Actualizado: 18/01/2022 16:22
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¿Concordia o confrontación?

Si Cuba se mantiene en el tieso conservatismo del Castro mayor y la hostilidad de cierto exilio, el país seguirá hundiéndose.

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Una reciente "reflexión" del Castro mayor abre las preguntas: ¿La concordia, la conversación mesurada, puede ganarle a los viejos tambores de la confrontación? Cuando se avizoraba un conflicto armado entre Colombia, Ecuador y Venezuela, la sensatez entre latinoamericanos —sin elementos foráneos— inició un arreglo. ¿Podría ocurrir lo mismo entre los factores que pugnan en la política de nuestra arruinada, detenida Cuba? ¿Hay posibilidades de diálogo o nos esperan más posposiciones y crispaciones?

Quizás haya que esperar la victoria de los demócratas (Obama o Hillary) en las elecciones del próximo noviembre, lo que nos haría detener los relojes una vez más, aguardar a enero del 09, cuando tome posesión el nuevo presidente y comience, al parecer, una revisión crítica de lo ocurrido en casi cincuenta años de hostilidades, de errores y soberbias.

Pero tal vez podríamos adelantarnos, tras la firma de tratados en la ONU, los cambios en la política agraria, la abolición de ciertas prohibiciones y la tan esperada desaparición de permisos de salida y entrada, de decomiso de propiedades a los emigrantes. Aunque el editorial de Granma ruja contra reuniones en Miami y no se observen signos de tolerancia a la disidencia interna ni liberación de presos de conciencia.

¿Por qué no apostar a una lenta, enmarañada reconciliación, cuando ya sabemos que la vía "guerrera" sólo ha fortalecido la polarización, sólo ha alimentado a los segmentos más retrógrados de los dos extremos? ¿Por qué ver el problema en blanco y negro —como hace el Castro mayor—, cuando hasta el asco hemos experimentado que sólo ayuda a los gorilas de la vieja guerrilla y a las víctimas iniciales (1959-68) de los Castro Ruz?

Esa generación ahora enfrenta un enemigo mucho más inexorable y despiadado: la muerte. Sus ideas, en particular las más virulentas, tienen colgadas una corona de heliotropos. Les está pasando lo que a todos en el juego de vivir, además de lo que siempre ocurre en filosofía social con sectarismos y obcecaciones, además de que una galopante mundialización de corte pragmático aleja terquedades irreales.

Evidencias alentadoras

Si Álvaro Uribe no fuera el gran estadista que es, con la ayuda de otros presidentes y de la OEA, hoy estaríamos leyendo partes de guerra, relaciones de muertos y heridos. Si Cuba se mantuviera en el tieso conservatismo del Castro mayor y en la pétrea hostilidad del exilio recalcitrante, seguiremos hundiéndonos, sin excluir la terrible posibilidad de una guerra fratricida.

Unas gotas de audacia es signo de sabiduría. Lo más fácil —el rechoncho escepticismo de ciertos cubanólogos— consiste en exaltar obstáculos y agrandar precipicios. Claro que existen. ¿Pero nos echamos a dormir y llorar o procuramos cambios? Tan demoledoramente limpio.

Y sí hay signos alentadores: los precios mundiales de la tonelada de arroz o maíz, de frijoles o pollo, y la certeza de que el modelo estatal no produce; el decrecimiento de la población laboralmente activa, y la abulia de los jóvenes ante el estudio y el trabajo, a favor de escapar; el deterioro infernal de la infraestructura, y la endeble conceptual de la ideología "comunista" sin anunciado congreso del partido único; más lo que no sabemos —tampoco sabe la cúpula— sobre malestares dentro de las fuerzas armadas y hasta en el "monolítico" Ministerio del Interior.

¿Acaso entre los exiliados no se observan evidencias alentadoras? Nuestros emigrantes a Estados Unidos —el grupo más grande y poderoso— están lejos de las intransigencias de hace décadas, apenas quedan defensores del odio y la venganza. En España o aquí en México ni hablar, somos más los "pacíficos" que los recalcitrantes aferrados a pases de cuenta, embargos y exclusiones. El llamado lobby cubano en Washington no sólo ha perdido poder sino que ya no persigue los mismos objetivos que en 1993 o en 2003.

Hay consenso —de ambas orillas— en sentarse a la mesa, una mesa que debe ser redonda, sin cabecera. La más reciente publicación independiente dentro de la Isla se llama Convivencia. Los grupos internos de disidentes se unen y ya no temen a que les llamen "dialogueros". Los sectores progresistas dentro de la Iglesia Católica, junto a otras congregaciones religiosas, también abren sus puertas. Hasta las predicciones de Ifá abogan por detener las hostilidades y dinamizar los cambios.

La astucia —tan milenaria en política— le gana al empecinamiento de las "reflexiones" urdidas por el Castro mayor. Hay evidencias, hay también rumores de mudanzas, como sucediera y no se publicara dentro del congreso de la UNEAC, como parece que ocurrirá en el congreso de la UPEC. Los retrógrados retroceden, se retroalimentan de sus propios fracasos "revolucionarios" y "contrarrevolucionarios"… Son eso: retros.

Para los creyentes en Dios —un Dios que es amor al prójimo— la idea del perdón y de la caridad, por difícil que resulte, es parte esencial de la vida. Nuestros hijos y nietos merecen un país menos contaminado de obsolescencias. ¿Tiene algún derecho el Castro mayor a "reflexionar" (sic) para detener la concordia?


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