Actualizado: 12/06/2024 15:05
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cultura

Literatura

La era post-Fidel

Un libro se pregunta cómo será la gestión de Raúl Castro ante una hipotética sucesión: ¿Predominará el lado terrible o el generoso?

Enviar Imprimir

Fidel ya se había destacado como dirigente universitario y fueron organizadas manifestaciones callejeras, que terminaron en violentos choques con la policía. Grau citó a varios de los dirigentes estudiantiles al Palacio Presidencial para discutir el asunto y les dijo que esperaran en el balcón del tercer piso. José Pardo Llada, uno de los participantes en aquella reunión, relató que Fidel propuso: "entre los cuatro tiramos al viejo por el balcón y tomamos el poder", a lo que El Chino Esquivel replicó: "Vaya guajiro, tú estás loco".

Brian Latell cita un episodio pintoresco que muestra las reacciones de Castro. Cuenta que en febrero de 1990, cuando ofreció una conferencia en la Universidad de Miami, citó el ejemplo de uno de los miles de discursos que tuvo que estudiar de Fidel, en este caso pronunciado en el hospital Salvador Allende, en La Habana, y en el cual, súbitamente, Fidel salió del tema para cuestionar por qué existía una mata de mango en el patio de aquella institución y mandó a derribarla.

Comenta que citó ese ejemplo para mostrar el estilo de Castro para dirigir y controlar todo, hasta el mínimo detalle. Concluye que alguien en la audiencia debe haber tomado nota del asunto y enviado su informe a La Habana.

En febrero de 1991, en una asamblea provincial en La Habana, de pronto Fidel se salió del tema para explicar que había mandado a derribar la mata de mango porque no había cerca, los niños tiraban piedras y hasta los pacientes comían frutas, y que por eso ordenó construir allí "un hermoso parque". Según Latell, "sólo unos pocos consejeros de inteligencia" podían entender aquella referencia a la mata de mango.

Fidel: negación patológica de la familia

La falta de interés y afecto por la familia es otro rasgo de Fidel. Latell relata que en 1980, durante los Juegos Olímpicos de Moscú, Vilma Espín contempló sorprendida que entre los asistentes al evento deportivo se encontraban varios guardaespaldas de Fidel para proteger a tres jóvenes. Entonces dedujo que se trataba de hijos del Comandante en Jefe con su actual esposa, Dalia Soto del Valle. "Comprendiendo la necesidad patológica de Fidel por su privacidad, Vilma no hizo ningún esfuerzo por aproximarse a ellos", relata el autor.

Otro de los sorprendentes capítulos de este secretismo familiar lo vivió Alejandro, el único hijo varón de Raúl y Vilma. Estaba trabajando en un gimnasio para la élite de las Tropas Especiales y allí conoció a su primo, Antonio Castro Soto del Valle. Alejandro contó a su padre que deseaba conocer mejor a su primo. Raúl consultó con Fidel y este fue terminante: es mejor que los muchachos estén separados.

Esta negación patológica de la familia y de la vida privada es clave de la "heroica imagen" que Fidel proyecta. También refleja un elemento fundamental de su psicología. Toda su vida ha demandado absoluta autonomía personal, según Latell.

El libro también relata con detalles los esfuerzos realizados por diferentes administraciones norteamericanas para buscar un acercamiento con el régimen cubano y la manera en que Fidel, sistemáticamente, ha buscado pretextos o creado situaciones de tensión para romper las negociaciones: al enviar tropas hacia Angola o apoyando a grupos "terroristas" puertorriqueños que llevaron a cabo acciones en Estados Unidos.