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Inglaterra da la cara: El zapatazo bueno

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Finalmente, Inglaterra ha sacado la cara por Occidente.

Ocurrió este lunes en la Universidad de Cambridge. Desde el público, un hombre le lanzó uno de sus zapatos al primer ministro chino Wen Jiabao, quien impartía una conferencia, al tiempo que gritaba "¡¿Cómo puede la universidad prostituirse con este dictador?!".

Si antes el zapatazo al ex presidente George W. Bush podía haber simbolizado una respuesta cultural del Oriente primitivo al Occidente moderno, esta vez el zapatazo a Wen podría interpretarse como una respuesta moral del Occidente liberal al Oriente totalitario.

Claro que a primera vista no luce demasiado británico el zapatazo. Habría que averiguar, como dato al margen, si el lanzador era realmente inglés o un estudiante extranjero becado, cosa harto frecuente en Cambridge. O si estaba bebido. Los ingleses se transforman con la cerveza. Pero luzca como luzca, lo cierto es que gente como Wen merece recibir, preferiblemente en la cabeza, algo más contundente que un zapato en forma de arma arrojadiza.

Y por supuesto, los millones de chinos esclavizados por la dictadura que representa Wen merecían un tirador más certero.

En cualquier caso, si así recibiéramos masivamente en Occidente, durante sus comparecencias públicas, a los Chávez, Castro, Ahmadineyad y compañía, muy probablemente éstos saldrían más rápido del poder de lo que usualmente lo hacen.

Por lo pronto, Inglaterra ha respondido. Ha dado la cara y ha lanzado el zapato.

Que cunda el ejemplo.



Tres contra el estereotipo

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El anterior post ha dado lugar a comentarios jugosos. Varios de ellos se concentran, de una manera u otra, directa o indirectamente, en la crítica a los estereotipos nacionales, o al menos eso me ha parecido. Puede llegar a ser tarea ingrata esta de seleccionar entre textos disímiles, pero igual cabe arriesgarse. A continuación tres comentarios que supongo pueden resumirse en este post:

F. Hebra: El pensador vulnerable

"El que mucho abarca, poco aprieta". Este refrán popular es demoledor si leemos a Martí, pensador y poeta particularmente vulnerable a ser usado por el moralista de turno. Él mismo, con su tendencia a moralizar y opinar sobre todo, sirvió en bandeja de plata su obra a los oportunistas de siempre.

Hoy también yo descubrí el nuevo slogan de que habla el Chico del Este (“el trabajo nutre, la pereza encoleriza y enloquece”). No creo que haya sido inventado por el Comité Central, debe estar perdido en algún escrito de ese gran hombre lleno de buenas intenciones.

No sé, pero eso de que la pereza enloquece y encoleriza me recuerda cosas como que "la masturbación provoca acné", o a los seguidores ortodoxos de la Biblia, esos que insisten en que el mundo se hizo en una semana y que una costilla puede convertirse en tu pareja sexual.

Acepto los malabarismos lingüísticos y la oportunidad de sacar ideas fuera de contexto, pero la solidez de un pensador también se mide por la vulnerabilidad que tenga a ser usado tan descaradamente por el oportunista del momento.

Joe Julian Gómez: De espaldas a Occidente

También las elites son parte del choteo, y los que están conscientes de esto lo asumen, porque además somos un país gregario, incluyendo a sus "elites". Léase el artículo de Carlos Alberto Montaner sobre las huellas morales de la revolución cubana.

Desgraciadamente en Cuba no germinan las convicciones, entre otras cosas, por ser el nuestro un pueblo sin verdadero arraigo religioso, tal como lo es el polaco, por citar un ejemplo. La santería no es una religión que unifique a un pueblo para luchar contra una dictadura, pues carece de un código ético y, más bien, lo que hace es fomentar la división y la desconfianza entre las personas. Nuestros valores éticos y morales ya no son los de la civilización de la que deberíamos formar parte: Occidente. En Cuba predomina una subcultura y las supuestas elites son sus apologistas.

Isabel Guerrero: El Partido Diversionista

Hablando de gozadera. Mi tesis es que la revolución fue traicionada no por lo que se ha dicho hasta ahora, sino porque en lugar de asumir las esencias de lo cubano se transformó en una burocracia al estilo soviético, represora y conservadora a más no poder. Yo y varias amigas y amigos pensamos que el camino para hacer la verdadera revolución cubana, que barra con lo foráneo y asuma nuestra verdadera naturaleza cultural, es fundar un partido de la gozadera. Le hemos llamado, provisionalmente, Partido Diversionista (derivado de diversión), y nuestras bases pasan por una reestructuración de las prioridades nacionales.

