Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Comey, EEUU, Trump

Bailar en casa del Trump

La civilización americana del espectáculo no puede darse el lujo de que las puestas en escena con chismes de palacio concluyan tan rápido

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La colusión se fue a bolina. No porque así lo haya declarado el Secretario de Justicia, Jeff Sessions, en su testimonio del martes, sino porque antes el seguroso Jim Comey confirmó que había negado bíblicamente a Trump como sujeto bajo investigación y corroboró también que Trump tenía razón de que era fake news este mugido de una vaca sagrada del periodismo americano: “Trump Campaign Aides Had Repeated Contacts With Russian Intelligence” (The New York Times, febrero 14 de 2017).

Tras irse a bolina el cometa ruso, la anti-Trumpaganda no tiene más remedio que empinar la chiringa americana de obstrucción de justicia. A tal efecto se aferra a la pita “General Flynn”, que Comey había enseñado ya por la punta —al filtrar un memo sobre conversación a puertas cerradas con el Presidente— y terminó por dar enterita en (des)esperado testimonio.

A lo cubano, sin botella de ron ni tabaco habano, vamos a buscar sentido en las claves que tocó Trump a Comey con respecto a Flynn —entrecomilladas por Comey en la versión escrita de su declaración— y que darían pie al impeachment soñado.

  • I want to talk about Mike Flynn”. Mira, compadre, ya estoy cansa’o de tanta jodienda por gusto con el General Flynn. Vamos a resolver esto.
  • He is a good guy and has been through a lot”. El tipo es bueno. Metió la pata por no hablar claro con Pence sobre qué le dijo al embajador ruso, pero como tú bien sabes —porque tenías pinchados los teléfonos— no dijo nada comprometedor. Flynn ya tiene bastante con ser el hazmerreír de la gente por haber durado en el cargo de Asesor de Seguridad Nacional menos que un merengue yanqui en la puerta de un colegio en Cuba.
  • I hope you can see your way clear to letting this go, to letting Flynn go”. Espero que, a estas alturas de la investigación, te hayas dado cuenta de que no hay colusión ni la cabeza de un guanajo. Así que espero también que dejes tranquilo a Flynn.
  • He is a good guy. I hope you can let this go”. El tipo es bueno. Al lado de Hilaria Clinton es un santo. Yo espero que puedas resolver esta jodienda porque tú, a sabiendas de que Hilaria borró miles de e-mails después de haber sido requeridos oficialmente por el Congreso, fuiste más allá de tus funciones y recomendaste no encausarla.

Para encajarle al Presidente el delito de “Obstrucción de procedimientos o actuaciones ante departamentos, agencias y comités” (18 U.S. Code § 1505), Trump tenía que haber procedido “corruptly, or by threats or force, or by any threatening letter or communication influences”. Nada de eso cuadra con I hope, que se usa más bien para llamar a la cordura.

El impeachment exigiría que Trump hubiera actuado indecentemente a las buenas (te doy tanto si lo haces) o a las malas (si no lo haces, atente a las consecuencias). O haber ordenado a un agente del Servicio Secreto que cogiera a Comey por el cuello y no lo soltara hasta que jurara por su madre que dejaría tranquilo a Flynn, o haber enviado a Comey una carta amenazadora o ejercido sobre él influencia con guapería: “Yo soy el Presidente y te ordeno cerrar el caso”.

El baile de Comey

Entretanto Comey vino a desnudarse como intelligence porn star, luego de haber tachado a WikiLeaks de “intelligence porn”. En medio del berrinche tras quedar cesante, este funcionario encargado de tomar medidas para atajar las filtraciones filtró a la prensa un memo que había redactado en computadora del FBI para archivarlo y dárselo al Departamento de Justicia o al Congreso en caso necesario. Al hacer uso personal del memo —a través de Daniel Richman, profesor de la Universidad de Columbia que alardeaba en su perfil académico de ser “currently an adviser to FBI Director James B. Comey”— Comey salió a bailar con la más fea.

