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Tres preguntas sobre Obama (II)

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Con los candidatos a la Casa Blanca calentando motores para las convenciones partidistas de los próximos días, la agencia EFE publica un dato interesante: “El aspirante presidencial demócrata Barack Obama ha recibido casi seis veces más donaciones que su rival republicano, John McCain, de las tropas estadounidenses en el extranjero.

“El Centro para Políticas Responsables, un centro independiente que analiza las contribuciones electorales, indicó que aun el ex aspirante republicano Ron Paul, que se opone a la guerra en Irak, recibió donaciones cuatro veces mayores que McCain”. Según el informe, aunque la tendencia histórica revela que los militares suelen apoyar al Partido Republicano, éstos estarían favoreciendo a Obama por un margen de 55,000 dólares. En cualquier caso, los interesados pueden acceder a la página del Centro (en inglés) aquí: http://www.opensecrets.org/

Mientras, en Cuba Inglesa seguimos con la serie de tres preguntas que comenzamos el pasado miércoles. Esta vez, agradecemos la colaboración de Enrique del Risco y Marco Antonio Ramos. Que la disfruten.

Tres preguntas: Respuestas del escritor Enrique del Risco

¿Cuál es su pronóstico para las elecciones de noviembre? ¿Se impondrá Obama?

Debo empezar declarando que no soy obamista. Sigo el fenómeno Obama con bastantes reservas pero, tal y como veo las cosas ahora, creo que si Obama no comete algún error mayúsculo ganará sin problemas en noviembre. McCain no parece sino estar a la defensiva, como Hillary hace unos meses, más preocupado en atacar el discurso del contrario que en exponer su propio discurso. Eso sin contar el desgaste que parece estarle pasando factura.

¿Qué podría tener de bueno y qué de malo, respecto a Cuba, una hipotética presidencia de Obama?

La ingenuidad. Es el mayor peligro y quizás la mayor virtud que pueda ofrecer Obama respecto a la política cubana. Peligrosa puede resultar la creencia de que su buena disposición resulte suficiente para tratar con un gobierno enfrascado únicamente en ganar tiempo, y que crea ver avances en lo que no sería más que juego táctico del gobierno cubano. Positivo porque esa misma disposición en introducir algunos cambios podría desatascar un tema que hace mucho tiempo está estancado y dejar sin respuestas a su contraparte cubana.

Hace ya mucho tiempo que los Estados Unidos deberían tomar iniciativas propias en su relación con Cuba y no limitarse a responder provocaciones abiertas, y creo que este es un buen momento para lo primero, esté quien esté en la presidencia.

¿Es Obama un revolucionario?

No lo creo. O digámoslo más claro: prefiero no creerlo, pero incluso eso no me tranquiliza. Obama contiene dos posibilidades reales, dos modelos de presidencia demócrata: la iluminada y la pragmática. O traducidas a ejemplos concretos: Carter y Clinton.

Si predomina el iluminado y modela la realidad de acuerdo a su propia visión –como Carter o Bush Jr. hicieron en su momento-, creo que será más desastroso que si fuera un revolucionario. Si mira la realidad tal y como es y lidia con ella en consecuencia, será algo que agradeceremos a la larga. De todas maneras todavía no sabemos quién es Obama, y posiblemente ni él mismo lo sepa. Quedará esperar a ver qué resulta al fin y al cabo.

Tres preguntas: Respuestas del historiador Marco Antonio Ramos

¿Cuál es su pronóstico para las elecciones de noviembre? ¿Se impondrá Obama?

Creo que lo más probable es que gane el senador Barack Obama. Kerry obtuvo 252 votos electorales a pesar de no tener los recursos de Bush, y la economía estaba en mejor estado. Hombre capaz, héroe de la guerra, Kerry no tenía carisma. A los presidentes generalmente se les reelige. Pero Kerry, simplemente ganando Ohio, hubiera tenido 272 votos electorales (dos más de los necesarios).

Ahora la situación económica de Ohio favorece a los demócratas. Iowa y New México, perdidos en el 2004 por los demócratas, con 7 y 5 votos electorales respectivamente, irán para Obama sin que nadie lo dude. Y puede competir en otros estados perdidos en el 2004, como Virginia. Si Evan Bayh es su compañero de boleta a la vicepresidencia puede competir en Indiana, pues el senador Bayh es el político más popular en la historia contemporánea de ese estado.

Un problema de McCain es que no podrá contar con las altas cifras de Bush entre la llamada derecha religiosa. El voto racial perjudicaría a Obama, pero lo puede compensar con una mayor votación de jóvenes y de afroamericanos. Y tampoco McCain repetirá el alto porcentaje de voto hispano que disfrutó Bush. Pero todo puede pasar, no descarto a McCain y habrá que esperar a las dos convenciones -primero- y a los debates presidenciales -después- para tener una idea más precisa de esa situación. Esperemos pues.

¿Qué podría tener de bueno y qué de malo, respecto a Cuba, una hipotética presidencia de Obama?