Creemos firmemente que el futuro cubano pasa por gozar, sin caer en la indisciplina colectiva y con mucha responsabilidad, de nuestras playas, nuestra música, nuestros hombres y mujeres, nuestro ritmo, nuestros bailes, nuestros juegos, nuestras ridiculeces, etcétera. Esa es la prioridad. Una economía basada en la gozadera. ¡Cuba es un producto cultural de primer nivel!

Se aceptan sugerencias. De hecho, la presidencia aún no está constituida, así que los aspirantes a presidir el partido, o formar parte de la membresía, pueden escribirnos a:

partidodiversionista@rocketmail.com

Ilustra este post José Martí y la niña de Guatemala, del pintor Pedro Ramón López



¿Máscara o rostro? ¿Esa Cuba no será realmente Cuba?

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La gran pregunta que nos hacemos los cubanos exiliados desde hace ya un tiempo, y en general los interesados en la problemática cubana, creo que ya no es aquella de “¿por qué no se cae el castrismo?”, y ni siquiera esta otra de “¿cuándo se caerá el castrismo?”, sino más bien una estremecedora: ¿Será que la mayoría de la población cubana se merece, y hasta acepta como mal menor, el sistema imperante?

Concuerdo con aquellos que piensan que, a diferencia de los países del este europeo, en los que la antigua Unión Soviética avivaba, involuntariamente, un nacionalismo liberador, el caso cubano es inversamente proporcional: a los castristas y neo-castristas –que en definitiva son los que tienen voz en Cuba- Estados Unidos les aviva un nacionalismo proteccionista. Si a ello añadimos el hecho de que la dictadura, tras cincuenta años de totalitarismo, ha engendrado un hombre nuevo relativista, políticamente analfabeto, vegetativo, cumbanchero, incapaz de discrepar o romper abiertamente con el régimen, se entiende mejor por qué la bomba de tiempo no acaba de explotar.

A continuación dos textos recientes de Enrique del Risco y Denis Fortún en sus respectivos blogs, en los que la tercera pregunta formulada arriba, directa o indirectamente, vuelve a salir a flote. Adicionalmente, incluyo al final un fragmento de un viejo artículo en el que abordo el tema desde la hipótesis pos-fidelista.

Enrique del Risco en su blog: Y si…

Cuando veo en Cuba tanta gente comprometida sentimentalmente con eso que llaman Revolución, acostumbrada a confundir ésta con la Patria, cuando veo a tantos acomodarse a lo que otros denunciamos como la Opresión y nos piden que la aceptemos en nombre de la tolerancia, la convivencia pacífica y el patriotismo, me pregunto si desde el Exilio no habremos perdido contacto con la Realidad Cubana. ¿Y si los cubanos como pueblo temen más al futuro de lo que abominan este presente interminable? ¿Y si después de 50 años no hallaran sosiego sin ese padrastro abusivo que es el castrismo? ¿Y si no fueran capaces de reconocer al país más que en su cuerpo amoratado, en esas ruinas tan seductoras de un tiempo a esta parte? ¿Y si tanta moral doble se ha convertido en convicción, tanta máscara en rostro real? ¿Y si Cuba ha encontrado su equilibrio definitivo entre la miseria y el miedo? ¿Y si nos estamos entrometiendo en una armonía sobre la que los que se quedaron, después de todo, tienen la última palabra? No son preguntas retóricas. Al menos no para mí. No ahora mismo.

Denis Fortún en su blog: Hay nostalgias que merecen palos

Conozco a una escritora –no digo su nombre por respeto a su timidez- que publicó hace ya buen tiempo un excelente cuento sobre la nostalgia de los que se fueron de Cuba. Lo inusual es que la historia no se refiere al recuerdo de lo dejado atrás por nuestros padres, quienes celebran en Miami cada año, como homenaje a la fundación de la República el día 20 de mayo de 1902, una exposición con ventas de productos cubanos –manufacturados aquí una gran mayoría- que alimentan la eterna melancolía por lo criollo.

Lo novedoso de esta narración es que nos presenta una posible y extravagante añoranza que pudiese asistirle a los nacidos luego de 1959. Yo reconozco que el cuento, cuando lo leí en El Ateje, me provocó un raro estupor, al descubrir que “esos recuerdos” para muchos se resumen en las escuelas al campo y los desayunos con una leche saborizada a humo y leña; los inseparables “tres mosqueteros” integrados por el aguado chícharo con granos como balines en medio de un "caldejo" insaboro e irreconocible, arroz blanco y un huevo hervido –en una época de aparente abundancia-; los muñequitos rusos con Tusha Cutusha y Tio Stiopa a la vanguardia; Elpidio Valdés y Carburo; el “De Pie” de los becados en Habana Campo con el horrible programa Habana 19; las incontables y estériles tareas que debíamos cumplir; o cualquier otra de las tantas cosas, innumerables por espacio y extensión, con las que crecimos en medio de una realidad socialista enrevesada y demagógica.

