillosa entre los cultos afrochinocubanos (africano, chino y cubano) y la poesía que se desgaja de ellos. Nunca viví nada de eso con terror, lo asumí como algo natural. Pero lo asumo más como literatura, como lo hizo Lydia Cabrera, que como concepto exclusivamente religioso. A mi juicio la mayor narradora cubana se llama Lydia Cabrera. Querido primer novio es un homenaje a la obra de esta gran mujer, gran antropóloga e intelectual. A mí me interesan mucho los cultos de la tierra, la Diosa Blanca, la fertilidad, creo que esa relación fantástica, en el sentido mismo de la palabra, entre la tierra, el río, el mar, constituye el origen de nuestra riqueza artística, cultural, y que aún estamos muy absorbidos por la ciudad, por el asfalto. Yo soy muy de asfalto, sumamente urbana, pero mi cuerpo necesita de un buen revolcón en la tierra para poder escribir, en el sentido metafórico y en el literal.

Hábleme del libro La ficción Fidel, de cómo lo concibió y de las dificultades que le ha acarreado publicar ese texto. ¿Por qué cree que ha molestado tanto?

La ficción Fidel es un libro que ha venido escribiéndose desde hace años, porque no sólo en él reuní un conjunto de artículos que fui publicando aquí y allá, en el periódico El Mundo, en El Nuevo Herald, entre otros medios de prensa. También hay conferencias, o sencillamente existía el germen de otro libro muy personal, ficción pura, cuyo propósito era contar los sueños que los escritores cubanos han tenido con Castro, o sea, perdón, más bien las pesadillas. Y de este modo decidí reunirlo todo, pesadillas, artículos, conferencias, y principalmente, cotejar la historia tal como la he vivido, contada a mi manera. No me interesa la historia como no sea para escribir ficción. Lo explico en el prólogo. Yo fui un testigo bastante huidizo. Yo huía de la peste, en todos los sentidos, pienso que eso me libró de comprometerme con la basura. Mi modelo es Camus, Albert Camus, no Sartre. Las dificultades de este libro no han sido numerosas, pero sí profundas. Todas tienen que ver con la visión de algunos sobre mi supuesta intención de desprestigiar a una figura que para ellos supone el nec plus ultra de lo grandioso.

Yo no creo en sacralizaciones, mucho menos en el culto a la personalidad. Siempre he sido más bien sacrílega, hereje. Y te confieso que serlo, en contra de un dictador que ha durado cincuenta años en el poder oprimiendo a nuestro país, ha sido de un placer telúrico. Nunca me sentí mejor que cuando tecleaba afiebradamente ese libro en mi cabeza. Lo que importaba en aquel momento era narrar literariamente, y no pasar cuentas de manera científica, y en toda regla de pulcritud. La literatura es subversiva o no lo es. Tú lo sabes, la practicas con tu obra. Escribiste un texto maravilloso sobre mi amigo Fernando Arrabal. Un día, jugando con Arrabal, porque con él siempre se juega, no se habla, se juega, me comentó que uno de los momentos más orgiásticos de su vida fue cuando escribió su Carta abierta a Fidel Castro, antes le había dirigido una al General Franco. Es cierto, hay una especie de orgía entre los sentidos, entre lo prohibido y lo oculto, entre lo que se puede y lo permitido, en el momento en que escribes en contra del odio, de la muerte, en contra de los dictadores, y más cuando ese dictador es de izquierdas, innovación a la cubana.

O sea que las dificultades vinieron después de publicado el libro, en cuanto supe que esas dificultades empezaban me alegré, porque me dije, no pasará inadvertido, les molestará. Una vez más conseguí hincar con la palabra ahí donde les duele. Se supone que es nuestro cometido, ¿no?

He leído que trabaja en una novela sobre la vida del ex gobernante, y general cubano, Fulgencio Batista y Zaldívar. ¿Cómo marcha ese trabajo? ¿Qué la motivó a escribir acerca de Batista? Alguna vez le oí decir que escribiría una novela basada en la vida del prócer independentista Carlos Manuel de Céspedes. ¿Abandonó ese proyecto o simplemente lo demora? ¿Qué tal una novela sobre José Julián Martí Pérez?