En cuanto a Cuba, la victoria del uno o del otro, quizás y parafraseando a Narciso López (si es que en realidad el ilustre venezolano lo dijo antes de morir), “no cambiará los destinos de Cuba”. Pero la imagen estadounidense mejoraría con Obama, sobre todo entre la mayoría afrocubana. Pero eso sería al principio, uno nunca sabe lo que sucederá después. Un sector atacará su intención de flexibilizar viajes y remesas, mayormente en el exilio histórico, pero otros le darán la bienvenida, sobre todo en territorio cubano.

En cuanto a eso de “línea dura” no lo he creído nunca, tengo muchos defectos pero jamás he sido un iluso. Lo de “línea dura”, lo mismo si se aplica a McCain que a Obama, es un simple cuento de camino. La política hacia Cuba tiene dos caras: una hacia al exilio, basada en cuestiones electorales, y otra hacia Cuba, de simple reacción ante lo que pueda hacer, en un momento dado, el gobierno castrista. Cuba no es una prioridad para Estados Unidos desde los años sesenta.

No sé en realidad lo que piensan los cubanos dentro de Cuba acerca de estos ilustres personajes, ahora llamados “celebridades” en anuncios políticos. Hace más de cuarenta años que salí de allí. No entiendo mucho acerca de esa mentalidad cubana de hoy porque nunca fui revolucionario ni fidelista, y salí bastante joven de una ciudad del interior y no de La Habana. Me baso simplemente en lecturas, conversaciones e investigación académica, y esto último no siempre es confiable.

¿Es Obama un revolucionario?

Aquí ningún político importante es revolucionario. Se habla de “revolución republicana” y “revolución demócrata”, pero si hubo alguna revolución aquí habrá sido, me imagino, la guerra de independencia. Algo de revolución hubo en el abolicionismo del siglo XIX y la ley de derechos civiles en 1965, precedida de una larga lucha, pero ir mucho más allá de eso sería exagerar. Por ejemplo, para citar un caso, no olvidemos que cuando gobernaba Eisenhower al país lo gobernaban tres generales: el general Eisenhower, el “General Motors” y el “General Electric”. Eso continuará porque el sistema lo exige. No puede haber revolución cuando hay una gran influencia del sector privado, lo cual no es necesariamente malo, sólo que habría que matizarlo.

El mismo Eisenhower advirtió acerca del “complejo industrial militar”. Hay un “complejo petrolero”, un “complejo médico”, un “complejo legal”, “un complejo sindical”... También un “complejo de superioridad”, pero esa es otra cosa que ha afectado a las grandes potencias, no sólo a Estados Unidos.

Como nota al margen, algunos se consideran superiores, aunque sean analfabetos “funcionales”, simplemente por no ser de la raza de color. Pobrecitos. Ignoran que en las sociedades de nuestro tiempo lo importante, lo digo con tristeza, pero creo que con algún sentido de la realidad, es el efectivo ( cash). En Norteamérica la “pureza racial” sin el cash ya no dice mucho. Al menos no como antes. Admiro entonces la sinceridad del presidente Calvino Coolidge: the business of America is business. Los calvinistas como Coolidge, y como yo mismo, tratamos de ver las cosas con algún realismo, sin que esto implique que uno no tenga ideales. El pastor Calvino nos enseñó “la corrupción total del ser humano” (versión del siglo XVI de las enseñanzas de San Agustín y San Pablo en los tiempos antiguos). Y utilizo con libertad la palabra “complejo”, casi que como anglicismo y sin decir que todo lo que hay detrás de un “complejo” de ese tipo es necesariamente malo o bueno.

Claro que Obama es una interrogación y plantea preocupaciones para muchos. Incluso para mí. Es un político nuevo. McCain, que es un político demasiado viejo (como casi lo soy yo, aparte de que no soy político), tuvo actitudes en el pasado que también plantean preocupaciones. Pero ninguno de los dos es revolucionario. Aquí nadie intervendrá ni siquiera un puesto de fritas o, más bien, un McDonald. No se nacionalizará o socializará la medicina. Habrá algunos cambios en política exterior e interior, pero sin acercarse a una revolución. El día después de las elecciones todo el mundo irá a trabajar y después de la toma de posesión vendrán días conflictivos. Al terminar su mandato, McCain u Obama, en líneas generales “el cuartico seguirá igualito”. Ahora bien, es posible que se siga reflejando la tradicional política demócrata, más inclinada a los obreros y la clase media. Menos aventuras internacionalistas, etcétera. Pero hay que seguir “monitoreando” todo esto. Es demasiado temprano.

Por el momento, Rusia nos demuestra su intención de seguir siendo una potencia influyente. En cuanto a su expansionismo me pregunto si alguien en su sano juicio pensó que ese capítulo había terminado. Los rusos no son los alemanes, tampoco los japoneses.



