Actualizado: 05/06/2020 14:47
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Economía

¿Y ahora qué?

Debate, agricultura y propiedad: Cuba sólo será rica si sus habitantes también pueden serlo.

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TEMA: Un 'debate' por decreto

Raúl Castro, en el discurso del pasado 26 de julio en Camagüey, reconoció los profundos males en la agricultura, pero no abordó las causas que los engendran, ni especificó si habrá transformaciones en la actual estructura de la propiedad agraria. Resulta sintomático que el marabú esté bajo control en las tierras que poseen los campesinos privados.

La propiedad y la remuneración en la Isla no son temas nuevos; han constituido problemas raigales de los conflictos sociales del pasado y de la crisis del presente. Si lo determinante para iniciar las transformaciones son la voluntad política y las medidas correspondientes, el conocimiento de las causas constituye su premisa. Cuando a la economía se le priva de autonomía, se ignoran sus leyes y se subordina al voluntarismo, queda condenada al estancamiento y la involución.

Por tanto, si los cambios se proponen convertir ese sector en productivo, habrá que emprender transformaciones estructurales dirigidas a la democratización de las relaciones económicas, que con independencia de intereses partidistas o ideológicos, deben fomentar los espacios, derechos y libertades.

Tanto la experiencia práctica como la ciencia económica han demostrado el insustituible papel del interés de los trabajadores en la producción y la productividad del trabajo, ámbito en el cual la propiedad y la remuneración adecuada son determinantes. Ambas formas de propiedad, la privada y la social, en sus disímiles variantes, son instituciones necesarias por razones prácticas, y se justifican en la medida en que son útiles para el bien de los hombres, que debe ser siempre lo primario.

Cuando la relación entre propiedad y apropiación se deteriora, como ha ocurrido en Cuba con la llamada "propiedad de todo el pueblo" —que es propiedad del Estado y desinterés de todos—, los ciudadanos, desposeídos e impedidos de ser propietarios, en vez de responder a los "heroicos" llamados productivos, prefieren subsistir a través de ilegalidades, engaños, robos, mendicidad y apropiación de la "propiedad de todo el pueblo", con el consiguiente perjuicio productivo y deterioro ético.

Lo principal, lo secundario

El reconocimiento de esta cruda realidad no significa que el embargo norteamericano, la desaparición del socialismo en Europa del Este o cualquier otra causa externa no hayan tenido un efecto dañino. De lo que se trata es de destacar lo esencial: la crisis radica, ante todo, en la ineficiencia e incapacidad productiva de la estructura vigente.

Precisamente, la demora para iniciar los cambios tiene mucho que ver con que la economía de la Isla aún no haya siquiera recuperado el nivel que tenía en 1989: la industria azucarera produce menos que un siglo atrás; se importa azúcar para satisfacer el consumo interno; la deuda externa aumenta; el déficit comercial es insuperable; la inversión extranjera es insuficiente; el valor de las exportaciones supera al de las importaciones; los salarios no guardan relación con el costo de la vida; la crisis de la vivienda se agrava; el problema del transporte permanece en estado crítico; y el decaimiento progresivo de la moral ha conducido a una corrupción generalizada que ha puesto al sistema económico y su sustento político en posición de jaque mate.

La institucionalización de una nueva estructura agraria debe ser un proceso gradual, resultado de un consenso que debe incluir a los interesados sin exclusiones, para lo cual podría convocarse a todos los que tengan ideas e intereses a exponerlas libremente. Algo así como un foro sobre agricultura de donde puedan emerger posibles medidas.

Dicho proceso debe incluir la formación de grandes, pequeñas y medianas empresas de propiedad privada, mixta y cooperativa, así como la autogestión o los consejos de trabajadores en las empresas privadas o públicas, y la inversión de capital extranjero para la introducción de la tecnología y los recursos necesarios.

La concepción gubernamental acerca de impedir la formación de una clase media en la Isla constituye uno de los principales frenos para la producción agropecuaria eficiente. Cuba tiene un potencial enorme y puede ser rica, pero resulta imposible si sus habitantes no pueden ser ricos también.


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