Actualizado: 12/08/2022 22:46
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Falaz 'Rebelión'

Sobre el sitio web 'rebelion.org' y la defensa del castrismo desde el occidente capitalista.

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Ahora bien, es preciso advertir que en el caso de Alba, como en el mucho menos sutil de un Pascual Serrano o una Belén Gopegui, la defensa del régimen castrista es esencialmente negativa. El malestar en la civilización capitalista se sublima en una enérgica aunque infructuosa defensa del gobierno de Cuba. Para ellos la revolución cubana es, más que una entidad positiva, una negatividad. No importa que la simple ojeada del sitio digital de los periodistas independientes baste para notar que las noticias que ahí se divulgan no son en modo alguno preparadas por la Oficina de Intereses de Estados Unidos. No importa que la existencia de la ominosa tarjeta blanca demuestre mejor que ningún artículo, ensayo o novela la total servidumbre a que el régimen somete a los cubanos.

Empeñados en ocultar lo inocultable, los de Rebelión no ponen límite a sus falacias. Así termina el artículo de Pascual Serrano: “Hace unos meses, un caricaturista cubano fue premiado en España. No pudo viajar porque no tenía recursos económicos, el gobierno cubano no le pudo financiar el pasaje de avión y ninguna institución europea lo hizo. Su caso no salió en ningún medio, ni le preocupó a ninguna organización. La razón era muy sencilla, él apoyaba y sigue apoyando a la revolución cubana, no tenía sentido para las instituciones europeas financiarle el viaje a un tipo así. Parece que el derecho a salir de Cuba sólo se reivindica en Europa cuando se tiene dinero y se es anticastrista, lo que, casualmente, suele ir unido. / Por cierto, existen también centenares de personas que quieren salir de Cuba y no pueden. Están en Guantánamo, son los Hombres de Naranja”. Varios comentarios habría que hacer a propósito. En primer lugar, el hecho de que una persona carezca de dinero para viajar es evidentemente distinto a que el gobierno de su país le niegue ese derecho. En segundo, resulta francamente extraño que el gobierno cubano no haya podido financiarle un viaje a algún partidario suyo: está visto y comprobado que mientras los cubanos de a pie sobreviven precariamente Castro no escatima recursos a la propaganda. ¿Quién financia, por cierto, los frecuentes viajes a Cuba de Pascual Serrano y Belén Gopegui? Tercero, ¿no conoce Pascual Serrano que miles de cubanos se embarcan en balsas a Estados Unidos cada año y que justo ese potencial migratorio ha sido una carta fundamental en el diferendo de Castro con los gobiernos norteamericanos? Pero ya sabemos: se van atraídos por el canto de sirena del consumo, incapaces de resistir heroicamente el cerco a que el gobierno de Estados Unidos y el orden mundial han sometido a la isla digna.

¿Qué puede esperarse, entonces, de una izquierda que con tanta ingenuidad como mala fe toma a Cuba como modelo de ese otro mundo que, según el lema del foro de Porto Alegre, “es posible”? Poco, si tenemos en cuenta que si el planeta entero se cubanizara eso significaría no ya el cumplimiento de la terrible profecía de Orwell sino su forzosa extinción, ya que el régimen de Castro ha demostrado ser de una asombrosa ineficiencia económica. Antes vivió de los subsidios de la Unión Soviética, ahora del turismo y de las remesas, esto es, del dinero de los capitalistas y de aquellos que decidieron abandonar el paraíso. Pero una vez convertido el planeta a semejanza de Cuba no habría ni turistas ni remesas. No existiría tampoco la abismal diferencia entre el peso cubano y el resto de las monedas del mundo que sostiene al régimen y mantiene a los cubanos viviendo en condiciones penosas y desprovistos de derechos ciudadanos. Decía Chesterton que el mundo de un ateo es fantástico como una pesadilla; un mundo a semejanza de Cuba, el sueño de los de Rebelión, es, por suerte, una pesadilla irrealizable.


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