Petróleo para dividir
Las aspiraciones de Hugo Chávez de convertirse en un líder regional son sólo un sueño alimentado por petrodólares.
Estos han abarcado desde pagar parte de la deuda de Argentina y Ecuador al Fondo Monetario Internacional hasta financiar un popular festival de zamba en Brasil.
Según datos aparecidos en The Washington Times, Venezuela ha prometido modernizar una refinería uruguaya, La Teja, para que ésta logre procesar 50.000 barriles diarios de crudo venezolano.
Igualmente ha expresado la intención de adquirir 36 tanqueros en los astilleros brasileños. La compra —valorada en 3.000 millones de dólares— sería la mayor de su tipo en la historia de Brasil.
Chávez también desea construir un oleoducto —a través de la jungla amazónica y a lo largo de 5.000 millas— que conecte Venezuela con Brasil y Argentina. A esto se une la venta de petróleo a precios preferenciales a los países del Caribe, los amplios acuerdos con Cuba y la modernización de la refinería de Cienfuegos.
Un factor de discordia
El mandatario venezolano se ha impuesto como mediador entre Bolivia, Argentina y Brasil —en el diferendo por la elevación del precio del gas boliviano y la nacionalización de las instalaciones en ese país de la brasileña Petrobras—, porque los negocios de Caracas con Buenos Aires y Brasilia son demasiado grandes y no favorece a la imagen de un gobernante socialista estar de enemigo del principal crítico del presidente norteamericano en la región.
Incluso en Estados Unidos, Chávez subsidió un plan para brindar combustible para la calefacción a los residentes pobres de Filadelfia. Sin embargo, este esfuerzo por comprar aliados ha resultado contraproducente en varias ocasiones.
El gobierno de Nicaragua ha protestado por la injerencia del gobernante venezolano en las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo en octubre. Chávez prometió 10 millones de barriles anuales a 51 comunidades cuyos alcaldes son partidarios del candidato Daniel Ortega.
El caso más sonado de interferencia en el proceso electoral de otra nación fue el de Perú, donde el presidente venezolano amenazó con la ruptura de relaciones si salía García.
A diferencia de la actitud del gobierno brasileño, que ha tratado de minimizar las diferencias con Bolivia para no distanciarse de Chávez, García hizo de sus ataques a Chávez un punto clave de su campaña.
La paradoja de todo esto es que Chávez se ha convertido en un factor de discordia en Latinoamérica, en lugar del aglutinador que aspira a ser, como autoproclamado seguidor de la idea bolivariana de una América Latina unida.
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