Esperando a los manifestantes

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Un amigo me escribe a propósito de lo que llama, muy atinadamente, “el imperialismo ruso”:

“Deberías hacer algo sobre el resurgimiento de las políticas expansionistas que siempre persiguió Rusia desde que empezó como el principado de Moscova y no tenía más que unas millas cuadradas a la redonda. Ese imperialismo ruso podría llegar de nuevo con fuerza a Cuba y retrasar la transición. Además de que ahora le complica el ajedrez geopolítico a los Estados Unidos. Un tema muy importante”.

De acuerdo en que el tema, que ya han tratado en profundidad y certeramente varios de mis colegas vecinos, amerita toda la atención del mundo. Un fenómeno colateral, relacionado con el asunto, es la ausencia, a más de una semana de iniciado el conflicto en torno a Osetia del Sur, de manifestaciones contra la guerra en España, Europa y el resto del mundo. ¿Dónde están los manifestantes que cuando Estados Unidos participa en algún conflicto bélico inmediatamente se lanzan a las calles como poseídos por el mal de San Vito? ¿Acaso, a diferencia de las norteamericanas, las escopetas rusas y georgianas son de palo?

Mientras esperamos por los manifestantes, les propongo un texto del analista y político Juan Pina, escrito en marzo pasado. A pesar de los meses transcurridos, me parece de una actualidad indiscutible. Cierro luego con un texto mío, cortesía de Libertad Digital.

Medvédev y el regreso de la Guerra Fría

un artículo de Juan Pina

Hay países que sienten la democracia como parte de su esencia cultural y se enorgullecen de sus instituciones y de la pluralidad de puntos de vista de sus dirigentes. Quizá Gran Bretaña sea el ejemplo máximo de una cultura democrática profunda e inasequible a los golpes de la

Historia. En general, Norteamérica y Europa Occidental presentan cotas altas de solidez de los valores democráticos, aunque en España falte aún tiempo de cocción. Por supuesto, hay también democracias afianzadas en otras zonas del mundo: el background cultural de una sociedad puede favorecer o entorpecer la cristalización de la democracia, pero cuando existe auténtica voluntad política siempre termina por asentarse. Es esa voluntad política la que se echa en falta en el país más extenso del planeta.

Rusia es por su historia y por su cultura una sociedad europea que debería formar parte junto a nosotros de la familia geopolítica y económica occidental. La acción de Yeltsin como primer presidente de la Rusia postsoviética nos llevó a la creencia feliz de que, en efecto, Moscú iba por ese camino. Se iba a conjurar la amenaza nuclear rusa, controlada por una nueva clase política aliada de Occidente. Se iba a afianzar la seguridad mutua mediante la pertenencia de Rusia a las instituciones euroatlánticas, y tarde o temprano Rusia sería un miembro más de la nueva Europa sin fronteras para las personas, el capital, los bienes ni los servicios.

Vladimir Putin emergió como el sucesor joven, eficaz y pragmático de Yeltsin, pero pronto acabó con el sueño que acabo de describir, revelando su auténtica faz. Putin resultó ser un adalid de la perdida ortodoxia soviética, enmascarada ahora en una pseudodemocracia, y rediseñó el presente ruso como la paciente antesala de un futuro imperial en el que Rusia volvería a plantar cara a Occidente. Esto implicaba importar el modelo económico capitalista, porque es el único que funciona, pero bajo una estricta supervisión por parte de la camarilla de magnates emergidos de la KGB. El propio Putin fue un eficaz agente del cuerpo de espionaje y represión política comunista, caracterizándose por su capacidad para el seguimiento y la delación de disidentes. Pese a su juventud, Putin no representaba un paso adelante frente a Yeltsin, como se nos hizo creer, sino un regreso al régimen anterior, aunque muy maquillado.

Putin se quitó poco a poco la careta de demócrata, de líder partícipe del interés occidental por globalizar la libertad. Cada año de su mandato ha sido peor que el anterior. Ha respaldado a dictadores como Milosevic y Lukashenko, ha apoyado el exterminio kosovar y ha ejecutado el checheno, se ha aliado con grandes democracias como Irán y China en contra de los intereses de Europa y Norteamérica, desestabiliza a países prooccidentales como Georgia e intentó matar al presidente de Ucrania durante su campaña electoral, chantajea al Viejo Continente con el grifo del gas natural, atemoriza a Occidente con el botón nuclear y amenaza con apuntar otra vez los misiles contra nosotros simplemente por establecer un paraguas defensivo que en nada perjudica a Rusia (sólo a su capacidad de amedrentarnos). Putin se ha ido alejando poco a poco de nosotros, de nuestro modelo de convivencia y de nuestro respeto por las libertades y los derechos humanos y civiles. Ha asesinado periodistas y disidentes (a veces usando nada menos que polonio radiactivo), ha expulsado supuestos espías como en los viejos tiempos, y también como en los viejos tiempos ha restaurado el antiguo himno nacional estalinista con apenas unos retoques en la letra.

