Actualizado: 14/06/2021 10:41
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Educación

Universalización de la mediocridad

Cifras y más cifras de graduados universitarios; pero, ¿con cuáles métodos y a qué precio?

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Adelaida exhibe su flamante "título de oro" que la acredita como licenciada en Derecho por la Universidad de Oriente. Nunca se imaginó que desde Chivirico, un pueblecito a orillas de la Sierra Maestra, podría alcanzar tal escaño. Mucho menos intenta responder cuáles son las llamadas "cuestiones de competencia" de la Ley de Procedimiento Penal. "¿Eso es de competencia deportiva, mi'jito? ¿Y yo qué tengo que ver con el deporte?".

Más al norte, en el poblado granmense de Jiguaní, decenas de jóvenes ya son licenciados en Estudios Socioculturales. Y en Media Luna deambulan por sus calles más de sesenta licenciados en Cultura Física.

El municipio de Imías está situado a más de ochenta kilómetros de la ciudad de Guantánamo, sin embargo, los matriculados en la llamada "universalización de la enseñanza" vencen sus estudios universitarios sin viajar hasta la sede del Instituto Superior Pedagógico. Ahora son licenciados en Educación.

A punto de recibirse, en su trabajo de diploma, María S. tomó un consejo de su tutor: "no se escribe feudo-república, sino pseudo-república". Se trata de un "profundo análisis sobre la evolución de la enseñanza cubana desde los tiempos de la Neocolonia hasta nuestros días", según reza el dictamen técnico de la investigación.

Ejemplos más, ejemplos menos, lo cierto es que en cualquier rincón del país existe un "aula universitaria"; los profesores pueden ser desde un bodeguero que imparte Gramática, un médico que de pronto es especialista en Derecho Romano, o un geógrafo que enseña Psicología Social.

La prensa oficial lo ha destacado en titulares: "Se acaban de graduar 76.000 nuevos profesionales en la Isla, lo que constituye una cifra sin precedentes".

Seis años atrás llegó el programa, que primeramente se llamó "municipalización" y luego adoptó el nombre más pretencioso de "universalización de la enseñanza". Su precursor fue Fidel Castro. En sus declaraciones de entonces, coincidía con sus predilectos ministros Gómez y Vecino en que la universidad tenía que viajar hasta todos los rincones de la Isla. En el trayecto no se previó la falta de espacio para el talento.

Calidad venida a menos

"No tiene nada que ver la universidad de hoy en día con aquella en la que estudiamos nosotros", explica Mario, un abogado que ahora funge como instructor en el plan de la universalización de la enseñanza. "Tengo alumnos que no saben nada, pero tenemos que promoverlos, todo en función de los planes".

El fenómeno tocó a las puertas de los más reacios defensores de métodos más tradicionales de enseñanza. Desde sus cátedras, en los diferentes Institutos Pedagógicos, se unieron con fuertes críticas al Ministerio de Educación Superior por promover fórmulas demasiado simplistas para la preparación de los instructores "de nuevo tipo".

"Han escogido a cualquiera que tenga un título universitario, le dan un cursito de dos o tres semanas y lo convierten en profesor", comentó a CUBAENCUENTRO.com un docente del Instituto Superior Pedagógico Frank País, de Santiago de Cuba.

"Han querido extender algo que de por sí tiene que ser selectivo, no masivo", concluyó el entrevistado, quien pidió no fuera revelada su identidad.

Por su parte, el Ministerio de Educación Superior (MES) respondió con oídos sordos al reclamo de los docentes. "Como la idea surgió de Fidel (Castro), había que ejecutarla de cualquier manera, pero ya estamos pagando las consecuencias", declaró un antiguo profesor de la Universidad de Oriente.

"Lo que más me preocupa no son los miles de nuevos economistas que no saben cuánto es dos más dos, sino los médicos que se están graduando, que no saben cómo tomarte la presión sanguínea". Así piensa Martha, una vecina del municipio Julio Antonio Mella, en la frontera entre Santiago y Holguín. "Imagínate que en el policlínico de aquí están estudiando esos muchachos, y no tienen ni jeringuillas para practicar", concluyó.

La tarea de la discordia

Luego del cierre forzoso de decenas de centrales azucareros en el país, también Fidel Castro tuvo otra de sus brillantes ideas, esta vez bajo el nombre de "Tarea Álvaro Reinoso".

Resulta normal ver pasear por los senderos universitarios a miles de antiguos operarios agrarios y fabriles, sin importar su edad ni las aptitudes. El objetivo principal es encubrir la enorme crisis en que cayó la producción de azúcar. Durante cinco cursos, a razón de media jornada semanal, los nuevos universitarios se gradúan en las más variadas carreras universitarias, que van desde licenciatura en Economía hasta Ingeniería Industrial.

Un profesor de matemáticas subraya con énfasis: "Cuando comencé fue traumático, expliqué una fórmula en la pizarra y nadie entendió nada. Pensé que no estaba utilizando los métodos correctos, pero un alumno me explicó que ellos eran soldadores y paileros, no científicos".

Aunque provoque risa a los mismísimos especialistas de la UNESCO, este caso no es aislado. "Lo más triste es que cuando yo estudié teníamos que quemarnos las pestañas para aprobar, ahora no puedes dejar a ningún alumno en el camino. Al final, reciben un título igualito al que nos dieron a los que realmente estudiamos hace veinte años", concluye el docente.

Universalización, microuniversidades, universidad para todos, tareas, universidad del adulto mayor, planes, municipalización, reorientación profesional… La enseñanza universitaria cubana ha caído en el mismo saco roto de los cálculos ficticios y demagógicos con los que se valoran aquí el Producto Interno Bruto, el índice de desempleo, y otros tantos otros parámetros, que al final parecen ser un chiste más del complejo y tonto empeño por esconder una mentira que flamea a cielo abierto.


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