Trabajo en tres novelas, en la sexta de la serie de mujeres cubanas, de la que te hablé en mi primera respuesta a esta entrevista; también trabajo en la de Fulgencio Batista y Zaldívar, y en una tercera que constituye la segunda de una trilogía en la que ya involucré a Remedios Varo, en La cazadora de astros. Esta segunda será sobre otra mujer del surrealismo. Y la tercera sobre una cubana del surrealismo. Pero esa cuarta está sólo en el pensamiento.

Escribo mucho porque tengo miedo de quedarme muenga de una mano, o paralítica, o perder la memoria, que ya me sucedió en una ocasión, y porque tengo ganas de hacerlo. No se puede escribir sin ganas. Es algo muy relacionado con el sexo, sin ganas no se puede, sin amor cuesta trabajo. Mis modelos son muchas y muchos. Pero siento una fragilidad muy grande cuando pienso en Jean Rhys, tengo mucho en común con ella, o tal vez viva en un momento donde deseo aferrarme a ella, a su obra. Tuve un tiempo en el que viví muy agarrada a Baudelaire, otro a Proust, otro a Yourcenar, a Anaïs Nin, otro correspondía más bien a François Rabelais, o a Gustav Flaubert. De todos soy deudora. De Fernando Pessoa, de Octavio Paz, de Sándor Márai...

De Fulgencio Batista sencillamente me motivó su infancia. Stefan Zweig, que es otro de mis idolatrados, trató como nadie la infancia en las biografías que escribió. Y luego, me hechizaron en ese orden: la transformación del personaje, sus años brillantes, los menos, hasta el final. Pero no se trata de una biografía, es una novela pura, donde la dificultad que enfrento es que casi todo está dicho, escrito, incluso por él mismo, y lo peor: todo el mundo posee una opinión sobre el personaje, y con frecuencia, errada.

Carlos Manuel de Céspedes, pues, mira, trabajé en sus dos diarios de campaña, los dos últimos, hasta su muerte. Es una figura fascinante. Pero en cuanto a la novela, aparté la idea, de todos modos, Raúl Chao ya escribió una novela insólita, magnífica, sobre Céspedes, se titula Contramaestre, y se puede encontrar en la librería Universal.

En la novela que estoy escribiendo, casi terminada, hay una aparición muy teatral de José Martí, no sé si los lectores la apreciarán, porque como aparición es sumamente atrevida. De Martí siempre me gustó esa manera tan ardua, apasionada y urgente que tenía de escribir. Y su poesía amorosa, erótica, y aquel poema homosexual de Martí, titulado Alfredo, que han querido tanto esconder. Yo soy muy martiana, me considero una mujer de Martí, tal como las describió Gonzalo de Quesada y Miranda, en Mujeres de Martí. Entre la elocuencia y el delirio, que se pueden expresar de disímiles maneras.

¿Cómo es su vida en París? ¿Cómo es la relación con su hija Luna? ¿Quién se ocupa en el hogar de los tediosos menesteres de llevar las cuentas, o cambiar un bombillo que se fundió, Zoé Valdés o su esposo Ricardo Vega?

Mi vida es muy sencilla en París, la mayor parte del tiempo trabajo, hago periodismo, imparto cursos, ahora formaré parte de un proyecto cultural que me interesa mucho. Luna y yo somos madre e hija, e intento ser amiga, creo que lo conseguimos. Pero vigilo el más mínimo detalle de ella, la escuela, las salidas, soy una madre cubana, ya sabes. No tan impertinente, tampoco tan permisiva. Los tediosos asuntos de las cuentas, bueno, tenemos un contable. Pero de los papeles se ocupa Ricardo, y de cambiar los bombillos los dos. Yo con más frecuencia, porque soy muy ferretera, y estoy en el detalle de la lámpara que se fundió, etcétera. Yo de niña siempre andaba en una chivichana, o con una carriola de madera, o me tiraba de las lomas de la Habana Vieja sentada en un patín. Siempre fui muy marimacha, de grande me gusta mecaniquear, pero no he sido dotada lo suficiente, y la mayoría de las veces provoco accidentes nefastos.



