Actualizado: 18/10/2017 20:02
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Opinión

Opinión

El descontento fértil

Tres decenios negros para la revista 'Criterios': un nuevo rehén de la política del Ministerio de Cultura.

Enviar Imprimir

Circula por la red, con fecha 23 de septiembre, una "aclaración necesaria a instancias pertinentes y amigos locales", firmada por Desiderio Navarro, para poner en conocimiento de los destinatarios lo ocurrido "al cabo de 35 años de Criterios". Se refiere tanto a la revista como al centro homólogo.

Todo el que esté familiarizado con la cultura cubana conoce la pertinaz labor de Desiderio como divulgador de las nuevas corrientes del pensamiento, especialmente, pero no exclusivamente, en el campo de la Teoría de la Literatura y el Arte. En sus inicios, allá por los setenta, se adentró en el bosque idiomático del pensamiento sociocampestre, aquel que circulaba en el, por entonces, Campo Socialista, y, paulatinamente, sus ecosistemas teóricos se han diversificado.

Primero, fue la revista Criterios, que ya lleva más de 30 números publicados. Hace tres años, el gobierno accedió a que fundara el Centro Teórico-Cultural Criterios, aunque, tal como dice en su carta, "desde hace años Criterios no recibe financiamiento estatal", "la revista, interrumpida nuevamente desde 1994, pudo reanudar su existencia en el 2002 sólo gracias a las sucesivas becas que me ha concedido la Fundación Príncipe Claus de Holanda", agrega.

Desde hace meses se le ha prohibido aceptar donaciones de instituciones estatales europeas y ha debido rechazar una ya concedida por el Instituto Goethe, gracias a lo cual el centro sigue sin sillas ni estantes para los libros. Por si fuera poco, "años atrás se me informó que todas las reservas de los números de Criterios hasta el nº30 'fueron robadas de una vez' del almacén de la Casa de las Américas, y, años después, se me informó que prácticamente casi todos los ejemplares —varios miles— de los números 31 y 32, y las antologías de Pavis e Intertextualité 'habían sido destruidos, tiempo atrás, por una inundación' en el almacén de la UNEAC", a lo que se suma un "prolongado silenciamiento mediático de sus ediciones y actividades", "la no concesión de un ISBN", etcétera.

Es asombroso cómo se han conjurado contra Desiderio el clima y los ladrones que, como las jineteras, son los más cultos del mundo, dado su botín de Semiótica y Teoría Literaria. En el resto de este embrutecido planeta, son otros los papeles impresos que seducen a los cacos.

Aun así, Desiderio Navarro ha persistido en divulgar el pensamiento teórico universal, porque, según él, los cubanos "tienen derecho (…) a ser revolucionarios o socialistas o marxistas no por ignorancia, por forzoso desconocimiento de todo lo demás, sino, como yo, justamente por el máximo conocimiento posible de lo que ocurre en el pensamiento en escala mundial".

Los policías de la cultura

En su carta, Desiderio expone con suma claridad que en los setenta la represión no fue contra los homosexuales, los católicos u otras minorías, sino contra cuerpos de ideas alternativas al Pensamiento Único, incluso (claro agravante desde una lógica perversa pero implacable) aunque fueran comunistas ("como era mi caso", aclara). Razón por la cual, "para Criterios y Desiderio" el quinquenio gris ha devenido tres decenios negros.

Y arremete contra los policías de la cultura, aunque aclara que nunca han actuado como identidades personales, sino que han cumplido una "función político-cultural". Función que alguien (a quien Desiderio, desde luego, no menciona) les ha asignado. El autor de la carta sabe que el jugueteo con la cadena no debe nunca extrapolarse al mono.

En un interesante anexo, comenta su alegría por el encuentro entre el ministro de Cultura cubano, Abel Prieto, y Yousef Mamad Al-Darwish, vicepresidente del Consejo Nacional para la Cultura, Arte y Patrimonio de Qatar, distinguiendo "claramente entre la cultura qatarí y el gobierno", al ser ese país un socio predilecto de Estados Unidos en el Medio Oriente. Y se extiende en explicar lo que en sociedades plurales todo el mundo conoce: las ayudas que ha recibido de instituciones europeas, jamás condicionadas a contenidos preseleccionados ni fervores impuestos; la relativa independencia del gobierno central que detentan las instituciones, y el hecho de que en las subvenciones a la cultura, quien paga no compra productos a medida y contra reembolso.


« Anterior123Siguiente »