Es que, en realidad, lo que quieren Putin y su nueva nomenklatura es volver a esos viejos tiempos: convertir a Rusia en líder de un bloque geopolítico y militar antioccidental aliándose para ello con quien haga falta: con los ultraislamistas, con Corea del Norte, con el grupo de dictaduras comunistas que está emergiendo en América Latina… Todo vale. Y como la apariencia de democracia es sólo eso, una apariencia, pues se permite el lujo de celebrar elecciones de cartón que otorgan el 70 % de los votos a un solo partido (el suyo, claro). Esto se parece también mucho a los viejos tiempos de grandes unanimidades y votaciones al 99.99 % en los congresos del partido único.

Alimentando a la extrema derecha y a los restos del Partido Comunista, Putin ha evitado que surja una auténtica oposición (socialdemócratas, liberales, conservadores), como en cualquier país normal. Las pocas voces democráticas de la Rusia de Putin, como Kaspárov o el partido Yabloko, han sido sistemáticamente acalladas. ¿El mandato de ocho años es un engorroso corsé? Pues no pasa nada, se pone a un delfín fiel como presidente y se baja un peldaño para ser ahora primer ministro. Hay que cambiar algo para que no cambie nada y para que el proyecto a largo plazo siga su curso: el regreso de la bipolaridad y la Guerra Fría. Esa es la triste agenda que Putin le ha encargado a su pupilo, el simpático Dimitri Medvédev, joven del siglo XXI por fuera pero apparatchik del soviet supremo de los años sesenta por dentro.

Cortesía http://www.juanpina.com/Blog.htm

Jugando al ajedrez

un artículo de Armando Añel

En el ajedrez de la geopolítica abundan las jugadas simbólicas, como la que recientemente hiciera Rusia en relación a Cuba –y viceversa-, y como la que acaba de hacer Estados Unidos con respecto a la inminente “independencia” de Osetia del Sur. En el ajedrez real, ciertamente, hay poco espacio para la simbología, si se descartan la apertura escogida por los jugadores –que puede simbolizar un talante agresivo, displicente e, incluso, conciliador o derrotista- y alguna que otra repetición de movidas. Pero en el ajedrez de la geopolítica lo simbólico domina la categoría.

Recientemente, la independencia de Kosovo, apoyada por la Unión Europea y Estados Unidos, puso de malhumor a los imperialistas rusos –esos imperialistas venidos a menos-, que reaccionaron primero con una jugada simbólica: recordarle a Washington que Cuba continúa siendo, potencialmente hablando, su estado asociado en el Caribe. El espectáculo de miles de kosovares agitando banderas norteamericanas –un espectáculo que se repitió en recientes intervenciones del presidente georgiano-, debe haber sacado de paso a Putin y su camarilla.

En este contexto se inscriben los rumores sobre un desplazamiento de bombarderos rusos a Cuba y la visita, hace apenas un par de semanas, de una importante delegación rusa a la Isla. Desfilaron por la Habana, entre mojito y mojito, el vicepresidente ruso Igor Sechin y el general de ejército Nikolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad de la Federación de Rusia. Lo que cocinaron en los interludios e intersticios del encuentro oficial sólo lo saben ellos, pero evidentemente el propósito simbólico de la movida se cumplió con creces.

Ahora, otra jugada rusa -no tan simbólica como la anterior- acaba de tener lugar: la invasión de Osetia del Sur, que con su independencia de Georgia, a la vuelta de la esquina, pasará a convertirse en una especie de colonia rusa en el corazón del Cáucaso. Ya Raúl Castro salió a defender el uso de la fuerza por parte de sus aliados, como lo hiciera Fidel Castro –salvando las distancias- cuando la invasión rusa a Checoslovaquia. El general, probablemente acicateado por su moribundo hermano, ha acusado al gobierno de Georgia de atacar Osetia del Sur en complicidad con Estados Unidos.

Por su parte la Casa Blanca, al reconocer implícitamente que no intervendrá en Osetia del Sur –siendo Georgia un aliado de Estados Unidos aspirante a ingresar en la OTAN-, ha dado un paso atrás simbólico, y comprensible. La zona de influencia rusa en la región se mantiene así incólume, mientras Washington todavía espera, a cambio, una mayor cooperación de Putin en el diferendo que mantiene con Irán y, por inercia, que la jugada simbólica expuesta arriba –con relación a Cuba- sea sólo eso: una jugada simbólica.

Que no llegue la sangre al río, advierte Estados Unidos a Rusia. Algo que, otra vez salvando las distancias, también parecen advertirle Moscú y La Habana a Washington. Este es un ajedrez efervescente.

Cortesía http://www.libertaddigital.com/



Tres preguntas sobre Obama (I)

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A partir de la que sigue, dedicaremos varias ediciones a exponer la opinión de reconocidos analistas, residentes parcial o permanentemente en Estados Unidos, sobre la candidatura del senador Barack Obama. Será en base a tres preguntas fundamentales que nuestros invitados y colaboradores responderán a su aire.

