Actualizado: 23/07/2019 14:59
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Literatura

'Encuentro' número 39

Texto leído por el ensayista puertorriqueño Juan Duchesne Winter en la presentación de la revista 'Encuentro de la Cultura Cubana' en San Juan.

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El can que suscribe las Investigaciones de un perro, de Franz Kafka, alude en cierto punto a lo que él llama "el progreso del perrerío en general a través de los tiempos, entendiendo con ello generalmente el progreso de la ciencia". Y añade: "Por supuesto que la ciencia adelanta; eso no se puede parar, inclusive avanza a pasos agigantados, y cada vez más rápidamente, pero ¿qué hay en esto de laudable? Es como pretender elogiar a alguien porque a medida que pasan los años se va volviendo más viejo y, en consecuencia, se acerca siempre con mayor rapidez a la muerte".

Aquí el can investigador se refiere a la "ciencia de la alimentación". Pero en el curso de sus pesquisas él reflexiona sobre otra ciencia, que llama "musical" y también considera una tercera ciencia, la del canto sobre el hambre y los alimentos, que se ejercitaría en la frontera intermedia de la ciencia de la alimentación y la ciencia de la música.

Hacia la conclusión, el investigador confiesa su ineptitud hacia las ciencias en general, señalando, con modestia invertida, que tal ineptitud proviene de su "capacidad bastante aceptable para las cosas corrientes de la vida diaria", fundada, según él, en un "instinto nada malo" que le permite apreciar aún otra ciencia, la ciencia de la libertad.

El perro concluye así sus disquisiciones: "Quizás haya sido [ese] instinto el que, en razón de la ciencia, pero de otra ciencia muy distinta de la que hoy conocemos, me ha permitido apreciar más una ciencia que sea el non plus ultra de todas las ciencias, vale decir, la ciencia de valorar la libertad por sobre toda otra cosa. ¡La libertad! Sí, por cierto, la libertad tal como nos es posible actualmente es una planta bien endeble; pero de todos modos libertad, de todos modos un patrimonio" (509).

Es en ese ámbito fragmentado, incompleto, precario, insuficiente, del instinto filosóficamente perruno para las cosas corrientes de la vida cotidiana, que cierta literatura y cierta política podrían exponerse la una ante la otra (exponerse sin fundirse, porque no se funde a otra cosa lo que no alardea de sustancia propia) y encontrarse para meditar sobre ese non plus ultra de todas las ciencias, la ciencia de la libertad. Tal es la naturaleza del espacio abierto por revistas como Encuentro —pronunciar palabras de meditación ética y estética en torno al jardín endeble y penumbroso de la libertad, que yace casi escondido en una polis atestada de mitologías apabullantes.

Un viejo 'theme park'

Hablando de espacios, tuve el gusto de presentar no hace mucho el libro Fulguración del espacio (2002), el más exhaustivo y riguroso estudio sobre el reinado de la revista Casa de las Américas realizado hasta la fecha. Allí el poeta y ensayista Juan Carlos Quintero radiografía lo que él llama un espacio de "fulguración", es decir, un andamiaje de discursos patriarcales y soberanistas fundados sobre metáforas de luz, transparencia y arrobamiento avasallante, que si bien alcanzó cotas de legitimidad al convocar a no pocos creadores de calidad, derivó hacia el control y vigilancia de la literatura y otras artes.

Esta "fulguración" operó, pese a sus connotaciones místico-poéticas, dentro del foco retórico de una lámpara policíaca que algunos asocian a un manoseado "sol del mundo moral". Presumo que a Juan Carlos Quintero, en tanto puertorriqueño de una generación indiferente a las angustias sesentistas, le resbalaría un episodio tan pesado como el desenlace autoritario de una institución cultural de la revolución cubana, si no fuera porque, como él reconoce, aún hoy, y aún en un lugar tan poco proclive al utopismo fulgurante como Puerto Rico, poderes culturales nada desdeñables pretenden imponer interpelaciones autoritarias y posicionamientos moralistas en torno a la utopía momificada.


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