Una entrevista con Armando Valladares

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Armando Valladares constituye, en sí mismo, un sinónimo del presidio político cubano. A finales de 1960, con sólo 23 años, fue detenido y encarcelado por el régimen de Fidel Castro, quien lo mantuvo tras las rejas durante más de dos décadas. Finalmente, gracias a la presión internacional y a diversas gestiones de personalidades cubanas en el extranjero, fue liberado en 1982.

Su encarcelamiento, su libro Contra toda esperanza –un testimonio de sus años como prisionero político- y su labor de denuncia como embajador de Estados Unidos en la ONU, lo convirtieron, junto a Ricardo Bofill y otros célebres defensores de los derechos humanos, en un referente para la embrionaria sociedad civil cubana y el exilio.

La siguiente entrevista, cedida por el periodista de TV Martí Alfredo Jacomino a este blog –agradecemos una vez más su generoso aporte-, aborda la personalidad y puntos de vista del escritor y ex prisionero de conciencia. Que la disfruten:

Textual: Una entrevista con Armando Valladares

¿Usted cree que escogió su destino, o sucedió a la inversa?

No creo que ningún hombre escoja su destino, creo que hay circunstancias y cosas que colocan a los hombres en diferentes situaciones y el resultado de esa actuación mucha gente la llama “el destino”. Yo creo que el curso de una vida, si es que está predestinada, es algo que los hombres desconocen.

¿Qué duele más, un golpe, una cicatriz o un recuerdo?

Duele mucho más un recuerdo, porque el golpe en el momento se te pasa y la cicatriz queda ahí, es una huella física que no te molesta, que no te duele. Pero un recuerdo puede ser mucho más doloroso que los golpes y las cicatrices.

¿Cómo prefiere que lo llamen: ex embajador, ex preso, poeta, pintor o simplemente por su nombre?

Simplemente por mi nombre.

De las cosas que ha logrado conseguir en la vida, ¿cuáles son las que más atesora?

Mi familia, el estar con mi esposa y mis hijos.

¿Qué le provoca hoy mayor miedo?

En primer lugar el futuro de mis hijos, de mi familia, por el mundo en el cual estamos viviendo. Creo que para cualquier padre amante de sus hijos es preocupante. El futuro es algo que lo veo de verdad muy negro para las próximas generaciones, y cuando digo esto estoy pensando en la destrucción sistemática y constante de los valores tradicionales cristianos de esta sociedad. Y por supuesto, también me preocupa el futuro de Cuba viéndolo a través de la destrucción de estos valores.

¿Perdona a sus carceleros y a los jefes de sus carceleros?

He perdonado absolutamente a todo el mundo. He perdonado a los que lanzaron cubos de excremento en mi rostro, a los que me golpearon, a los que me torturaron, a los que me vejaron a mí, a mi madre, a mi hermana, a mi padre, a mi familia. He perdonado personalmente a esa gente y cuando te digo perdonar es porque no hay un ápice de odio absolutamente en mi corazón. Pero no es una actitud asumida después de la salida de la prisión, es una actitud que asumí desde el primer día que llegué a la prisión.

Repito, el odio es un sentimiento que aniquila al que lo padece. Perdonar es una actitud muy íntima. Pero nadie tiene el derecho de perdonar por otros, por eso me parece a veces inconcebible que haya gentes que digan que hay que perdonarlo todo. El perdón es una cosa tan íntima que sólo tiene que ver con uno. Yo no puedo perdonar un caso tuyo o de alguien a quien le hayan fusilado un familiar. El hecho de que yo haya perdonado no quiere decir que piense que un día la gente que cometió esos crímenes no tenga que responder ante la justicia.

Durante todos los años que estuvo preso, si lo hubieran dejado salir 24 horas, ¿qué hubiera hecho en ese tiempo?

Si hubiera tenido 24 horas por supuesto que las hubiera compartido con mi familia. Recuerda que en 22 años creo que tuve trece visitas. Es decir, hubiera compartido ese tiempo con Marta, con mi madre, con el resto de mi familia.