Dichas ediciones, dada la agilidad noticiosa del tema, podrían aparecer consecutivamente. Agradecemos la colaboración de Jorge A. Sanguinetty, Néstor Díaz de Villegas y Roberto Lozano. Que disfruten sus aportes.

Tres preguntas: Respuestas del analista y economista Jorge A. Sanguinetty

¿Cuál es su pronóstico para las elecciones de noviembre? ¿Se impondrá Obama?

No creo que Barack Obama se imponga. La elección deberá ser muy apretada, pero ahora la situación en Georgia posiblemente favorezca a John McCain.

¿Qué podría tener de bueno y qué de malo, respecto a Cuba, una hipotética presidencia de Obama?

A mí me parece que Obama estaría más dispuesto a negociar con Raúl Castro. Y aunque no creo que eso sea bueno para Cuba, podría romper el estancamiento actual y ayudar a la Isla a evolucionar en el postcastrismo. Sin embargo, creo que sería correr un riesgo muy elevado.

¿Es Obama un revolucionario?

No sé si Obama es un revolucionario, pero sí creo que es un misterio. Deja demasiadas cosas en el aire, muy vagas, lo cual me da mala espina. Nadie sabe lo que él piensa. Aunque no se puede descartar que sólo esté queriendo ganar el voto de los descontentos para después no hacer nada revolucionario, con lo que la opción radical seguiría en pie.

Tres preguntas: Respuestas del analista y escritor Néstor Díaz de Villegas

¿Cuál es su pronóstico para las elecciones de noviembre? ¿Se impondrá Obama?

Ojalá gane Obama. En estos momentos el Partido Republicano es totalmente inefectivo y cualquiera que pretenda influir en la política nacional o internacional mejor que se cambie de bando. Los republicanos se han mofado de cómo Obama hizo campaña en Berlín, y esa mofa revela la incapacidad del GOP para entender el mundo moderno.

Es un hecho que el presidente de los Estados Unidos de América debe hacer campaña en todo el mundo, y los republicanos ni siquiera se han dado cuenta de que al perder las elecciones globales, que son virtuales, Bush perdió también cualquier apoyo real.

¿Qué podría tener de bueno y qué de malo, respecto a Cuba, una hipotética presidencia de Obama?

Podría determinar el ascenso de los negros a la presidencia de Cuba en un futuro próximo, algo que es igualmente deseable y que hace mucho tiempo debió suceder. Las posibilidades de cambio real en Cuba están hoy en las manos de Manuel Cuesta Morúa, del doctor Oscar Elías Biscet. Esos son los hombres que traerán el auténtico cambio a Cuba. Un cambio que significa continuidad, pues se restablecería una línea que parte de Fulgencio Batista y del espíritu del 4 de septiembre y que fue interrumpida por el gobierno jesuita de Fidel Castro.

Lo he dicho antes: Fidel Castro ha gobernado como un negrero, y esa situación debe culminar necesariamente en la emancipación de los negros.

El peligro es que con Obama lleguen al poder los Ray Nagin, los Jesse Jackson, los Danny Glover y toda el ala reaccionaria y racista de la negritud. A nivel local, significaría una oportunidad de ascenso para los demócratas del tipo Raúl Martínez.

¿Es Obama un revolucionario?

Barak Obama es un revolucionario en el sentido norteamericano de ese concepto, no en el sentido haitiano. No es una revolución de Saint-Domingue lo que se nos echa encima, sino una auténtica revolución americana. En el pasado, tanto Martin Luther King como Thelonious Monk han llevado a cabo grandes revoluciones americanas, no es nada nuevo.

Tres preguntas: Respuestas del investigador y economista Roberto Lozano

¿Cuál es su pronóstico para las elecciones de noviembre? ¿Se impondrá Obama?

Las probabilidades de victoria están a favor de Obama, como bien reflejan las apuestas en los mercados políticos virtuales. En primer lugar, el panorama político nacional es muy parecido al de 1980, cuando Ronald Reagan, con poca experiencia en política exterior, desafiaba al partido de un presidente con baja popularidad. En segundo lugar, la inestabilidad económica y el peligro de una contracción cíclica también favorecen a Obama, ya que el electorado tiende a culpar al partido que controla el poder ejecutivo cuando las cosas no van bien económicamente. Definitivamente, el electorado no está mejor económicamente ahora que hace cuatro años.

En tercer lugar, tanto la impopularidad de la guerra en Irak como el resurgimiento de los talibanes en Afganistán también favorecen a Obama, ya que éste considera a Afganistán el teatro principal de la guerra contra el terrorismo y gran parte del electorado cree, como él, que es necesaria una retirada de las tropas norteamericanas en un plazo razonable de dieciséis meses, que permita ahorrarnos el costo de la guerra para acometer inversiones de infraestructura en el país y reorientar las prioridades de la estrategia militar.