Sin embargo, a pesar de quienes disfrutan aquí de un buen potaje de chícharos “con todos los hierros” o le piden a la esposa les haga un arrocito blanco con huevos fritos y una tajada de aguacate sólo por puro antojo, no creí posible hasta hoy que esa “nostalgia” llegase al sur de la Florida de manera tangible. He visto por televisión que en Miami existe un club de motociclistas cuya premisa fundamental, para pertenecer, es ser propietario de una moto marca MZ fabricada en la otrora Alemania socialista; o un pequeño y ensordecedor engendro soviético conocido en Cuba como Karpati, todos en perfecto estado de conservación y explotación y reparados la mayoría con piezas traídas desde la Isla. Sin dudas esto genera una buena cantidad de preguntas que, por lo menos para mí, ahora carecen de respuestas simples. Es más, creo es tarea para sociólogos y psicólogos que se tomen en serio el acto de desenmarañar ese impredecible y morboso comportamiento que tenemos.

Armando Añel: Arroz con mango

Probablemente, el castrismo se encamina hacia un modelo hibrido, una suerte de empanada pos-fidelista en la que el pan del modelo chino prensaría el embutido bolivariano. Un modelo ineficiente si se le compara con el sistema asiático, aunque no al extremo de reproducir la vorágine chavista. Un modelo apuntalado por el ejército, la apatía social y la corrupción generalizada, en la que un empresariado emergente y mediatizado por la elite política –procedente, en buena medida, del estamento militar- funcionaría como un espacio de autogestión para la economía cubana.

A la sombra del modelo hibrido todo es posible. Tiananmen y el récord de mayor cantidad de cibernautas por país. Hong Kong y las políticas de manipulación demográfica. La cotorra del payaso y el espadón de Bolívar. La marea negra de las camisas rojas y el whisky sobre las rocas. O, ya en la cuerda nacional, el duelo entre los silencios del general y las reflexiones del comandante. Porque lo que se intenta es recrear un espacio brumoso, proclive a la especulación y al chantaje institucional, en el que el trapichero será más trapichero, el bailarín más bailarín, el oportunista más oportunista, el delator más delator. Un espacio diseñado para camuflar las veleidades totalitarias de la vieja guardia con la esperanza inducida de un inminente cambio de régimen, o de su mutación en algo ligeramente semejante.

De ahora en adelante todo será menos nítido, más embrollado y contradictorio, porque en la olla pos-fidelista se cuecen toda clase de ingredientes: herederas protectoras de transexuales, homosexuales dirigentes, dirigentes periodistas, generales empresarios, empresarios herederos… El arroz con mango de una elite desvergonzada, inmersa en el conteo regresivo de su ineptitud. O el relativismo propiciatorio de un pueblo disuelto en agua, entregado a los compases de su musicalísima indiferencia.



La nota de la vedette

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El vedetismo es tradición en Cuba. Y en esa tradición, a nivel político, Fidel Castro no tiene contrincante.

¿Quién se atreve a negar rotundamente que el autismo con que “el máximo líder” ha celebrado el cincuenta aniversario de su régimen no es más que un exabrupto de la vedette? No es cuestión de enfermedad, o no sólo, debería sospecharse. Se trata del enésimo capítulo de la comedia de suspense en la que se ha convertido “la revolución cubana”.

“Vestido de verde olivo, su hijo, Fidel Castro Díaz-Balart, de 59 años, fue quien encabezó la caravana que recorrió las calles de la capital para recordar la que hace 50 años entró en La Habana. Junto al primogénito de Fidel Castro, iban la voleibolista Regla Torres y el meteorólogo José Rubiera”, reportó AFP. ¿No parece todo esto consecuencia de una de las pataletas del pésimo humorista que es Fidel Castro?

En cualquier caso el vedetismo es también, entre las elites cubanas, una forma de expresión artística. No en balde cargan sobre sus hombros la herencia árabe y española, culturas en las que la autoestima personal -o la falta de autoestima- alcanza, a ratos, alturas desproporcionadas, y en las que la erótica de la representación juega un papel determinante. Elementos que, elaborados culturalmente, desembocan en la vedette.

La vedette necesita escenario, público y considerable atención. Y cuando no los tiene puede recurrir a las cabriolas más insospechadas. Sospecho, tenazmente, que la desaparición mediática del comandante en fecha tan señalada como el cincuenta aniversario de su régimen no es únicamente consecuencia de su condición física. A la vedette alguien, o algunos, no le han prestado suficiente atención, o hecho demasiado caso. Y ella no podía dejar de dar la nota.