El régimen de Castro mostró en la televisión que usted aparentaba estar inválido, pero que caminaba dentro de la celda mientras era grabado por una cámara oculta. Para quienes no sepan o no recuerden ese evento, ¿qué dijo usted en su defensa?

Bueno, ese fue un montaje. La persona que en algunas ocasiones hizo mi papel vino por la Base de Guantánamo. Yo lo conocí aquí, anda ahora por Filadelfia, y también vino el técnico del ICAIC que participó en ese montaje. Todo el mundo sabe que es típico de los comunistas este tipo de montaje. Se lo hicieron a Andrei Sajarov, me lo hicieron a mí, pero lo importante no es si yo estaba más o menos enfermo. En realidad eso no le quita valor a lo que estábamos denunciando. Puedes estar seguro de que ese montaje no fue creído por la mayoría de la gente. Es más, pasó con los cubanos como con la película Estado de sitio, que el antihéroe se convirtió en héroe. Tanto es así que el propio Fidel Castro tuvo que ordenar que sacaran la película de los cines. Entonces, para mucha gente, esa exhibición tuvo un efecto diferente a lo que el gobierno pretendía.

¿Ha sentido alguna vez que no valió la pena estar preso?

No, yo estoy absolutamente convencido de que no perdí el tiempo en la cárcel y que era necesario que yo estuviera ahí. Porque para mí la cárcel fue una grandísima enseñanza. Estuve preso en una actitud que mucha gente no logra en la calle. Primero, conocí a los hombres y tuve años para conocerme a mí mismo, y meditar acerca de mi presencia en la Tierra, de mi futuro acerca de lo que es el hombre. Yo no creo que fue tiempo perdido. Mucha gente me dice eso y les digo que nunca estuve preso, porque la verdadera libertad es la que Dios le da al hombre, y esa yo no la perdí nunca. Para mí la prisión fue solamente falta de espacio y falta de acceso a las cosas que normalmente la gente tiene en la calle, nada más. Nunca me sentí preso y mientras un hombre no se siente preso está libre de alma, de conciencia y de pensamiento; es un hombre libre aunque esté en un rincón durante años y años como estuve yo.

Su nombre trascenderá a futuras generaciones como víctima de una dictadura. ¿Qué le hace sentir eso?

Si eso sirve para que el ejemplo de nuestro sacrificio se disemine… porque acuérdate que yo soy uno más entre miles y miles. Yo soy quizás alguien un poco más conocido, que escribió un libro que tuvo éxito, pero mi sufrimiento, y lo que yo pasé, fue el sufrimiento de lo que pasaron decenas de miles de hombres, y si eso sirve de ejemplo para que las futuras generaciones conozcan la verdadera naturaleza criminal del régimen de Castro y los horrores de una dictadura, y si eso sirve para que traten de que nunca más se repita, pues yo me sentiré satisfecho.

¿Cree que en realidad la gente en el mundo está tan ocupada de sus asuntos que eso de la solidaridad con los oprimidos resulta una aberrante hipocresía?

Bueno, no creas, porque eso ha cambiado mucho en los últimos treinta años. Si hace treinta años hubiera existido la cantidad de gente que en este momento está interesada en los derechos humanos, posiblemente nosotros, los presos políticos cubanos, no hubiéramos tenido que estar tantos años en prisión. Recuerda que hace 20, 25 años, los derechos humanos eran un tema casi exótico. Hoy por hoy creo que no existe un sólo gobierno en el mundo que no tenga un departamento de derechos humanos, y creo que no solamente los gobiernos, las grandes empresas también ya están empezando a tener departamentos que se ocupan de los derechos humanos.

A su juicio, ¿cuáles son las principales virtudes y defectos del exilio cubano?

Esa es una pregunta bien difícil de responder. Yo creo que el gran defecto que hemos tenido, y para mí sería el más importante, es no haber sido capaces de lograr una unidad de lucha frente a la dictadura. De las virtudes… somos un exilio del cual todos los cubanos podemos estar más que orgullosos, porque después de cincuenta años de dictadura se sigue manteniendo aquí un espíritu de lucha, de amor a nuestras raíces. Creo que el más grande logro es haber podido mantener vigente ese amor por la patria esclava y no sólo eso, sino haber sido capaces de transferir ese amor a nuestros hijos que nacieron fuera de Cuba.