En cuarto lugar, el desenlace de las elecciones ocurrirá, en ausencia de alguna revelación dañina contra Obama, como resultado de lo que ocurra en las convenciones de los partidos y los debates presidenciales. El contraste entre las plataformas políticas de ambos partidos y la comparación que haga el electorado de sus propuestas y de su costo y beneficio puede aumentar la ventaja de Obama o acortar la distancia entre ambos candidatos.

Finalmente, recordemos que la imagen es muy importante. Mucho más para un país que vive pegado al televisor, y en ese aspecto Obama también lleva la mejor parte, debido a su carisma y juventud.

¿Qué podría tener de bueno y qué de malo, respecto a Cuba, una hipotética presidencia de Obama?

Lo bueno es que si Obama se retira de Guantánamo y suspende el embargo debilitaría la imagen del enemigo que tanto ha usado y necesitado el régimen totalitario para mantener a la sociedad cubana en constante movilización. Lo cierto es que sería mucho más difícil justificar la represión política en un ambiente de distensión con los Estados Unidos, y lo más probable es que en esas condiciones el régimen ponga en práctica un paquete de medidas económicas para maximizar sus beneficios económicos, siempre y cuando no peligre su permanencia en el poder.

Lo malo es que Cuba devendría así en el Vietnam del Caribe y entonces nadie podría asegurar cuándo va a llegar la democracia al país. Habría que esperar varias décadas para que el régimen se fuera reformando gradualmente, como en China. Obama debe comprender que el embargo económico es uno de los instrumentos más efectivos que tendría su presidencia para negociar una apertura política en Cuba. Por eso, la suspensión unilateral del embargo sería un error estratégico para el gobierno de Obama y una gran victoria para el régimen totalitario cubano, una especie de regalo que lo ayudaría a consolidarse en el poder y seguir explotando al pueblo cubano indefinidamente. El fin del embargo aliviaría el déficit de divisas del régimen, al facilitarle acceso al crédito y al flujo de turistas norteamericanos que ahora no puede recibir de forma directa.

¿Es Obama un revolucionario?

Todo depende de cómo se defina qué es un revolucionario. Si revolucionario es alguien que desea cambios radicales en el sistema socio-económico de su país y aspira a lograrlos por cualquier medio, al estilo de Mao o Castro, definitivamente Obama no lo es.

Pero si revolucionario es alguien que desea hacer ajustes a un sistema que se ha mantenido en proceso de cambio evolutivo permanente, por medio de los métodos tradicionales y aceptados, con el objetivo de mantener esa máquina creadora y destructora que es la sociedad norteamericana trabajando de forma más compatible con una trayectoria exitosa de largo plazo, reduciendo algunas de las deficiencias que pondrían en peligro su viabilidad -como la creciente discrepancia en los ingresos-, entonces estaríamos en presencia de un “revolucionario” al estilo de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, el arquitecto de un nuevo equilibrio social al estilo de Franklin Delano Roosevelt.



Crónicas disidentes: Carta abierta de Heriberto Hernández

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Cuba Inglesa inaugura con la carta a continuación, cortesía del escritor Heriberto Hernández, una “sub-sección” anexa a las crónicas habituales, y hasta a las alternativas: Crónicas disidentes. El hecho de no haberla abierto antes –oficialmente, se entiende- nos parece una omisión imperdonable. Pero, ya se sabe, el lector suele ser benevolente. Los dejo con la primera edición. Gracias Heriberto:

Crónicas disidentes: Carta abierta a los lectores de Cuba Inglesa

un texto de Heriberto Hernández

El irrespeto esencial por la oposición es la característica fundamental de las dictaduras. En mi caso específico, sólo soy un librepensador que no simpatizo particularmente con el orden (si se le puede llamar así) establecido en este islote por una minoría, aprovechando sus conocimientos cibernéticos y su acceso a los medios electrónicos apropiados.

Manifiesto mis ideas e interpreto la realidad según mis criterios personales y lo hago público en ejercicio de los derechos que me asisten como ciudadano legítimo de esta sociedad. Por suerte, el acceso al ciberespacio se está haciendo más común y el porcentaje de thamacunences que pueden emitir sus opiniones es cada vez mayor. Si esto es preocupante para el actual status de este Reducto, tendrán que acostumbrarse a la existencia de una cada vez más discrepante y cuestionadora oposición.

En cuanto al recurso (muy usado aún por la inteligencia castrista en la vecina y tenebrosa Cuba) de identificarme con la Sra. Rosa (apodada “La Gozadora”) y plantear que existe algún nexo entre nosotros o que somos “miembros de una agrupación cibernética nacionalista”, es una falacia que intenta desacreditarme. Es de todos conocido (según la versión oficial emitida por el llamado “Consejo de los Consejos”) que la Sra. Rosa (apodada “La Gozadora”), junto a las desaparecidas (sin que se conozca causa o destino) Maribel (apodada “Llama Viva”) y la ideóloga del grupo (o “grupúsculo”, como le llamaron en su momento los medios oficialistas), la Sra. Lutgarda (apodada “Garganta profunda”), fueron las líderes de un movimiento cívico opuesto a “el concepto del himeneo de la refundación”, que contrario a lo que dijeron los medios considero legítimo y pacífico.

