Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Cambio de perspectiva

¿A quiénes benefician las remesas que envían los exiliados y emigrantes?

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En las familias afectadas por la emigración suele ocurrir un traspaso de cuotas de "poder familiar" hacia la persona que está trabajando en el extranjero. Evidentemente, la razón tiene que ver con el sacrificio que conlleva estar lejos del hogar y con el aporte económico que recibe la familia.

 

Contaba hace poco alguien, vinculado al gobierno de un municipio peruano, acerca de varios proyectos destinados a beneficiar concretamente a los que emigraban a otros países. Explicaba que habían comprobado la influencia moral que estos ejercían sobre los integrantes de la familia que permanecían en su país, hasta el punto de poder incidir en el sentido de su voto en un proceso electoral.

 

Si quisiéramos aplicar esa idea al caso cubano, habría que calibrar, en primer lugar, la influencia económica que ejercen los más de dos millones que viven en el extranjero.

 

Según The Wall Street Journal, citando datos de Diálogo Interamericano, Cuba recibirá este año más de 1.400 millones de dólares en remesas familiares, lo cual constituye una de las principales fuentes de ingreso para la economía nacional. Según el economista Jorge Salazar-Carrillo, La Habana estima que éstas llegan a un 48% de la población de la Isla. Aunque no existe unanimidad con respecto a los datos, sí se reconoce que la cantidad total de dinero que se envía es significativa y que mucha gente subsiste gracias a ella.

 

Los datos también evidencian que las restricciones al monto y a la periodicidad de las remesas familiares, por parte del gobierno norteamericano, no lograron la disminución esperada del flujo, ni mucho menos han asfixiado económicamente al régimen. La gente, cuando quiere ayudar, lo hace, y para ello busca formas de evadir los controles gubernamentales.

 

Por otro lado, pedir, como hacen algunos grupos del exilio, que no se envíen remesas a Cuba, argumentando que al final el dinero va a parar a las manos del régimen, es poner a la gente en un innecesario dilema moral, en el que con justa razón siempre pesarán más la solidaridad y el poder aliviar la situación de los suyos.

 

En clave positiva

 

Las organizaciones políticas del exilio no deberían perder de vista los datos sobre la cuantía y la sostenida perseverancia de la comunidad cubana en los envíos. Tampoco deben olvidar que el levantamiento de las restricciones a las remesas fue uno de los compromisos del nuevo presidente norteamericano, un asunto ya prácticamente solucionado tras las decisiones legislativas recientes.

 

Sería conveniente, y quizás más efectivo, ver la realidad desde otra perspectiva. ¿Cómo transformar esa influencia económica en una influencia moral y política positiva? Aunque la ayuda económica entre familias obedece, ante todo, a una muestra de amor y solidaridad, ello no excluye que pueda convertirse en un instrumento para promover el cambio de actitud de muchas personas en Cuba.

 

Esta acción política tendría por lo menos dos ideas centrales. En primer lugar, "nada cae del cielo". Los exiliados deben hacer notar a sus familiares en la Isla que cada centavo de la ayuda que mandan cuesta mucho trabajo, máxime en las condiciones económicas actuales; que las dificultades no se acabaron cuando pudieron tocar tierra, después de varios días de zozobra en el mar. Es verdad que la vida en libertad es más gratificante, pero hay que trabajar mucho para progresar.

 

En segundo lugar, los familiares en Cuba tienen que poner su granito de arena. Hay que exigir con respeto un cambio en la forma de enfrentar la realidad. Insistir en la importancia que tiene practicar la justicia y la responsabilidad mediante pequeños actos.

 

Mucha gente ha abandonado su patria por culpa del régimen político económico cubano, algunos llegando a poner en riesgo su integridad física y moral. La mayoría de los inmigrantes ayuda, aunque sea modestamente, a la subsistencia económica de sus familias. Por ello, repugna sobremanera que haya gente en la Isla que reciba ayuda del exterior y, sin embargo, se dedique a la delación de sus vecinos y opositores, o a dar espaldarazos al régimen causante de la miseria nacional y de la división de las familias.

 

El exilio puede ser una pieza clave en la eliminación de esa frivolidad y doble moral que el régimen ha sembrado en los cubanos durante estos 50 años.

 

Contra cualquier ingenuidad, ha de reconocerse que una parte de la comunidad en el exterior, la que sigue viviendo aquí como allá, con los miedos o el silencio, o sólo con la idea de prosperar económicamente sin "meterse en política", seguirá aconsejando a los suyos hacer lo mismo. Pues hacia ellos debe ir en primer lugar nuestra estrategia.


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