Montaner: Lo que Obama debe lograr en Cuba

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un artículo de Carlos Alberto Montaner

Poco antes de su discurso del 1 de enero, profundamente antiamericano, Raúl Castro, entonces en Brasil, insistió públicamente en su deseo de hablar con el presidente Obama. ¿Por qué? ¿Qué se propone? Tiene tres objetivos en la manga: acceder a créditos blandos para importar productos americanos, pese a la bien ganada fama de insolvente que padece el gobierno; atraer a cientos de miles de turistas estadounidenses, y la excarcelación de cinco de los catorce espías cubanos capturados en 1999 por el FBI. (Nueve de ellos se declararon culpables, pactaron con jueces y fiscales, recibieron condenas muy leves y ya están discretamente integrados en el mundo americano).

Con los dos primeros objetivos alcanzados, Raúl Castro liquidaría prácticamente lo que queda del embargo. Con el tercero, contentaría a Fidel Castro, quien está empecinado en no morirse hasta que no regresen a Cuba sus agentes más ''duros''. Naturalmente, pese al clamor general en demanda de cambios políticos profundos, ni Fidel ni Raúl piensan abrir los márgenes de participación de la sociedad cubana. Se proponen mantener un Estado comunista de partido único y ausencia total de libertades. Por eso es tan acertada la crítica reciente de Pablo Milanés: el cantautor no espera nada de esa esclerótica dirigencia.

El señor Obama tampoco debe hacerse ilusiones con relación a Cuba. Diez presidentes antes que él han tenido conflictos con el régimen de los hermanos Castro. Sin embargo, es probable que durante sus primeros cuatro años de gobierno las cosas comiencen a modificarse dentro de la isla. El punto de partida de esos cambios pudiera ser la muerte de Fidel Castro, quien agoniza lentamente desde el verano del 2006. Se sabe que la mayor parte de la estructura de poder quisiera una reforma profunda, pero el viejo comandante, tercamente estalinista, lo impide.

Esta observación es importante: mientras Fidel Castro viva, cualquier concesión significativa que el gobierno de Obama le haga a La Habana es contraproducente. Será interpretada como ''Fidel Castro tiene razón y no hay que hacer ningún cambio sustancial a nuestro modelo totalitario''. Sin embargo, en el momento en que desaparezca (y tal vez no le quede mucho tiempo) Washington debe hacer un gesto de buena voluntad, incluso a Raúl Castro, como una señal de aliento a las fuerzas reformistas, con el mensaje explícito de que Estados Unidos está dispuesto a ayudar generosamente a los cubanos para transformar el país en una democracia pacífica y razonablemente próspera.

Para el gobierno de Obama ése debe ser el objetivo: el cambio pacífico de Cuba en una democracia estable, con libertades y respeto por los derechos humanos, dotada de un aparato productivo que les permita a los cubanos vivir en su país sin tener que emigrar ilegalmente a Estados Unidos. Una nación semejante a Costa Rica, con buenas relaciones con sus vecinos y con Estados Unidos, que, lejos de expulsar a su población por falta de oportunidades, sea capaz de absorber a los millares de exiliados que regresarían a Cuba si las condiciones de vida fueran aceptables.

El establecimiento de ese objetivo conduce a descartar cualquier tentación de pactar en Cuba con una tiranía como la china o la vietnamita, con una cleptocracia como la que hay en Rusia, o con una dictadura militar. Eso solamente aplaza el problema, no lo resuelve. Durante casi todo el siglo XX Estados Unidos jugó la carta de ''our s.o.b.'', y le dio un pésimo resultado. Washington quedó totalmente desacreditado por predicar la democracia y proteger las dictaduras. Tras Somoza, vinieron los sandinistas. Después de Batista llegó el comunismo a Cuba. No tiene sentido revivir esa estrategia en el postcastrismo.

¿Qué puede hacer Obama para estimular los cambios?

Hay varias medidas: reducir gradualmente las sanciones económicas si la dictadura excarcela presos políticos o alivia la presión sobre los disidentes, elevar el rango de la representación diplomática a la categoría de embajada, facilitar los intercambios deportivos y académicos. Pero ante cualquier iniciativa que se tome Washington debe plantearse siempre una pregunta clave: ¿impulsa a los cubanos hacia la democracia y hacia la apertura económica o contribuye a consolidar en el poder a una oligarquía autoritaria que se reparte abusivamente las rentas del país? Ese es el litmus test. Si es lo segundo, no vale la pena intentarlo.

Cortesíahttp://www.firmaspress.com



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Autor: Armando Añel

Armando Añel

Escritor, periodista y editor. Reside en Miami, Florida.
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