Actualizado: 20/07/2018 16:13
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Cuba, Militares, Oposición

Anticastrismo e hipocresía combatiente

Las pistas tras la presunción de que alguno se arriesgue a enredarse con la Contrainteligencia Militar dando un paso, con la esperanza de que en el exilio cumplan la promesa de dar tres a su favor

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Yo te aconsejo que corras enseguida, que busques un pasaporte,
alguna contraseña, un hijo enclenque, cualquier cosa (…)
y que te largues de una vez y para siempre.
Heberto Padilla: El discurso del método, ca. 1968

Un fantasma recorre la blogósfera kubizhe: el combatiente vertical anticastrista que salió de Cuba huyendo del castrismo, nunca regresó para batirse en repechaje y en vez de aconsejar su propia vía de escape o salvación a quienes se quedaron dentro, prefiere halagarlos y animarlos desde afuera por cualquier ademán o pirueta irracional de oposición.

El último alarde viene de Orlando Gutiérrez, líder de la Asamblea de la Resistencia Cubana. Esta última y el exilio, con toda su capacidad política y económica, “darán tres pasos hacia todo aquel militar cubano que se decida dar un paso hacia la libertad”. Así tenemos el reciclaje pueril de la Operación AMTRUNK o Plan LEONARDO con que la administración Kennedy buscaba que militares dentro de la Isla conspiraran contra Castro.

Aquella operación era encubierta y se consideró absurda hasta por la CIA, pero Gutiérrez acaba de subir la parada con incitación pública a no se sabe bien si desertar o conspirar. En todo caso se dirige a los militares cubanos, después de haber cantado en el corito del Trumpeteo para cortar el agua y la luz a esos militares. Ni qué decir de la vanidosa presunción de que alguno se arriesgue a enredarse con la Contrainteligencia Militar (CIM) dando un paso con la esperanza de que el exilio y la resistencia cumplan la promesa de dar tres. Heberto Padilla reveló hace rato como se anda en el contexto kubizhe: un paso al frente, y / dos o tres atrás: / pero siempre aplaudiendo.

Kontra Intelligentsia Kubizhe (KIK)

Estos actores de teatro político, que saltan de una puesta en escena a otra sin atraer pueblo ni abrir frente común, combinan perfectamente con las siluetas intelectuales que afuera toman partido por la oposición con la misma ceguera con que otras adentro toman partido por el desgobierno. Al igual que aquellos actores, estas siluetas no recomiendan su propia vía de salvación a los cubanos dentro de la Isla, sino que desde afuera proceden con hipocresía a ensalzarlos cuando se engolfan en circos mediáticos contra el desgobierno.

Embrutecer y reprimir son las palabras de orden de estas siluetas frente a las críticas contra tales espectáculos circenses. Amén de tergiversar aquellas como diatribas contra los discrepantes del discurso oficial del tardocastrismo, enseguida tachan de delincuentes a los críticos desde dentro, que tal como advirtió Foucault se consideran peores que el enemigo[1].

Las tachas son por los llamados delitos contra el honor: difamación, calumnia e injuria. Sólo que no hay difamación si los hechos son ciertos ni calumnia si no se divulgan hechos falsos. Ni hay injuria si no hay ofensa de propósito contra el presunto honor de quienes, por lo demás, vienen deshonrándose a sí mismos en actos públicos. Lo que sucede es que estas siluetas intelectuales del anticastrismo tardío agitan con frenesí el trapo de la honestidad intelectual, pero no cargan con su esencia: la actitud de abrirse a razones opuestas a la opinión propia en virtud del culto a la verdad, que exige tanta preocupación por lo racional y lo verificado como desdén por la mentira y la fantasía[2]. La ética de la KIK se reduce a nunca perder ni a las postalistas y carimbar como irrespetuoso y arbitrario a quien caza sus pifias y advierte sus forros, tan escandalosos como la mentira impúdica de la Enmienda Fariñas o la fantasía pirofláutica de que el desgobierno recortó, de la noche a la mañana, 200 mil y pico de votantes del registro electoral en 2013.

La situación y el argumentico

Si no se revierte la tiranía de los números, en vigor porque la mayoría del pueblo de Cuba no vota a mano alzada por precandidatos de la oposición, vota en secreto por los candidatos del desgobierno en las elecciones municipales y vota de nuevo en secreto por los candidatos del desgobierno en las elecciones generales, la política de la oposición pacífica no será jamás continuación de la guerra por otros medios.

Aquí no se recomienda dar guerra electoral ni se augura su éxito. Tan sólo se advierte que, tras perder el anticastrismo la guerra civil, ninguna resistencia cubana podrá reiniciarla y mucho menos exhortando a los militares. Sólo quedan los votos como única vía políticamente racional para enfrentar la dictadura de partido único, si personalmente se desecha la solución más racional y segura de irse del país.

Tal y como un proyectil tiene que ser lanzado a la velocidad de escape (11,2 km/s) para salir al espacio sideral o, de lo contrario, caerá a tierra o circulará en órbita alrededor de la Tierra, la oposición pacífica tiene que lanzarse a la guerra electoral si no quiere caer en el olvido o seguir dando vueltas y más vueltas por décadas y más décadas en la órbita de la represión política.

Y así como resulta recomendable irse del país, la alternativa de quedarse dentro y no ir a votar, como promueven quienes buscan dárselas de línea dura disparando balas de saliva, no estriba en montar un circo mediático tras otro, sino en aquella opción que la Seguridad del Estado viene echando en cara al disidente Ángel Santiesteban cada vez que lo detienen y que este acuñó en Facebook como “el argumentico”: ¡Álzate en armas!

Coda

Los combatientes verticales del anticastrismo fantasmagórico y su KIK orgánica embarajan alzándose detrás de un teclado, un micrófono o una cámara.


[1] Cf.: Michel Foucault, Vigilar y castigar, Buenos Aires: Siglo XXI (2002), 83.

[2] Vid.: Ernst Tugendhat, “Retractaciones sobre honestidad intelectual”, en Antropología en vez de metafísica, Barcelona: Gedisa (2007), 65-114 passim.


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