Sus cuestionamientos a los parámetros oficiales que limitan la gestualidad, la verbalización de las emociones o incluso la emisión de sonidos guturales durante cualquier acto de connotación sexual, fueron ampliamente respaldados por la población, que en algunos lugares no sólo se limitó a respaldar sus reclamos. En algunos sitios se organizaron en grupos llamados “círculos meneistas”, que comenzaron a tener relaciones íntimas muy desinhibidas, explícitas y sazonadas con expresiones verbales y sonoras de gran exuberancia. Bajo el lema “Without movement there is no fun” amenazaban con hacer una marcha hacia la sede del “Consejo de los Consejos” para exigir sus derechos. La revuelta era inminente cuando dos de sus líderes desaparecieron misteriosamente y la Sra. Rosa (apodada “La Gozadora”) apareció, de un modo muy extraño, en acto público, llamando a la razón a sus simpatizantes y abjurando de sus “desatinadas ideas”, que ponían en peligro “la estabilidad de la familia thamacunence”.

No sé si resucitar esta figura sea otra maniobra para intentar confundir a los lectores y evitar cualquier asomo de discrepancia en este medio. El caso es que, aunque simpatizo con cualquier manifestación que implique la defensa de los derechos individuales del ser humano, no tengo ningún nexo con esta señora y no hay nada más alejado de mis lealtades doctrinarias que el nacionalismo en cualquiera de sus manifestaciones (nazismo, fascismo, falangismo, comunismo, etcétera).

Sin otro asunto que dilucidar, estimados lectores, me disculpo por haberles robado su valioso tiempo y les animo a manifestar sus ideas y aspiraciones como demanden sus apetencias y necesidades, ya sea comentando acá o del modo y en el lugar que estimen.

A Ud. Sr. Añel, agradezco su comprensión y este derecho de réplica que me ha concedido tan amablemente. Gracias.

Cortesía http://laprimerapalabraque.blogspot.com/



Una entrevista con Emilio Ichikawa

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American Way of Life. Un concepto llevado y traído hasta la saciedad pero que, sin embargo, pareciera resistirse a una definición contundente. Y un concepto perfecto para proyectar una entrevista. En definitiva, la descripción de Ichikawa –“América es el mayor curso de modestia que puede pasar un ser humano”- es suficientemente precisa, y alentadora.

Pere Cañada y Zury Viera le hicieron al profesor Emilio Ichikawa la entrevista de hoy, a propósito de la exposición I like America, does America like me?, recientemente inaugurada en Girona. Agradecemos sinceramente su colaboración. Que la disfruten.

Textual: Una entrevista con Emilio Ichikawa

¿Podría darnos una breve definición del término American Way of Life, desde el punto de vista del inmigrante?

Es el “hacer lo que vieres” del viejo refrán. Lo que en un mundo como el actual significa un discutible “hacer lo que oyeres”. Las cosas han cambiado bastante. Y el término es capaz de asimilarlo.

¿Es un mito el American Way of Life en el sentido que lo define en su ensayo De la filosofía de lo absoluto a la metafísica pop, eje intelectual sobre el que se funda una gran parte de la vida cotidiana de los hombres?

Se ha dicho que Aristóteles tiene un opúsculo donde se queja de que él y Platón no han podido nada contra los mitos de sus vecinos. Los mitos son fuertes y pueden resistir los tres embates más demoledores que los mismos griegos les aplicaron:

1- El de la razón.

2- El de la burla (comedia).

3- El del sentido común (de “los vecinos”, por ejemplo)

Es decir, que aun cuando el American Way of Life constituya un mito, no es poca cosa. Lo decía George Steiner: “Ninguna desmitificación está a la altura de una obra de arte”, por muy mediocre que sea. Y esa frase inicial incluye a la “metafísica pop”, una segregación del American Way of Life.

¿Cuál sería el papel del American Way of Life en el par “recibir una imagen fabricada-fabricar imágenes”?

Se desplaza a lo primero. Es más un resultado de amigos y enemigos de América que algo que entretenga o dé mucho dinero. La gente coincide en que, efectivamente, eso existe. Y procede en consecuencia. El que consume, consume; el que gana dinero, gana dinero. La gente que dice que eso es muy bueno o muy malo en América se inclina a la primera parte de la dupla. Una dupla que acepto, que no discuto, por disciplina y acatamiento de las reglas de los entrevistadores. Sólo por eso.

¿Es la ecuación “calidad del coche parqueado frente a la casa = lugar que su conductor ocupa en la estratificación de la sociedad” -que funciona en Miami de reojo- una expresión de este fenómeno? ¿De qué forma?