¿Qué responsabilidades le impone la fama?

El tener que estar siempre mucho más atento y vigilante de lo que yo estaría normalmente en todos los aspectos.

¿En el mundo artístico ha logrado mayor reputación como pintor o como poeta?

En realidad he logrado más como poeta que como pintor, a pesar de que en los últimos años me estoy dedicando muchos más a la pintura que a la poesía. Porque en realidad lo que yo soy es un pintor, fue lo primero que hice. Empecé a estudiar artes plásticas cuando tenía doce años con una dispensa especial, porque hasta los trece años no se podía empezar en la Escuela de Artes Plásticas de Pinar del Río, y pintar fue mi primera vocación. Después de pintar comencé a escribir y luego, envuelto en todas estas situaciones en que me encontré después de mi salida de la prisión, no tuve tiempo de dedicarme a la pintura como lo estoy haciendo ahora. En este momento tengo más de noventa cuadros colgados en todo lo que es Estados Unidos, Centroamérica, Francia y España, y los coleccionistas más importantes del exilio tienen obras mías. Sigo pintando, ahora voy a tener una exposición en España.

Si el destino le concediera hoy mismo tres deseos, ¿cuáles escogería?

El primero de todos (y eso puede parecer un poco egoísta, pero quiero ser sincero en esta entrevista): la seguridad absoluta de mi familia, de mis hijos, de mi esposa. Después la libertad de Cuba, y después que el futuro de Cuba sea un futuro de libertad, como lo soñamos todos los que hemos estado luchando por esa libertad.

¿Le tienta la idea de hacer política en una Cuba libre?

Rotunda y absolutamente no. Porque después de 22 años en la cárcel soy con mi tiempo casi un anarquista. Uno de los peores sacrificios para mí, fueron los años en que fui embajador. Tenía que estar constantemente comunicando dónde iba a ir, qué iba a hacer. Aquella cosa que me parecía ridícula de que de lunes a viernes tenía que andar en un carro blindado con los cristales de dos pulgadas de grueso y conductores y escoltas, y después el viernes me iba con Marta y los niños a pasear por Italia. Para mí ése fue el más grande de todos los sacrificios. Después de eso incluso recuerdo que mi buen amigo Jack Kemp, luego de que yo renunciara a mi cargo de embajador, fue a la Casa Blanca y le propuso al presidente -y esto salió en Wall Street Journal- que me nombrara para ser el próximo embajador de Estados Unidos en la OEA. Yo me subí a un avión y fui a ver a Jack Kemp personalmente, y le dije: “Por favor, te agradezco muchísimo, pero no hagas eso porque no me interesa para nada, yo lo que estoy es loco por terminar esta tarea que me dio el presidente Reagan y volver a mi libertad”.

¿Cree que hay muchos cubanos que, para desgracia nuestra, se parecen en su carácter autoritario a Fidel Castro?

Yo creo que en todos los grupos sociales te vas a encontrar gente que tienen esos impulsos totalitarios. Ojalá que ninguna de esta gente llegue a tomar las riendas de nuestro país, ni de ningún grupo donde tenga personas a su mando, porque las consecuencias sabemos que son nefastas.

Usted ayudó a denunciar la esclavitud en República Dominicana, en un campo tan cercano a nuestras raíces como el de la caña de azúcar. ¿Qué detalles y personajes descubiertos le resultaron más despreciables?

Fue en realidad asombroso ver que en un lugar tan cercano existían estas condiciones de esclavitud tan tremendas. Observé cosas allí que jamás pensé que podía verlas ni en República Dominicana ni en ningún lugar en America. Gracias a Dios y a este documental que hicimos, Los niños del azúcar, o The Sugar Babies, y gracias al trabajo de otros activistas y de otras organizaciones, ha habido verdaderos logros. Tenemos información de que el tráfico, que era de miles de haitianos que los llevaban engañados a República Dominicana, prácticamente ha desaparecido, y el otro día escuché una noticia que fue muy reconfortante: es la de que el gobierno de República Dominicana va al fin a reconocer a miles de indocumentados. Porque conocimos a cientos de personas, algunos de 18 a 20 años, que no tenían inscripción de nacimiento, ni documento de ninguna índole. Entonces creo que ese trabajo que hicimos ha contribuido a mejorar esas condiciones para los dominicanos, y nos alegramos muchísimo de eso.

