Actualizado: 23/10/2017 19:18
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Humor

Viva el deporte

Si Cuba gana el Clásico Mundial, la prensa celebrará la superioridad del deporte revolucionario sobre el rentado... y la del picadillo de soya sobre el filet mignon.

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Hay momentos en la vida de los pueblos en que estos precisan revelar la verdadera fibra que los constituye y los define, aquello que los hace vibrar de emoción y ocupa el centro mismo de su alma.

En el caso cubano, como se comprobará en estos tiempos, eso que define la esencia misma del orgullo patrio es una pelota de béisbol, una Mizuno 150 de fabricación japonesa para ser más exactos.

Hubo una época en que el centro del alma cubana estaba ocupada por una pelota de fabricación nacional, marca Batos, en honor a un juego inventado por los taínos. De paso —y para tratar de resolver la paradoja de que el pasatiempo nacional (junto con la enseña nacional, el escudo nacional y "Los zapaticos de rosa") había nacido en territorio enemigo—, se nos trataba de convencer de que el batos era una especie de béisbol primitivo, cuando en realidad era una mezcla de fútbol y voleibol.

Ahora posiblemente traten de convencer a los niños cubanos de que los taínos, a la llegada de Colón, practicaban un juego llamado Mizuno, lo que de paso explicaría por qué el Almirante cuando llegó a Cuba pensaba que había llegado a Japón.

A partir del carácter central de la pelota en la conformación de nuestra identidad, se pueden sacar dos importantes conclusiones ontológicas sobre el alma cubana: que es redonda y que aguanta todos los palos que le den.

Muchos pondrán en duda la importancia de la pelota para los cubanos, utilizando como argumento (falso y traicionero) el mal estado de muchos de los estadios, la escasez de pelotas y bates y las condiciones de vida de la mayoría de los jugadores, agravadas por la circunstancia de que algunos además tienen que cargar con nombres como Yorelvis, Vismay, Ubisney y Vicyohandry. Pero todo eso pasa a un segundo plano cuando se trata de enfrentar al imperialismo en su propia madriguera, como ocurre ahora con el anunciado Clásico Mundial de Béisbol.

Banderas en el asunto

Como se ha dicho, en este evento se enfrentarán por primera vez en la historia los mejores jugadores profesionales representando a sus respectivos países. O más o menos. Mientras que parte de los mejores jugadores norteamericanos ha preferido no asistir, el equipo de Italia —en su mayor parte— está compuesto por jugadores nacidos en cualquier otro lugar con la condición de que sus apellidos rimen con spaghetti o cualquier otra pasta.

Lo importante es que en la inauguración va a haber un montón de equipos desfilando, cada cual detrás de alguna bandera, y eso es algo que siempre hace ilusión. Cada vez que hay banderas envueltas en un asunto existe, por ejemplo, la oportunidad de llegar a la conclusión de qué importa que los holandeses tengan mucho nivel de vida si son incapaces de batear una pelota decentemente.


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Castro junto a peloterosFoto

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