Esa ecuación se ha roto. En ciudades donde la vida se ha “automovilizado”, “encapsulado”, el coche representa un por ciento mucho mayor en el presupuesto de las personas. A veces ficticio, como son los casos de las ciudades de San Juan (Puerto Rico) y Miami (Florida). En las carreteras de estas ciudades ruedan mejores coches que en suburbios adinerados como Bethesda (Washington DC) o Hamptons (Long Island, NY). A lo mejor esto empieza a cambiar con la crisis energética.

Adicionalmente, tenemos que en las “ciudades flotantes”, de desarraigo, la gente hace más visitas que las que recibe, por lo que es más fashion tener un buen auto que un buen techo.

¿Es el American Way of Life americano? ¿Es un producto exportable?

Sí. Y comprable. Seductor el mito americano. Theodor W. Adorno lo comprendió muy bien. No existe un Ministerio de Propaganda en Estados Unidos. Es un proceso natural que incluye la crítica y el rechazo de ese mismo modelo. Toda la izquierda antiamericana del mundo, particularmente la latinoamericana, está invadida por el mito americano. Sin que nadie se lo haya inoculado intencionalmente. Es lo que pasa con los “cerebros”: nadie se los roba, son ellos quienes prefieren contratos en los Estados Unidos.

¿Es compatible el “sueño americano” con el American Way of Life?

El sueño americano, digamos, es el objetivo simbólico. Además de una frase un tanto vacía que ha pegado mucho y que es ya, ella misma, parte de la jerga global. El camino ( way) para llegar a ese sueño ha cambiado mucho. Un astrólogo famoso o una modelo en una pasarela tienen más oportunidad de conseguirlo hoy que una pareja de profesionales graduados de Yale o Harvard. Yo los conozco. Para no hablar del tráfico de drogas, el ejercicio ilegal de la medicina o el fraude hipotecario, uno de los negocios más escandalosos en los últimos tiempos.

Háblenos por favor sobre el American Way of Life y el arte.

En el Museo de Arte de Filadelfia, con una de las mejores colecciones de Duchamp en el mundo, se anuncia al pintor como “American (Born in French)”. ¿Se realizó Duchamp como artista en América? ¿Cumplió su sueño americano? No sé. Ni siquiera deseaba que le llamaran “pintor” en sentido estricto, y se vio obligado a ser promotor de algunos amigos de menos talento.

Pero esa es América: es el mayor curso de modestia que puede pasar un ser humano. América “humildiza”, o humilla, que es como lo entienden algunos. Aun en el museo que les digo, la “sala” más visitada es la de la escultura dedicada a Rocky Balboa (Silvester Stallone), en la escalinata. Es tan concurrida, que el gobierno de la ciudad, después de retirarla, tuvo que restituirla. Aunque ya no en la cima, sino en la base derecha de la escala al museo.

¿Considera que Internet, la televisión por cable, los viajes low cost o la fast food, ahora globalizados, son productos que adquirieron otras culturas de la americana? Si es así, ¿en qué momento histórico situaría el comienzo de ese proceso?

A una altura de su historia, que coincide con lo que solemos llamar período helenístico, la cultura occidental vuelve sobre su propia historia. Es decir, empieza a copiarse a sí misma, a autoplagiarse. Epicuro, por ejemplo, se plantea volver a Demócrito, y sobre esa base “innovar” en un atomismo con implicaciones morales. Toda la reserva ética de Occidente ya está esbozada en el ciclo estoicismo-epicureísmo-escepticismo... Esto es, hay un punto en el que no existe algo realmente nuevo en nuestra historia; todo es “re-creación”, cambio de contexto, de forma… Y es algo que no debe juzgarse negativamente. Sencillamente “es” y, como enseñaron los filósofos clásicos, al “Ser” no se le regaña: se le expresa.

Quiere esto decir que todo lo que mencionan en la pregunta probablemente haya existido alguna vez, pero desde hace unas décadas se vive como un proceso de norteamericanización del mundo, que es el eje de lo que se conoce como “globalización”. ¿Cuándo empezó? Bueno, desde que se pusieron los cimientos de América: la forma de colonizar, de emigrar, de inventar, de ejercer la escritura política. Una democracia liberal que asombró a Tocqueville. Una democracia liberal que hoy genera una enorme literatura y que ha convertido su política doméstica en un asunto internacional.

¿Funcionan estos productos como una especie de Ministerio de Propaganda de Estados Unidos?

No es que exista o no ese Ministerio de Propaganda: es que Estados Unidos, en un sentido unívoco, tampoco existe. Los cubanos lo sabemos muy bien. Los cubanos de cualquier orientación política: se puede tener a favor al Departamento de Estado y en contra a la CIA; a favor el FBI y en contra al legislativo de un estado concreto. América es un resultado púdico: ves el producto, pero no el proceso de su elaboración. Si te asomas a los secretos de la factura, como pasa con las hamburguesas de McDonalds, puede que no te gusten. Pero cuando ves los colores de la compañía (que son los mismos colores iniciáticos de la bandera española) y el mundo imaginario que enrola, te puede crear adicción.



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El Reducto que los ingleses se negaron a canjear por la Florida

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Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
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