No importa que alegue haberlo hecho con intención de que se nombrara Fiscal Especial. Aparte de que eso ya estaba a punto de darse sin necesidad de filtrar nada, el Código Federal castiga el uso personal de “any record, voucher, money, or thing of value of the United States or of any department or agency thereof” (18 U.S.C. § 641). Ese any encierra a Comey en el corral delito. Así y todo, el quid radica en que Comey vino a bailar a casa del Trump.

  • Comey declaró ahora —para dejar mal parada otra vez a la Trumpaganda— que Trump dijo la pura verdad en la carta de cesantía: “I greatly appreciate you informing me, on three separate occasions, that I am not under investigation…” Sólo que Trump cayó en la cuenta de que, a diferencia de cómo se había portado con Hilaria, Comey no salía por ningún lado a desmentir la oleada de fake news sobre el Presidente bajo investigación.
  • Comey se apeó con que no lo hizo porque las circunstancias podrían cambiar. Amén de la cizaña que así metió, la calaña que aquí reveló salta a la vista si recordamos su cha-cha-chá con Hilaria: cerrar la investigación con pedido de no encausar, reabrirla al cambiar las circunstancias con Weiner y volver a cerrarla exonerando de nuevo a Hilaria.
  • Comey negó tres veces a Trump tenerlo bajo investigación, porque así buscaba mantener el puesto tras cambiar la administración, tal y como se había dejado meter el pie por la Secretaria de Justicia Loretta Lynch para no encausar a Hilaria, ya que se daba por descontado que la administración pasaría a manos de esta última.
  • Comey se mostró igual de esquizoide en este diálogo con Trump, que trae su causa de una Casa Blanca con más filtraciones que una ciudadela de Centro Habana.
    • I need loyalty”.
    • You will always get honesty from me
    • That’s what I want, honest loyalty
    • You will get that from me”.

Comey juró así lealtad honesta a Trump para aferrarse al cargo, pero como su jefatura expiraba en 2023 y la administración podía cambiar de mano otra vez, embarajó en memo con que quizás “honesta lealtad” pudiera haber tenido diferentes sentidos para él y Trump.

Este jefe del FBI quiso dárselas de Edgar Hoover y pensó que Trump no estaba tan loco como para dejar cesante al funcionario que la corriente dominante de la opinión pública creía que estaba investigándolo. Pero Trump lo caló y decidió dejarlo plantado en ese baile en que Comey no marcaba el paso de la honesta lealtad, sino el paso acostumbrado de casi todo buen burócrata para conservar el cargo a toda costa. De haber sido honestamente leal o lealmente honesto, Comey debió haber cambiado el paso hacía rato y desmentir la mentirosa corriente mediática de que Trump estaba bajo investigación. Una vez cesante no podía menos que levantarse de madrugada a bailar con las filtraciones.

Coda

La víspera del Super Bowl con Comey, el jefe de la Agencia de Seguridad Nacional (Mike Rogers) y el Director de Inteligencia Nacional (Dan Coats) atestiguaron, ante el mismo comité que escucharía a Comey, no haber percibido jamás ninguna presión de Trump contra el FBI en investigación de las interferencias de Rusia durante las elecciones presidenciales de 2016.

Al día siguiente Comey no tenía ya más remedio que acabar de llevarse en la golilla al cometa ruso de la anti-Trumpaganda: desmentir al NYT y soltar por fin que “Flynn wasn’t central to the Russian investigation”. Sin embargo, la civilización americana del espectáculo no puede darse el lujo de que las puestas en escena con chismes de palacio concluyan tan rápido.

Puesto que Comey metió también la cizaña de que el Fiscal Especial Robert Mueller, otro exjefe del FBI, tendría ahora bajo investigación a Trump por obstrucción de justicia, allá va que se mata la anti-Trumpaganda para acusarlo —hablemos en plata— de ser Trump y haber ganado las elecciones. Y esa marcha, de enanos, ya no se detendrá al parecer ni siquiera al llegar al callejón sin otra salida que borrarlo de pronto con un disparo de Nievi.


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