Actualizado: 20/06/2018 16:26
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Cuba, Reformas, Cambios

La vida te da sorpresas cubaNOlógicas

A estas alturas el cubano ha podido comprobar el limitado alcance de las reformas económicas, y ha llegado a la conclusión de que Raúl Castro no es lo mismo, pero es igual que su hermano Fidel

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La nación se enriquece con análisis y más análisis bien apostados fuera de la Isla de Cuba pintoresca. Sirva de ejemplo la calicata del historiador Rafael Rojas en el sitio arqueológico del orden político castrista. Los resultados salieron el 25 de octubre de 2016 en entrevista para el periódico madrileño ABC. Enseguida repicaron las campanas del ciberespacio cubiche con el sorprendente titular: “Rafael Rojas descarta ‘un cambio de régimen’ en Cuba ‘de aquí a 2018’”.

Tal descarte deja pasmado por la sorpresa al cubano de a pie, quien luego de casi seis décadas de castrismo corriente aguardaba un cambio de régimen en el plazo históricamente significativo de menos de un añito y medio entre este otoño y el re-ensamblaje de la Asamblea Nacional hacia febrero de 2018.

Esta esperanza de cambio acaba de reforzarse con el acto más trascendental en la historia del movimiento obrero desde los tiempos de Lázaro Peña y Eusebio Mujal: la fundación de la Asociación de Sindicalistas Independientes, calificada por su líder, Iván Hernández Carrillo, como “gran coalición [de] tres organizaciones históricas”: el Consejo Unitario de Trabajadores, la Confederación Obrera Nacional Independiente y la Confederación de Trabajadores Independientes”.[1]

El arte de la espera

Rojas también abriga esperanzas. Nada más que salieron a discusión los Lineamientos de la Política Económica y Social (2010) elaborados por el único partido, Rojas sorprendió a todos con que podían “ser utilizados por opositores y reformistas para presionar a favor del cambio”. Ahora reveló una esperanza compartida: “Lo que no esperábamos ni los analistas ni los actores internacionales involucrados es que se interpusiera un freno tan evidente a las reformas económicas que comenzó Raúl Castro, sobre todo entre 2012 y 2013”.

El cubano de a pie, que ni por asomo domina el arte de la espera como Rojas y los demás antemencionados, queda otra vez pasmado por la sorpresa. Tras haber oído en el verano de 2013, siquiera de pasada por televisión, las peroratas de Marino Murillo en el VII Congreso de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba (ANEC) y en la Asamblea Nacional, el cubano de a pie esperaba tan solo que las reformas económicas llegaran hasta dónde la elite gobernante considerara para seguir afincada el poder, tal como había sucedido ya con los mercados campesinos y otras medidas que duraron hasta que el Comandante mandó a parar.

Al precisar Murillo que las empresas estatales pagarán menos impuestos que las cooperativas y las cooperativas, menos que los cuentapropistas, el cubano de a pie se atuvo al refrán dime a quien gravas con impuestos y te diré qué alcance tienen las reformas, para concluir que Raúl no es lo mismo, pero es igual que Fidel.

El cubano de a pie no ve más allá de sus narices, en tanto que la calicata de Rojas tiene tanta hondura analítica que llega hasta el futuro en posible erupción: “Podrían darse ciertos movimientos en el sentido de una distribución un poquito mayor del poder político”. Y el régimen podría moverse incluso hacia el “modelo de partido hegemónico”.

Aquí el cubano de a pie queda más abrumado todavía por la sorpresa. Él suponía que la dictadura de partido único presuponía el poder político como monopolio del único partido, sin que importe mucho cómo los animales políticos de la misma camada se reparten los poquitos de poder entre ellos. Y como partido hegemónico presupone a su vez otros partidos, el cubano de a pie se queda en babia, porque su imaginación sociológica no da para concebir cómo el régimen de partido único en el poder se movería al ejercicio de la política con otros partidos, aunque fueran lucecitas para escena.

Desde luego que el cubano de a pie no puede calar tan hondo en el análisis, sobre todo si esta cala de Rojas en el futuro solo tiene parangón con la altura del listón testimonial que Guillermo Fariñas puso en mayo de 2013 delante del staff de los heraldos anglo e hispano de Miami: que asesores de Raúl Castro habían sugerido admitir quince o más disidentes en la Asamblea Nacional.

No en balde el cubano de a pie queda nuevamente sorprendido al ahondar Rojas en la esperada sucesión de poderes de 2018: “Habrá que ver si favorece a un líder civil, de la corriente presumiblemente reformista, o si refuerza el poder militar más inmovilista o el poder burocrático del partido”.

El cubano de a pie, pobrecito, no entiende bien esa tripartición líder civil-poder militar-burócrata del partido. Para él, todo líder civil es militar reservista y militante del único partido. Y sobre que el sucesor ya estaba cantado: Miguel Díaz-Canel, quien, como vicepresidente primero, por simple imperativo constitucional, sucedería ahora mismo a Raúl Castro si este muriera o quedara bobo de repente.

Coda

Precisamente por dar sorpresas al cubano de a pie, los analistas son absolutamente imprescindibles para llevar al pueblo las luces de la ilustración política.



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