¿Quién es Armando Valladares?

Armando Valladares es un cubano que sencillamente fue llevado a la prisión en 1960. Pasé 22 años en la cárcel, en una actitud de rebeldía frente al régimen. Todos saben que si yo hubiera aceptado, por ejemplo, la claudicación de mis ideas, de mis principios, y renegado de Dios, de lo que me definía como persona, como ser humano y como hombre, pues no hubiera tenido que estar tantos años en la cárcel. Sin embargo, para mí renunciar a todo eso hubiera significado un suicidio espiritual. Viene a mi mente el pensamiento de Martí de que un hombre honrado no mira en qué lugar se vive mejor, sino en qué lugar está el deber. Y yo con la ayuda de Dios… porque déjame decirte que en el más oscuro rincón de mi celda nunca estuve solo, Dios estuvo conmigo, y en momentos en que ya pensé que no iba a tener más fuerza, acudía a El y siempre salía más fortalecido.

Creo que soy uno de tantos. Hay muchísimos otros prisioneros que fueron mucho más maltratados que yo y que tienen unas historias muchos más impresionantes, que hubieran podido escribir un libro, estoy absolutamente seguro, de mucho más impacto que mi propio libro. Lo que ocurre es que, sencillamente, por esas cosas que no están bajo control, su salida coincidió con un momento en Europa en que, ante los intelectuales, me di a conocer. Pero recuerda que mi libro no es mi historia, mi libro es la historia de todos los presos políticos de Cuba, de las víctimas, de los que sufrieron, de los torturados, de los asesinados.

Yo sí estuve absolutamente convencido en la cárcel, primero, de que iba a salir de la prisión; segundo, de que iba a poder fundar con Marta, que fue mi gran apoyo durante veinte años, un hogar y tener hijos; y también estuve siempre seguro de que iba a escribir ese libro, y de que iba a ser un éxito. Cosas que después me ocurrieron jamás me pasaron por la mente. Por ejemplo, nunca se me ocurrió que iba a ser embajador de los Estados Unidos, ni que iba a tener las oportunidades que tuve de luchar por el tema de los derechos humanos, que para mí era una verdadera obsesión. Recuerdo que, cuando llegué a Miami, Leticia Callava me hizo una entrevista y me preguntó qué era lo que yo pensaba hacer en el futuro, y yo de manera muy ingenua le dije que mi objetivo era llevar el tema de los derechos humanos de Cuba a la ONU. Ella no me dijo nada, pero cuando estábamos en la ONU y fue allí cubriendo como periodista el evento, me confesó que pensó que aquella había sido una ilusión imposible de preso, porque todavía en aquella época se pensaba que al gobierno de Cuba no le interesaba el tema de los derechos humanos.

Yo sabía por mi propia experiencia en los dos años últimos de encierro que ellos estaban preocupados por el tema de los derechos humanos, porque a cada rato venía uno de los oficiales de la Seguridad del Estado a decirme que Amnistía Internacional me había borrado de la lista de presos de conciencia y que en lo adelante estaría abandonado. Eso me permitió saber que a ellos sí les importaba eso. Y después, fue para mí uno de mis grandes logros y de mis grandes satisfacciones el día que pudimos, con la ayuda de un grupo de presos políticos que estuvo conmigo en Ginebra, lograr que al fin se demostrara en la Comisión de Derechos Humanos que Cuba era un país sistemáticamente violador de esos derechos. Y por ese triunfo recibí la Medalla Presidencial del Ciudadano, que es la segunda condecoración más importante que puede recibir un ciudadano norteamericano. Además, el más alto honor que le concede el Departamento de Estado a una delegación diplomática, el Superior Award, que me dieron a mí, como jefe de la delegación, y por supuesto al resto de mi gente.



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